Policiales

Lo retienen encapuchado en un auto y le roban de su casa todos sus ahorros

"Esto fue una batida", afirmó Rosa T., la esposa de un hombre de 63 años que fue retenido y encapuchado frente a su casa del barrio Azcuénaga mientras un grupo de ladrones saqueaban su propiedad.

Martes 01 de Abril de 2014

"Esto fue una batida", afirmó Rosa T., la esposa de un hombre de 63 años que fue retenido y encapuchado en un auto frente a su casa del barrio Azcuénaga mientras un grupo de ladrones saqueaban su propiedad. Los asaltantes recogieron un valioso botín que incluyó 70 mil pesos, 30 mil dólares y artículos electrónicos y se marcharon con el dueño de casa en el vehículo en el que habían llegado.

La odisea de Ricardo C., marido de Rosa, terminó cuando fue obligado a arrojarse en una zanja de esa barriada. Obnubilado, se despojó de la capucha y acudió en un taxi a buscar a su esposa —que no se encontraba en la casa en el momento del atraco— para contarle el trance que había vivido y denunciar el episodio en la comisaría 14ª.

La emboscada. La pesadilla para Ricardo C. comenzó cerca de la 1.30 de ayer luego de que el dueño de casa dejara su auto en una cochera cercana a su casa de Rouillón al 900 B (a la altura de Mendoza al 5700). Recorrió caminando las pocas cuadras que lo separaban de su vivienda y, cuando estaba a punto de ingresar a la casa, fue emboscado por tres hombres armados que aparecieron por San Luis.

Los movimientos de los malhechores fueron ejecutados con tanta rapidez que el dueño de casa no pudo esbozar la menor resistencia. Quedó a merced de ellos.

"Uno de los tipos le puso una bolsa de consorcio en la cabeza y lo obligaron a caminar unos pasos con ellos. En ese momento mi marido escuchó que un auto se detuvo", explicó Rosa T.

En escasos segundos, Ricardo C. fue introducido en el vehículo de los maleantes. Una vez allí, fue maniatado con precintos plásticos. En esa situación escuchó una orden de alguien que le apoyaba el caño de un revólver en el pecho: "Dame la llave de tu casa". El hombre, que es empleado de un comercio, no opuso reparos y se la entregó.

Tres de los ladrones entraron entonces a su casa para concretar la tarea delictiva mientras el trabajador mercantil permanecía en el auto custodiado por otro malhechor.

Casa tomada. Angustiado, soportó que el asaltante le robara el reloj, el teléfono celular y una carterita con la documentación de su auto. Casi al mismo tiempo, los otros delincuentes recorrían la propiedad en búsqueda de elementos de valor.

Sin obstáculos a la vista, los intrusos vaciaron el inmueble. Recogieron un televisor, artículos electrónicos, una computadora portátil y alhajas.

También se llevaron lo que más afectó a nivel económico a Rosa y su esposo: 70 mil pesos y 30 mil dólares que el matrimonio había ahorrado durante los últimos años.

Mientras esto ocurría, Ricardo C. permanecía privado de su libertad y quería que todo terminara cuanto antes. Transcurrido un tiempo que el hombre asaltado no pudo precisar, aunque le pareció eterno, los intrusos acabaron de cargar los elementos sustraídos en el auto en el que habían llegado y se marcharon.

Tal vez Ricardo C. creyó que todo había terminado pero su presunción resultó equivocada. Los malhechores se esfumaron en el vehículo con el hombre asaltado a bordo. Recorrieron algunas cuadras y cuando llegaron a la esquina de Liniers y Riobamba detuvieron la marcha.

"Tirate del auto". En ese momento, el dueño de casa escuchó una nueva y perturbadora orden: "Tirate del auto". Atribulado, en un primer momento, no supo qué hacer. "No sabía si se tenía que bajarse o tirarse literalmente", explicó la mujer .

El hombre se arrojó sin poder ver el sitio donde podía caer. Recién cuando sintió el cuerpo mojado se percató de que había terminado en una zanja. En ese momento, se sacó la capucha, pero ya los ladrones habían desaparecido con lo acumulado por el esfuerzo familiar de toda su vida.

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