Córdoba.— Ormando Munaro tiene 76 años y es un ingenieron aeronáutico
jubilado que pasó muchos años de su vida trabajando en los Estados Unidos. Allí, desempeñándose en
la actividad privada y hasta en la misma Nasa, juntó mucho dinero. Al volver al país y ser una de
las víctimas del corralito financiero impuesto en diciembre de 2001 dejó de confiar en el sistema
bancario argentino y decidió guardar la totalidad de sus ahorros en un lugar muy peculiar: tres
latas de leche en polvo y debajo del tanque de agua de su residencia en el barrio Villa Warcalde de
la capital mediterránea. Sin embargo, no era él el único que sabía que allí había 300 mil dólares.
Y el jueves cuatro delincuentes ingresaron a la casa, maniataron a su esposa y a una empleada
doméstica y se llevaron todo el dinero. "Me partieron al medio", dijo don Ormando.
El fabuloso atraco ocurrió la mañana del jueves en la casa
donde vive Munaro junto a su esposa Amalia, de 73 años. El hombre no estaba en la casa y su mujer
se hallaba en compañía de Jorgelina, una empleada doméstica de 59 años. Ambas mujeres fueron
entonces sorprendidas por cuatro delincuentes armados, tres de ellos encapuchados, que llegaron a
bordo de un auto y una moto.
Amenazadas y maniatadas.Rápidamente y bajo amenazas, ambas mujeres fueron
reducidas y atadas con cables a una cama, mientras los ladrones les exigían la entrega de todo el
dinero que había en la propiedad y les sugirieron un dato que no es menor: les pidieron una
escalera alta.
Según lo revelado por un vocero policial que interviene en
el hecho, mientras la mujer les indicaba que en el escritorio de su marido podían encontrar unos
5.000 pesos, la mucama observó que dos delincuentes se dirigían directamente al techo de la casa
sin esperar a encontrar la escalera.
Allí, debajo del tanque de agua, la banda encontró tres
latas de leche en polvo Nido en cuyo interior la familia guardaba sendos fajos de 100 mil dólares,
dinero que según Munaro pensaban destinar a "inversiones inmobiliarias" y que incluían ahorros de
sus dos hijas residentes en Buenos Aires.
En sólo 10 minutos, los delincuentes se apoderaron de 300
mil dólares, los 5 mil pesos que había en el escritorio y valiosas joyas de oro. Después abordaron
los vehículos en los que habían llegado y huyeron sin que hasta anoche hayan podido ser
detenidos.
Entregador. Pese a que Munaro en principio aseguró que no se explicaba de qué
forma los delincuentes pudieron conocer el lugar exacto en donde había guardado el cuantioso botín,
terminó aceptando la teoría del entregador. Al respecto, reveló que los investigadores pusieron
bajo la lupa al marido de la empleada doméstica, quien recientemente realizó tareas de albañilería
en la vivienda.
"Lo que pasó es que hace poco tiempo acá hubo gente que
trabajó arriba, en el techo", donde existe "una puertita" en la base del tanque de agua y
"seguramente miró las latas", relató Munaro. Y dijo que cuando decidió esconder el dinero allí lo
hizo "de madrugada para que ningún vecino viera" lo que hacía.
Respecto de la investigación, ayer trascendió que todos los
ambientes de la casa por donde anduvieron los ladrones quedaron revueltos y desordenados. Y que en
el apuro por irse, uno de los delincuentes dejó un par de lentes para sol sobre una cómoda. "Dicen
que en esos lentes puede haber alguna huella", deslizó Munaro. (Télam)