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"Llevo una pesada mochila en mi cabeza", la confesión de un joven que dice ser autor de un crimen ya juzgado

Nicolás Bechelli asegura haber asesinado al trabajador rural Adrián Intilángelo en 2015, un crimen por el que hay dos condenados a perpetua. "Lo maté como a un perro, no me puedo sacar eso de la mente", dijo a este diario

Domingo 19 de Septiembre de 2021

"Hola, me llamo Nicolás Bechelli, tengo 25 años y estoy con una mochila pesada en mi cabeza. Quiero relatar lo que pasó para sacar a dos personas de adentro que no tienen nada que ver con la causa". Así se presentó este muchacho, parado sobre un camino de tierra a las afueras de Pérez, el lugar preciso donde la madrugada del 28 de marzo de 2015 fue asesinado Adrián Fabio Intilángelo, un trabajador rural de 49 años. Por el homicidio hay dos hombres condenados a prisión perpetua y desde octubre pasado este joven dice ser el verdadero autor del crimen. Sin embargo la Justicia, hasta el momento, no acepta revisar el fallo.

"¿Sabés cómo vivo? Alcoholizado y drogado. No me puedo sacar eso de la mente", dice Nicolás en diálogo con La Capital. En su relato aparece reiteradas veces la culpa como una carga en el día a día y la necesidad de que se lo juzgue por el crimen que dice haber cometido. Pero también relata temores que tienen que ver con su actualidad: está en situación de calle y se tuvo que ir del lugar en el que vivía en barrio Ludueña por problemas que dice haber cultivado cuando trabajaba en un búnker. "Acá afuera ya no quiero estar porque tengo muchos quilombitos, tengo muchos enemigos afuera, me pueden matar como un perro como yo maté al viejo", cuenta.

Oficialmente el asesinato de Adrián Fabio Intilángelo se esclareció en una investigación del entonces fiscal Florentino Malaponte que condujo a un juicio oral y público en 2018. En ese entonces el tribunal compuesto por los jueces Mónica Lamperti, Román Lanzón y Rodolfo Zvala condenó a Pablo Spadoni y a Carlos Montenegro a prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por premeditación, criminis causa (por cometerse para tapar otro delito) y agravado por el uso de arma de fuego. Además se les sumó el delito de robo agravado por haber sido concretado en banda.

La Confesión de Nicolás

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La sentencia indica que la madrugada del 28 de marzo de 2015 Intilángelo llegó en su Renault Kangoo a la Avenida de las Américas, un camino rural de Pérez, acompañado por una trabajadora sexual con la que se relacionaba habitualmente. Detrás de ese encuentro hubo un plan común en el que participó esta mujer, Claudia Zorat, quien también fue condenada pero a tres años de prisión condicional por amenazas coactivas calificadas y agravadas por el uso de arma de fuego en calidad de participe necesario. Lo que para la víctima era un encuentro sexual en realidad fue un señuelo para robarle dinero: se hablaba de 100 mil pesos que el hombre tenía en su casa.

Según la investigación de la fiscalía la víctima fue abordada por tres hombres que serían los dos condenados y un tercero que no fue identificado. Lo asesinaron con un disparo en la nuca y otro que le hirió un brazo y el pecho. También lo apuñalaron. Después lo tiraron en una zanja a la vera del camino y se fueron en el vehículo a la casa de la víctima. Luego de robarle sus pertenencias volvieron a un camino rural y prendieron fuego la Kangoo.

La confesión

"Yo no quiero a esas dos personas condenadas. Yo no las conozco. Tengo la conciencia muy pesada, llevo una mochila que no me puedo sacar", cuenta Nicolás parado en el mismo camino rural en el que dice haber asesinado a Intilángelo. Hasta ese lugar llegó guiando con precisión al equipo de La Capital, con el apoyo de los padres de Spadoni, uno de los condenados. Su versión de los hechos la presentó por escrito a la Justicia en octubre de 2020, pero desde la Fiscalía no hubo respuesta. Ante esa situación el abogado de Spadoni, Rodrigo Mazzuchini, pidió a la Corte Suprema que revisara el fallo, pero el procurador Jorge Barraguirre aconsejó juzgar como inadmisible la solicitud.

Ahora Nicolás Bechelli dice no poder convivir con la culpa. Entonces vuelve a relatar su versión, esta vez a la prensa y con la intención de que la Fiscalía por fin lo cite a declarar. "Yo esa noche fui a un cabaret, conocí a Claudia. Se arrimó a mí y me dijo que tenía para hacer un trabajito, que tenía que robarle al viejo", cuenta el joven, que en ese entonces tenía 19 años. "Nos tomamos un remís y nos vinimos para Pérez, ella me indicó el lugar. Me dijo que iba a enganchar a un señor que le pegaba, que lo agarre y le robemos porque tenía 100 mil pesos en la casa", agrega.

