Domingo 30 de Noviembre de 2008
Los chicos del Colegio San Bartolomé hormigueaban alrededor del auto parado en la Shell de Tucumán y Corrientes como si estuvieran en Disneylandia. Algunos de ellos sacaban sus celulares para llevarse una imagen de recuerdo cuando un hombre robusto de estatura media y rostro cuadrado se les acercó. Los abarcó a todos con la mirada y con una amabilidad rígida les habló: "Fotos no. Si quieren suban que los llevo a dar una vuelta. Pero al auto no le saquen fotos".
Quizá la única desventaja de un vehículo similar al que usa para trasladarse la reina de Inglaterra sea su visibilidad apabullante. Hace un mes un inspector de la Afip se encandiló con el negro azabache de un Rolls Royce Phantom por bulevar Oroño. La curiosidad profesional le hizo anotar la patente HNL 134 para averiguar quién era su afortunado poseedor. A poco supieron que el vehículo, que sale 600 mil dólares, estaba a nombre de Mario Roberto Segovia, de 35 años, domiciliado en Fisherton. Pero al observar la planilla digital que contiene la historia fiscal de esta persona notaron un nulo movimiento de capital: cero Crédito Fiscal, cero Ganancias. Poco rendimiento para tan opulenta posesión.
Los bienes. Siguieron cruzando datos, ya con agentes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) que investigaba con antelación, y detectaron un cúmulo de bienes muebles e inmuebles como propiedad de Segovia que no se conjugaban con los ingresos de una actividad lícita. El listado está en una carpeta en el despacho del juez federal de Campana, Federico Faggionato Márquez, que no deja de abultarse. El jueves le detectaron un sexto piso valuado en 500 mil dólares en Juana Manso al 1500, en el exclusivo Puerto Madero, a 400 metros del Faena Hotel, donde se hospedaron Sting y Roger Waters en sus últimas visitas.
A eso se suman la casa de Alvarez Condarco 472 bis, de 350 mil dólares, donde hace una semana encontraron el Rolls Royce, las dos camionetas Hummer y una Land Rover y hasta una credencial de piloto civil con nombre de Segovia. También un importante lote en Alvear donde, según la pesquisa, estaba montando una fábrica de CD y DVD, ya en edificación bajo el proyecto de obra de un arquitecto rosarino. Y Faggionato tiene en trámite la verificación de varios bienes más: dos edificios en construcción en Rosario y la adquisición de tres plantas en el Victoria Mall de San Martín y Córdoba, el mismo lugar donde se allanó un estudio jurídico el lunes pasado. De esto último hay un boleto de compraventa a su nombre, cuya autenticidad se estudia en el juzgado de Campana.
El gran salto. A mediados de semana el juez Faggionato dijo que Mario Segovia es apenas un eslabón en una cadena. La pregunta aún por contestar es cómo un hombre de recursos modestos, que en 2003 afrontó un juicio por desalojo por no pagar el alquiler en un departamento de dos cuartos en Salta y Moreno, cinco años después había construido un sultanato.
Los investigadores ignoran cómo Segovia se afilió a esa organización que, en base al tráfico de efedrina a granel y metanfetaminas a México, generó un ingreso estimado de 50 millones de dólares. No sólo la elocuencia de sus propiedades liga a Segovia a esa red: en el tribunal hay horas de grabaciones de contactos telefónicos que el ahora detenido en Ezeiza mantuvo con personas investigadas hace tiempo por este caso.
Está acreditado que en 2000 Segovia era empleado en dependencia del depósito fiscal de Sadocks en la calle Río Cuarto al 1400, del barrio porteño de Barracas. En ese galpón, el 16 de mayo pasado, se encontraron 526 kilos de efedrina disimulados en una partida de azúcar que partiría a México.
Uno de los dueños de ese depósito es —igual que la mujer de Segovia— un hombre de Villa Gobernador Gálvez. Su familia vive en Rosario. Se llama Rubén Galvarini y con el tiempo llegó a asociarse con Segovia en la sociedad Importadora Rugal SRL con sede en la avenida porteña Ingeniero Huergo, frente a Puerto Madero. Se dedica a importación y exportación de todos los productos, frutos e insumos del país y del extranjero que permitan las leyes aduaneras.
Lo significativo del asunto es que quien aparece en la investigación judicial como proveedor de la efedrina incautada en aquel depósito fiscal de Barracas es Héctor Germán Benítez, que es un preso de la cárcel de Sierra Chica utilizado por Segovia para abrir cuentas bancarias y negocios. Los rastreos para saber quién era Benítez fueron minuciosos: se investigaron teléfonos, documentación, facturas y cuentas bancarias. A través de cruzamiento de datos y verificación se definió que Benítez era Mario Roberto Segovia. En la casa de Fisherton, hace siete días, se encontraron documentos firmados a nombre de Héctor Germán Benítez por trámites que son los investigados en el juzgado de Campana.
