Lo condenaron por incinerar a su ex mujer
La historia de maltrato que Rosana Taltabull sufrió por parte de su ex pareja tuvo el final que él, Héctor Enriquez, había anunciado: la mujer fue calcinada viva en una cava de Pérez en junio de 2006.

Jueves 02 de Octubre de 2008

La historia de maltrato que Rosana Taltabull sufrió por parte de su ex pareja tuvo el final que él, Héctor Enriquez, había anunciado: la mujer fue calcinada viva en una cava de Pérez en junio de 2006. Para la Justicia el crimen fue la cruel concreción de las amenazas que ella recibía de su ex concubino, quien fue condenado a 14 años de cárcel.

El juez de Sentencia José María Casas impuso esa pena a Enriquez, de 41 años, quien también deberá indemnizar en 68.760 pesos por daño moral y psicológico a la madre de la víctima. El fallo fue apelado, por lo que aún no es definitivo.

El crimen fue "consecuente con los antecedentes" violentos del imputado hacia la mujer y su decisión de que si ella "no era para él, no lo sería para otro", dice el fallo.

La coartada. Enríquez trabajaba en una compraventa de la zona sudoeste y negó haber asesinado a Rosana. Sólo admitió que la mañana del crimen fue a buscarla en la camioneta de su hermano y que la dejó en la parada del colectivo. La mujer, que era empleada doméstica en la casa de un camarista, ese día no llegó a trabajar. Y él lo hizo cuatro horas más tarde.

La cava donde apareció el cuerpo de Taltabull está ubicada en la zona rural de Pérez, a mil metros al norte del cruce de las rutas 33 y 14, en el camino Prado. Bajo un montículo de cubiertas humeantes, los policías vieron el cuerpo calcinado de la mujer, que conservaba anillos, pulseritas y un reloj. Por esas pertenencias la reconocieron sus familiares.

Excluído. Rosana, de 39 años, vivía con sus tres hijos de 18, 16 y 9 años en Jacarandá al 100, en Cabín 9. Llevaba más de un año separada de Enriquez, sobre quien pesaba una exclusión judicial del hogar por sus antecedentes violentos. Sin embargo, el hombre iba a la casa seguido. La noche anterior se había retirado enojado de allí. Según los familiares, no aceptaba la relación que ella mantenía con otro hombre, un taxista que la iba a buscar al trabajo.

No llegó. El 2 de junio, a las 8.30, el empleador de Rosana llamó a su casa para avisar que no había ido a trabajar. Entonces, una hija de la mujer comenzó a buscarla junto con su tío, un oficial de policía. "Mi papá siempre le decía que si ella no volvía con él la iba a matar", contó la hija de la víctima.

Lo último que se supo de Rosana fue que esa mañana su ex concubino había pasado a buscarla en una camioneta. Por la tarde, tras el hallazgo del cuerpo, el hombre fue demorado y contó que le había pedido prestada a su hermano una pick up para "hacer un flete". Y que fue a la casa de Rosana, tomó con ella unos mates y luego la llevó a la parada del colectivo.

Pero algunos datos de su relato no cerraban. Dijo que dejó a la mujer a las 8.15, cuando ella entraba a trabajar a las 8. Y luego llamó a su trabajo para avisar que llegaría más tarde porque tenía que hacer unos trámites en Tribunales. En ese lapso, para el juez, quedó claro que Enriquez calcinó a la mujer, cuyo reloj se detuvo a las 9.35.

Enriquez no pudo sostener el ardid. Ese día, sus compañeros lo vieron nervioso. Luego de la detención, la policía secuestró la camioneta. En la caja había marcas de haber portado neumáticos y un bidón con restos de combustible. Un detalle que llamó la atención a los policías terminó de incriminarlo: en la ropa tenía impregnadas rosetas idénticas a las que había en el lugar del crimen.