Policiales

Le dan prisión condicional por matar a su primo en exceso de legítima defensa

"Sólo queremos vivir tranquilos y que todo esto se termine", dijo ayer Carlos Gabriel Casas tras aceptar una condena a 3 años de prisión condicional por el crimen de su primo Fernando Robay.

Viernes 14 de Diciembre de 2018

"Sólo queremos vivir tranquilos y que todo esto se termine", dijo ayer Carlos Gabriel Casas tras aceptar una condena a 3 años de prisión condicional por el crimen de su primo Fernando Robay. El 14 de abril Robay entró con un arma a su casa de Villa Gobernador Gálvez, éste se lo reprochó y así comenzó una discusión que terminó a los tiros: Casas fue baleado en una pierna y su primo murió con tres balazos en el pecho. Ocho meses después fue condenado en un juicio abreviado como autor de un homicidio con exceso en la legítima defensa.

La familia de Casas, que es empleado en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, espera que la condena sirva para apaciguar las relaciones familiares, resentidas tras la muerte de Robay. Una de las condiciones que impuso el acuerdo entre partes es que Casas no podrá acercarse al último domicilio de su primo ni tomar contacto con sus familiares directos. "Es la regla de conducta más importante que tiene que cumplir", le advirtió el juez Hernán Postma, quien homologó el acuerdo.

Casas estaba en libertad desde fines de mayo, cuando el juez Luis María Caterina morigeró su arresto para que pudiera volver a trabajar y ante las particularidades de un caso con rasgos de legítima defensa. Los familiares de Robay dieron su consentimiento a la condena y ayer participaron de la audiencia en el Centro de Justicia Penal a cierta distancia de los allegados a Casas. Cuando el trámite terminó, cada grupo se fue por su lado.

"Estoy conforme con este acuerdo", dijo Casas al salir acompañado por su pareja y su madre. Tiene 22 años y una hija de 3. Trabaja por la mañana en tareas de barrido del municipio villagalvense y a la tarde en forma particular como albañil.

Noche trágica

La noche del 14 de abril, alrededor de las 21, estaba preparando un asado en su casa de Montevideo y Noruega de Villa Gobernador Gálvez, donde había varias personas reunidas, cuando llegó su primo. Un tío que participaba del encuentro había convocado a Robay, de 31 años, porque quería saludarlo. "Le mandé un mensaje para que vaya a visitarme", contó luego en la Fiscalía. Las personas que presenciaron el incidente contaron que Robay llegó, saludó a todos, exhibió un arma de fuego y Casas se lo reprochó: "¿Por qué viniste armado a la casa que está llena de chicos?". Según consta en el acuerdo, una amiga de la esposa del acusado dijo que Robay mostró el arma "provocando a Carlos" y éste "le dijo que salga, que estaba la familia".

"Este chico se notaba que estaba borracho. Cuando Carlos le dijo que salga se empujaron", relató la mujer, y precisó que después de un forcejeo, cuando se subía a su Fiat 147 blanco, Robay le disparó a Casas y lo hirió en la pierna derecha. "Entonces Carlos gritó, sacó de su cintura un arma y disparó como cuatro tiros", añadió. Todos los testimonios coincidieron en haber escuchado primero un disparo y luego cuatro o cinco más.

Robay fue trasladado por sus parientes al Hospital Gamen, donde le extrajeron un proyectil. Murió por una hemorragia masiva de tórax y otros dos plomos se recuperaron al realizarse la autopsia. "Los únicos problemas entre ellos eran peleas cuando jugaban al fútbol, se agarraron a piñas un par de veces, pero de eso no pasaba nunca", diría luego una familiar.

Vivir tranquilos

Casas fue condenado como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego cometido con exceso en la legítima defensa y por la portación de un revólver calibre 32 corto que entregó a la Justicia. La condena fue acordada entre el fiscal Florentino Malaponte y la defensora Susana Zulkarneinuff y revisada por el juez Postma.

"Estuvo un mes internado y 36 días en la cárcel de Piñero, casi pierde la pierna derecha", contó al salir María, madre del condenado y tía de la víctima, quien sostuvo que tras el hecho ella y sus hijos debieron mudarse ante el temor a represalias. "El era una excelente persona —dijo sobre su sobrino— pero era adicto y el fin de semana se perdía . Yo crié a mis cuatro hijos sola y con mucho sacrificio. Somos gente de trabajo y sólo queremos vivir tranquilos".

El juez Hernán Postma.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});