Policiales

Le disparó a un rival en La Siberia y mató a una chica: 10 años de prisión

Fue en septiembre de 2008. La joven, discapacitada de 22 años, volvía a su casa y fue blanco del tiroteo. Esa misma noche detuvieron al autor, Guillermo Villalba, alias “Pinino”. El tiro lo había efectuado él.

Lunes 16 de Mayo de 2011

En septiembre de 2008 el fuego cruzado entre dos muchachos a una cuadra de la ciudad universitaria se cobró la vida de Romina Soledad Recasens, una chica discapacitada de 22 años que caminaba por el lugar y quedó atrapada en el tiroteo. Esa misma noche fue detenido Guillermo Andrés Villalba, quien terminó condenado a diez años de prisión como autor del disparo que mató a la joven y ahora la Cámara Penal dejó firme la sentencia.
  En el mismo fallo de la Salsa III de la Cámara Penal fue confirmada la condena a 3 años y un mes de prisión que recibió otro acusado, Martín Elías D’Agostino, de 23 años, por abuso de armas y un intento de robo posterior. El dictamen fue de los jueces Elena Ramón, Rubén Jukic y Alfredo Ivaldi Artacho. La sentencia había sido dictada en diciembre pasado por el juez de Sentencia Ismael Manfrín.
  La condena como autor del homicidio recayó para Villalba, apodado Pipino, porque la pericia balística comprobó que la bala extraída del cuerpo de la víctima salió del arma que secuestraron en el patio de su casa. La defensa había apelado la condena planteando que al joven le había dado negativo el dermotest y que algunos testigos sólo habían visto disparar a D’Agostino. Además remarcó que, en medio de la balacera, los vecinos escucharon a la madre de Romina Recasens gritarle a D’Agostino: “Martín, pará, me mataste a la nena”.
  Sin embargo los jueces remarcaron que, en ese momento, la mujer no podía identificar quién de los dos tiradores había herido a su hija.

El tiroteo fue la madrugada del 14 de septiembre de 2008, cerca de la 1.45, en Ituzaingó y Berutti. A esa hora Romina regresaba a su casa con su madre, Alicia Ruiz Díaz. La joven vivía con su madre y sus hermanos en una humilde pensión de Ituzaingó 222 bis. Tenía síndrome de Down y dificultades en el aprendizaje. Solía jugar con otros chicos en el club Unión y Fuerza, a una cuadra de su casa.

En medio. Esa noche, cuando estaba a unos treinta metros de su casa, la chica y su madre quedaron expuestas al tiroteo entre los dos jóvenes. Romina recibió el balazo fatal y murió a las cuatro horas. El balazo le atravesó el pecho y le perforó el estómago. Su madre señaló a los policías de la comisaría 4ª que el tiroteo había sido protagonizado por dos muchachos vecinos. A uno lo identificó por el apellido (D’Agostino) y al otro por el apodo: Pipino.
  “Vi perfectamente que en el lugar estaba D’Agostino y del otro lado venían fogonazos de la entrada de la casa de Pipino”, dijo la mujer. Precisó que el primer muchacho apuntaba en distintas direcciones, “lo hacía en forma de barrido, hacia todos lados. Las balas vinieron de los dos lados y al mismo tiempo”.
  Una mujer de la cuadra declaró que antes de que se desatara la balacera Martín D’Agostino estaba en la esquina con un arma. Contó que su hermano lo llamó para decirle que no disparara “porque había mucha gente y chicos por la zona, pero él sacó el arma, la cargó y comenzó a disparar apuntando hacia el pasillo, donde había varias personas, entre ellas Pipino”, quien contestó los disparos.

Rencores. A los dos muchachos, indicó entonces la policía, los separaba una vieja rivalidad desde la infancia. Ya habían dirimido sus diferencias en peleas callejeras a trompadas y tiros por “pasiones futbolísticas y amoríos”, dijeron desde la fuerza.
  Villalba fue detenido pocas horas después del hecho, mientras que D—Agostino fue apresado en enero de 2009 en un intento de robo. En el fallo ahora ratificado el juez de Sentencia Ismael Manfrín determinó que Villalba no tuvo intención de causarle la muerte a Soledad, pero que no le importó que su acto causara un daño grave. El mismo encuadre ratificaron ahora los jueces de la Cámara Penal.

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