Domingo 20 de Septiembre de 2009
Tal vez no sea el hecho más redituable para la crónica policial, ya que sucede rápidamente y muchas veces no es denunciado, pero el arrebato hiere a la víctima tanto en el orgullo como en lo económico. Habitualmente las perjudicadas son mujeres que, en un abrir y cerrar de ojos, ven esfumarse sus carteras y todas sus pertenencias. Pero en los últimos tiempos los maleantes parecen haber elegido otro blanco: los reporteros gráficos. Al menos cuatro fotógrafos fueron víctimas de este tipo de episodios perdiendo en un instante sus herramientas de trabajo. El último caso ocurrió el viernes a la tarde en Monteagudo y Junín, a las puertas del shopping Alto Rosario, donde un empleado de La Capital perdió su equipo a mano de dos ladrones que se movilizaban en una moto tipo scooter color celeste. Los ladrones lo golpearon en el rostro y le arrebataron la máquina. Luego huyeron por Junín haciendo zig-zag entre autos y colectivos. “Los arrebatos son muy difíciles de prevenir y suceden en toda la ciudad. En esa jurisdicción —barrio Refinería, jurisdicción de la comisaría 8ª— hay un promedio de entre 7 y 8 por semana”, indicó una fuente policial.
Modo repetido. En arrebatos como el que fue víctima el fotógrafo Francisco Pancho Guillen hay un
patrón o modus operandi en el que la dupla delictiva lleva todas las de ganar. Tienen a su favor el
factor sorpresa. Por lo general utilizan una moto, o en el peor de los casos bicicletas, que les
permite escabullirse rápidamente entre otros vehículos. O bien tomar calles en contramano o subirse
a la vereda para agilizar la fuga. Todo el hecho no dura más de un minuto. Esta vez fue un equipo
fotográfico, pero bien pudo ser una cartera, un bolso o una mochila.
“Estaba trabajando preparándome para hacer unas tomas encargadas
por el diario y me pegaron un fuerte cachetazo en la cara, como para atontarme, que me rompió los
anteojos. Después me sacaron el equipo y se subieron a la moto. Huyeron como locos por Junín
haciendo zig-zag entre autos y colectivos”, relató el fotoperiodista víctima del robo
ocurrido a dos cuadras de la seccional 8ª y a pocos metros del acceso al Alto Rosario. “Los
vecinos de la zona me contaron que esos arrebatos son normales en la zona”, explicó.
En los últimos cinco meses una decena de fotoperiodistas o fotógrafos
sociales fueron blanco de los arrebatadores o ladrones en motos en puntos tan distantes de la
ciudad como los parques Independencia, España, los Silos Davis, Fisherton, Refinería y el centro de
la ciudad. Algunos quedaron en grado de tentativa y otros se concretaron como el de Guillen.
Para la foto. El lunes 4 de mayo Sebastián Granatta trabajaba con su cámara Nikon D-200 en
inmediaciones de la sede del Arzobispado, Córdoba entre Italia y España. A las 12.50 una moto entró
en contramano por Córdoba y el acompañante se colgó de la correa con la que el fotógrafo sujetaba
su cámara. “La agarré bien y me arrastró como 3 metros”, rememoró el fotoperiodista.
“Me trabé en un cantero, se la forcejeé y la tuvo que largar”, comentó.
Hace dos semanas, el viernes 4 de septiembre, el fotógrafo Alejandro
Guerrero sufrió un hecho similar mientras trabajaba a las 17, en Rioja y España para el diario El
Ciudadano. También se aferró a su cámara y los maleantes en moto lo arrastraron unos metros hasta
que debieron soltar su botín.
Diez días atrás el fotógrafo de sociales Daniel L. denunció públicamente
que tanto él como sus pares son blancos del robo de sus equipos en la zona del parque Independencia
y otros espacios verdes de Rosario, donde novias y quinceañeras suelen retratarse. “Hace tres
semanas le robaron el equipo completo a mi hermano. Hace dos semanas me pasó a mí y pude salvar
parte del equipo, y el sábado pasado le robaron a un colega de Villa Gobernador Gálvez un equipo
muy grande y costoso”, indicó.
Un par de mese atrás, en tanto, otro fotógrafo de La Capital,
Daniel Carrizo, también fue víctima de un hecho similar. Fue frente al shopping Portal Rosario y
logró recuperar su equipo tras perseguir con su vehículo a los ladrones. l