Policiales

Las últimas horas de un hombre misterioso que murió en zona oeste

. El gordo Santiago, como se reconocía en la calle a este hombre de 35 años, conducía en ese momento un Peugeot 308 Cabriolet modelo 2010 color negro que había comprado en enero y que no había transferido a su nombre.

Domingo 23 de Septiembre de 2012

Santiago Adolfo Pérez fue asesinado de al menos cuatro balazos calibre 9 milímetros el sábado 15 de septiembre pasado, una hora antes de la medianoche, en las inmediaciones de Larrea y San Juan, en el corazón del barrio Azcuénaga. El gordo Santiago, como se reconocía en la calle a este hombre de 35 años, conducía en ese momento un Peugeot 308 Cabriolet modelo 2010 color negro que había comprado en enero y que no había transferido a su nombre. Un auto al que El gordo le había colocado una calco de San La Muerte en la tapa del baúl y con un valor estimado en los 160 mil pesos, algo fuera de lo común para un hombre que no tenía trabajo declarado y residía en los monoblocks de Carranza y Mendoza. Su prontuario, abierto en julio de 2004 y cerrado con su muerte, tiene cuatro antecedentes, tres de ellos por amenazas.

En una semana el expediente que se abrió por el brutal homicidio de El gordo Santiago acumuló pocas declaraciones y muchas medidas ordenadas por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, quien quedó a cargo de la causa. Sin embargo, desde que la víctima exhaló su último suspiro la calle se plagó de rumores sobre sus últimas horas de vida. Horas tensas, transitadas en el submundo del tráfico de estupefacientes que se expande en la ciudad.

Aunque el asesinato de Santiago Pérez no tendría que ver directamente con la venta de drogas, los pesquisas aseguran que estaría ligado a una dura ofensa que tuvo la víctima hacia una mujer, hermana de uno de los nombres más pesados en el universo del narco-negocio en Rosario y que opera desde su búnker comercial de la zona oeste. En el último tiempo, dicen, "El gordo también había logrado enemistarse con personajes de los más pesados de la zona sur" de la ciudad.

Un buen vendedor. La pintura que brinda la calle sobre El gordo Santiago es la de un hombre joven que aspiraba ser como Tony Montana, el protagonista de la película "Scarface" (en la piel de Al Pacino), pero que era un dealer que llevaba cocaína de buena calidad y alita de mosca (la mejor cocaína de plaza) a un selecto grupo de clientes que deambulan por lugares de esparcimiento ubicados al este de la avenida Ovidio Lagos. Sitios donde era habitual ver estacionado, en algún momento del día, el Peugeot 308 color negro con la calco de San La Muerte debajo de la cual podía leerse: "Dios de larga vida a mis enemigos para que de pie vean mis triunfos". Ese auto, supieron los investigadores, El gordo lo compró en enero pasado, pero la tarjeta verde del vehículo seguía a nombre de la concesionaria que se lo vendió usado.

Peleado con todos. Los últimos que vieron a El gordo Santiago con vida resaltan que los últimos días estaba fuera de quicio y muy violento. Es que había mantenido algunas discusiones con uno de los hombres considerados pesos pesados de la zona sur de la ciudad y, se supone, que fue por cuestiones vinculadas al trabajo. Luego dejó su casa del Fonavi, en la que vivía con su concubina y una hija, tras una reyerta familiar.

En tanto, el sábado 15 a la tarde Pérez mantuvo un diálogo áspero y acalorado con una mujer que se hizo cargo de una parte del narco-negocio rosarino desde que su hermano cayó preso y fue trasladado a una cárcel de Buenos Aires. La disputa terminó con una dura y violenta ofensa de El gordo a la mujer. Incluso, algunos indican que hubo una agresión física que significó su sentencia de muerte.

Ya entrada la tardecita de aquel día, un amigo de Pérez lo convenció de que regresara a su casa para distender las cosas con su mujer. El gordo regresó y su amigo pagó los pollos asados de la celebración. Pero cerca de las 22, recibió un llamado a su Nextel y salió a reunirse con una persona aún no identificada. Lo único que se sabe es que es un hincha de Rosario Central que acababa de regresar de Bahía Blanca, donde el equipo canalla habia jugado y perdido con Olimpo. Ahí comenzó el último capítulo de la vida de Santiago Pérez.

El final. En las inmediaciones de Larrea y San Juan Pérez se entrevistó con la persona que lo citó. Sólo fueron unas pocas palabras. Luego por el lugar pasó un auto color champán con vidrios polarizados y el tirador sólo necesitó bajar levemente la ventanilla para disparar nueve veces con una pistola 9 milímetros. Cuatro de esos proyectiles impactaron en el tórax y en el antebrazo izquierdo de El gordo Santiago. Los demás plomos impactaron en la ventanilla delantera izquierda, el parabrisas y el capó del vehículo. La víctima murió en el lugar

Los vecinos de barrio Azcuénaga contaron que el auto de los agresores no había hecho cinco cuadras cuando a la escena del crimen llegó un patrullero policial. Cuando la policía revisó a la víctima el hombre no tenía un centavo encima. Sólo portaba un Nextel. Más tarde los vigilantes encontrarían otro Nextel apagado en el baúl del Peugeot 308, custodiado por la calco de San La Muerte.

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