Le cortaron dos dedos de un puntazo para robarle y huyeron en su bicicleta
La madrugada del sábado, Luis Fernando Velázquez iba en una bicicleta hacia su trabajo, una estación de servicios de la zona oeste de la ciudad, aunque no pudo llegar a destino. Un adolescente armado con un cuchillo se interpuso en su camino para robarle el rodado, pero el trabajador resistió el atraco. Velázquez y el ladrón se trabaron en lucha y, en el forcejeo, el delincuente lanzó tres estocadas...

Martes 29 de Diciembre de 2009

La madrugada del sábado, Luis Fernando Velázquez iba en una bicicleta hacia su trabajo, una estación de servicios de la zona oeste de la ciudad, aunque no pudo llegar a destino. Un adolescente armado con un cuchillo se interpuso en su camino para robarle el rodado, pero el trabajador resistió el atraco. Velázquez y el ladrón se trabaron en lucha y, en el forcejeo, el delincuente lanzó tres estocadas. La tercera le atravesó dos dedos de una de sus manos. Enseguida otro desconocido lo golpeó con brutalidad. El ciclista se derrumbó y los maleantes se llevaron su mochila con 120 pesos.
  El trabajador, de 40 años, contó que a las 4 del sábado, iba en una bicicleta por avenida Pellegrini en dirección a la estación de servicios situada en avenida Perón y Magallanes, donde trabaja como playero. En rigor, según dijo, habitualmente acude a su trabajo en un colectivo de la línea 113, pero ese día decidió ir en bicicleta para “llegar más rápido”.

La trampa. Cuando llegó al cruce con Gutenberg, un chico de unos 17 años se le cruzó en su camino. “Dame la bici”, le ordenó. El ciclista decidió no entregársela y se trabó en una pelea con el pibe. “Primero me tiró con un puntazo que me rozó el pecho. Yo me aferré a la bicicleta y me lanzó otra puñalada al corazón. Metí el brazo izquierdo para defenderme y después me tiró otra cuchillada que me rebanó dos dedos”, contó Magallanes a La Capital.
  Sin embargo, el mal trago no había terminado para Velázquez. En ese momento otro hombre apareció por detrás. El trabajador no había distinguido a este otro individuo por la oscuridad de la noche. La irrupción del segundo maleante sería cruenta.
  “Me pegó una trompada en la cabeza y una patada”, contó. El hombre se derrumbó cuando ya brotaba sangre de su mano izquierda. A duras penas se arrastró por el suelo y se desprendió de la mochila para evitar más castigo.

El escape. Con frialdad, los ladrones recogieron la mochila, se subieron a la bicicleta y se marcharon por Gutenberg en dirección al sur. En el bolso, el trabajador llevaba 120 pesos, un reproductor de MP3, unas llaves, una remera de trabajo, un ejemplar de la revista Selecciones y tarjetas de colectivos.
  Dolorido, Velázquez recorrió las pocas cuadras que lo separaban de la casa de su hermano en búsqueda de ayuda.
   “A pesar de que era de madrugada abrimos la puerta. Tuvimos la intuición de que algo le había ocurrido”, recordó Gabriela, la sobrina del trabajador. El padre de esta chica subió a Velázquez a un auto y lo llevó al Hospital de Emergencias.
  Allí los médicos comprobaron que la cuchillada le había amputado el dedo meñique y la primera falange del dedo anular de la mano izquierda.
  El hombre contó que el del sábado no fue el único asalto que sufrió. Dos días antes, el jueves, dos hombres armados irrumpieron en la estación de servicios donde trabaja y le robaron la recaudación.