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"Yo me encanuté en la oscuridad de la zanja. Cuando vino la Kangoo se frenó ahí. Ella quería que le robe, el tema es que el laburo salió mal. Forcejeamos, se me escapó un tiro y después se me salió otro", continúa el relato de Nicolás. Luego, añade, Intilángelo notó que el ladrón hablaba con la mujer y cayó en la cuenta de que se conocían. Fue entonces que, según Nicolás, la mujer le dijo que lo asegure, es decir que lo rematara. "El viejo cayó ahí, yo lo levanté y lo tiré acá", describe el joven señalando la zanja y asegura: "Lo maté como a un perro".

El relato del muchacho continúa con la huida a bordo de la Kangoo junto con la mujer. Primero, siempre según esta versión, fueron a la casa de Intilángelo, donde no encontraron dinero pero sí se llevaron varias pertenencias. Después fueron a la casa de la mujer, dejaron las cosas y se separaron. "Ella me dijo que iba a vender las cosas y me iba a dar mi parte. Después de esto no la vi nunca más. Cuando veo todo en la televisión desaparezco, me asusté y me fui", cuenta Nicolás.

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Carta manuscrita en la que Nicolás dice autor del crimen de Intilángelo.

Carta manuscrita en la que Nicolás dice autor del crimen de Intilángelo.

"No me presionaron"

El joven entiende como lógicas las preguntas que surgen a partir de su supuesta confesión. ¿Por qué se adjudica un crimen después de tanto tiempo y cuando ya hay una sentencia firme y poco por hacer para revertirla? ¿Lo hace bajo presión o por algún interés? "A mí no me presionaron, no me amenazaron, no me pusieron plata. Yo vine por mi voluntad, porque yo quiero estar donde tengo que estar", asegura. "Hace un par de meses me enteré de todo esto. Yo estaba en la calle, no sabía nada, no veía tele", agrega.

"Yo sé que fuimos Claudia y yo los que hicimos las cosas", dice. Entonces habla de cómo le afecta en el día a día la situación que dice atravesar: "¿Sabés como vivo? Alcoholizado y drogado. No me puedo sacar eso de la mente". Cuenta que ahora está en situación de calle, que hace changas y limpia vidrios. "Para mantener mis vicios. Para comer mangueo en la calle. A la noche salgo a rastrear, robar. Con eso me mantengo", dice y explica que anda solo, que no tiene contacto con su familia.

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"Quiero estar adentro. No voy a estar bien, va a ser una lucha, la voy a tener que pelear. Pero acá afuera ya no quiero estar porque tengo muchos quilombitos. Tengo muchos enemigos afuera, me pueden matar como un perro como yo maté al viejo", dice el muchacho. Entonces da cuenta de que hay algo más que lo preocupa y es su seguridad. Según comenta tuvo problemas con otras personas cuando se dedicaba a la venta de drogas en barrio Ludueña, donde vivía en una casa en Magallanes al 200.

Cree que en prisión estará seguro. Dice saber que el delito que se adjudica podría costarle décadas a la sombra. "A mí no me interesa. Limpio vidrios en una esquina, que me vayan a buscar ahí. Pero no quiero que me agarre la policía, yo prefiero ir y entregarme a Tribunales o Fiscalía", dice.

El procurador no le cree

Para el procurador de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, Jorge Barraguirre, el asesinato de Intilángelo es un hecho juzgado y como tal no puede torcerse por el relato de una persona que dice todo lo contrario a lo que se supone que es el resultado de una investigación. Sin ingresar en suspicacias sobre posibles estrategias de la defensa o las razones que podrían llevar a una persona a adjudicarse un crimen resuelto, Barraguirre consideró que la declaración de Bechelli no es "un hecho que haga evidente que el condenado no cometió el delito".

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"La declaración de Nicolás Bechelli es tan fuerte que modifica toda la evidencia que hizo al esclarecimiento del hecho y a su propia dinámica: de ser un crimen que requirió participación colectiva y preparación pasaría a ser un crimen cometido en solitario. Para evidenciar esa nueva explicación la declaración es, paradójicamente, muy débil e inconsistente", analizó el procurador. Luego explicó que la defensa de Spadoni había apelado la sentencia de primera instancia reconociendo la participación de su cliente bajo el argumento de que no había querido matar sino que tenía otro objetivo.

Luego el procurador consignó contradicciones en el relato de Bechelli, presentado en su momento en una carta escrita por él mismo. Por un lado el muchacho habló de un tiro en la espalda, cuando fue en el cráneo. Lo mismo ocurre con la cantidad de disparos: Bechelli habla de tres, pero el cadáver de Intilángelo tenía dos impactos.

Barraguirre sostiene que un pedido de revisión de este tipo puede avanzar en casos en que "se desmorone o ponga en duda el juicio de responsabilidad penal del condenado". En este caso, dice, no ha ocurrido. Por lo tanto aconsejó rechazar el pedido.

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