Policiales

"Los farmacéuticos que están detenidos me mandaron a matar"

El abogado penalista Alberto Tortajada acusó a dos comerciantes, padre e hijo, que son investigados por una serie de atentados violentos a competidores del sector farmacéutico.

Lunes 01 de Septiembre de 2014

Una tarde de septiembre de hace casi dos años un hombre que había pedido una cita por teléfono con el penalista Alberto Tortajada se encontró con él en la puerta del edificio donde tiene su estudio jurídico, frente a los Tribunales provinciales, y le pegó cuatro tiros desde un metro de distancia. Este individuo, Pablo Andrés Peralta, está preso desde hace 18 meses acusado de ser un asesino a sueldo, procesado por el ataque al abogado y asimismo por el asesinato del policía Carlos Dolce, ejecutado de un disparo en la cabeza el 5 de febrero del año pasado en pleno centro.

El abogado de 73 años, con medio siglo como penalista, fue herido en un brazo, un antebrazo y un omóplato. Luego de ser operado se recuperó, más allá de que le quedó una secuela por la cual no puede escribir a máquina.

El día que le dispararon, desde la ambulancia que lo llevaba al Heca, Tortajada le murmuró a una abogada de su estudio: "Nena, lo que más me preocupa de esto es que no sé de dónde viene". Más que la acción del sicario le intrigaba quiénes y por qué lo habían mandado.

Poco tiempo después las explicaciones de lo ocurrido empezarían a esbozarse. Un informe presentado hace trece meses situaba este hecho como uno de los atentados entrelazados contra personas vinculadas al mundo farmacéutico, en una disputa comercial del sector.

Instigadores. Hace una semana la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas indagó a dos ex propietarios de farmacias, José Antonio I. y su hijo Juan Pablo I., a quienes atribuyó ser los instigadores del atentado homicida contra el abogado. Ambos eran propietarios de tres farmacias céntricas. Una de ellas, ubicada en San Juan 1784, era de una farmacéutica que tuvo un conflicto comercial con el mayor de los detenidos. Tortajada era el representante legal de esa mujer.

—¿Recuerda detalles de cómo fue el día que le dispararon?

—El recuerdo lo tengo nítido. En especial el instante en que advierto la agresión y los tiros. Una cosa de la que no puedo olvidarme es de la mirada de la persona que me disparó.

—¿Cómo era esa mirada?

—Una mirada fría y penetrante. Hasta hace unos veinte años me gustaba la cacería, aunque nunca maté animales porque sí. Ibamos habitualmente de caza con amigos. Lo más importante eran las tertulias con ellos y no las piezas que pudiéramos cobrarnos. Pero llegó un momento en que me sabía mal tirarle a un animal y abandoné esa costumbre. No dejo de imaginar si tan feo es dispararle a un animal lo que debe ser contra una persona. Lo que percibí ese día fue una tremenda frialdad de ese hombre joven con el que minutos antes había tenido una corta conversación. Un colega que tiene muchas canas llegó al edificio unos minutos antes que yo y este hombre le preguntó si él era Tortajada. El colega contestó que no. Si le hacía un chiste y le decía que sí, ¿qué habría pasado? Siempre me lo pregunto.

—¿Pensó que se moría?

—No. Cuando llegó la ambulancia una señora se cayó en la vereda de enfrente impresionada por lo que pasó y yo les pedí a los médicos que la atendieran a ella. Por lo que yo me veía con posibilidad de aguantar. Desgraciadamente la mujer falleció.

—A su agresor se le trabó el arma y no pudo seguir disparando. ¿Usted recuerda eso?

—Perfectamente. Imagino que me vaciaba el cargador. Lo tenía a un metro mío con el pie sosteniendo la puerta del palier para que no se le cerrara de manera de poder huir, porque la puerta del edificio requiere llave desde adentro para salir. No tenía forma de fallar.

—¿Cuánto tardó en darse cuenta de cuál era el origen del ataque?

—Demoré un poco. No podía pensar que venía de estos inversores de farmacias porque no había ningún motivo razonable que lo justificara. Ni siquiera había actividad judicial contra esta gente. Yo había hablado con el abogado de ellos, a quien veo todos los días, para que arreglaran el problema de Celia, mi cliente. Ella es una farmacéutica matriculada en la farmacia de estas personas y por una serie de operaciones comerciales desacertadas de ellos su patrimonio fue embargado. Me puso al tanto de la situación y yo le mandé decir a los dueños que si no arreglaban el problema de Celia les iba a hacer cerrar la farmacia. Eso es todo el motivante. Tal vez fue un exceso mío. Pero no tiene ninguna congruencia con lo que vino después.

—¿Tuvo usted trato personal en el pasado con estas personas detenidas como ideólogas de su atentado?

—Jamás las conocí. No las vi nunca.

—Usted hizo un reconocimiento de la persona que está procesada por tirarle. ¿Qué recuerda de ese acto?

—Me crucé con la misma mirada. Fue a la rueda prácticamente disfrazado pero lo reconocí de manera inequívoca en un segundo. De esa mirada no me olvido.

—Estas mismas personas aparecen como ideólogos de ataques muy violentos. ¿Qué conclusión saca usted?

—Estimo que a mí me tiraron a matar. En otros casos no quisieron matar pero fueron muy agresivos porque la finalidad era eliminar a sus víctimas como competidores comerciales. El propósito era crear temor y lo lograron con creces. Cuando sintieron peligrar sus posiciones comerciales no dudaron en emplear una violencia extrema. Uno ve una uniformidad de procederes ligados a lo mismo. Un farmacéutico de calle Sarmiento al 600 (Daniel D. B.) fue atacado con ferocidad porque una protesta de él impidió la apertura de una farmacia de estas personas ahora presas. Y a otro farmacéutico que si lo autorizaron a abrir una en la misma zona que ellos sufrió dos ataques.

—Usted reconoció a la persona que le tiró. Pero le queda alguna duda respecto de quien...

—(Interrumpiendo) No tengo ninguna duda de que los autores intelectuales son estos dos farmacéuticos, padre e hijo, detenidos ahora. Mandaron al hombre que me disparó. Ningún análisis me conduce a otro lado. La construcción de la acusación es determinante. Son muchos casos en los que hay indicios convergentes de la responsabilidad de estas personas.

—¿Cómo analiza el trámite judicial que ha tenido este caso complejo?

—Ha sido lento. Para mí fue muy efectivo para mi el trabajo de la Fiscalía NN que desentrañó el ataque y lo entrelazó con otros hechos semejantes de manera lógica y con evidencia a mi criterio bien fundamentada. Valoro también la actuación de la fiscal de grado. El tribunal ha tenido reticencias para llamar a indagatoria a los acusados pese a que los elementos reunidos en su contra son claros, concretos y concordantes. Si la Justicia se maneja como se tiene manejar, sin ser dadivosa para ninguna de las partes, entiendo que vamos a llegar a una sentencia condenatoria.

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