En el departamento de Puerto Madero comprado por Segovia, allanado el jueves, se
encontró la citación a indagatoria de Rubén Galvarini de parte del juez penal económico Marcos
Aguinsky, quien investiga el hallazgo de la partida de efedrina en el galpón de Barracas. Lo que
refrenda el vínculo entre ambos.
Las escuchas telefónicas son tan lapidarias que Segovia, que intentó una
resistencia verbal tras ser detenido, quedó desencajado al oír fragmentos de ellas. El juez
Faggionato ordenó investigarlo inicialmente porque Benítez (Segovia) le compraba efedrina a Raúl
Ribet, uno de los primeros imputados presos en la causa.
Segovia cayó en el aeroparque porteño el domingo y un día antes
detuvieron, en Ezeiza, a dos mexicanos que iban a embarcar en un vuelo de Mexicana hacia el DF con
9,5 kilos de metanfetaminas en una valija. Estos se llaman Alberto Martínez Domínguez y Salvador de
la Cruz Acuña.
Cinco estrellas. Estos dos individuos, según la pesquisa, estuvieron en Rosario hace algo más
de veinte días. El 5 de noviembre una persona llegó a hacer una reserva en el Hotel Ros Tower. Era
Sebastián Segovia, primo del supuesto principal traficante. Para pagar el anticipo de la estadía,
según se acreditó en el tribunal, se utilizó una tarjeta de crédito de Roberto Mario Segovia. El
juzgado pidió el listado de pasajeros y descubrió que un día después de la reserva en el hotel de
Mitre al 200 figuraban alojados los dos mexicanos, que el jueves pasado rehusaron declarar.
Caídos en Rosario. A poco de ser detenido Segovia el domingo, cuando iba a Puerto Iguazú, con
destino a la Triple Frontera, en la ciudad cayeron cuatro personas de su entorno personal y
profesional próximo. Una de ellas es su mujer, Gisele Itatí Ortega, de 30 años, con quien tiene
tres hijos. Ordenaron detenerla porque, según la acusación, tenía plena conciencia de las
actividades ilícitas de su marido.
Gisela Itatí Ortega no aparece inscripta en la Afip de modo unipersonal
o integrando sociedades. Su nombre sí surge en Rosario en el último sorteo de adjudicación de 500
licencias de taxi. El orden de mérito obtenido por ella fue el 475 según la información oficial.
Contra el contador Roberto Guerini, que manejaba las sinuosas finanzas
de Segovia, inciden las escuchas. Pero la detención se explica más en motivos profesionales: la ley
penal tributaria y de lavado de dinero exige controles sobre el patrimonio que un matriculado debe
realizar. Y Segovia aparece detentando una cantidad y calidad de posesiones sin ingresos lícitos de
volumen semejante. A Guerini lo detuvieron en la puerta de su casa, en Rivera Indarte 3755. Adentro
secuestraron 50 mil dólares, 12 mil pesos y 3 mil euros.
Los otros dos detenidos son Sebastián Segovia y Daniel Bocchi. A los dos
se les adjudican conocimiento cabal del tipo de negocios de Mario Segovia. Actuaban, según la
causa, como sus secretarios. En especial el primo tenía un vínculo muy estrecho con él.
La misma imputación. Hasta ahora el cargo para los cinco detenidos es el mismo: tenencia de
estupefacientes con fines de comercialización agravada por la intervención de más de tres personas
y contrabando. Según el ministro de Justicia de la Nación, Aníbal Fernández, entre 2006 y 2008
Segovia habría traficado a México 8100 kilos de efedrina, la sustancia usada para elaborar
metanfetaminas, con un valor de 35 millones de dólares. Cerca de la causa judicial evalúan que la
magnitud del tráfico trepa a los 50 millones de dólares.
Los lugares allanados. Además de la casa de Segovia en Fisherton y de Guerini en el pasaje
Rivera Indarte, se allanaron otros doce domicilios particulares y comerciales. La casa de Daniel
Bocchi en Juan Manuel de Rosas al 4100, la vivienda de la madre de Gisela Ortega en Villa
Gobernador Gálvez, una vivienda en Dorrego 757 atribuida a un familiar de Segovia, Eduardo Delgado,
a quien el juez Faggionatto está dispuesto a ubicar.
La policía bonaerense también acudió a una vivienda de Santiago 5034 y a
otra en Comodoro Rivadavia 2897. En Villa Gobernador Gálvez también allanaron la droguería
Galénica, en San Martín 1715. Este laboratorio había pedido autorización a la Secretaría de
Programación para la Prevención de la Drogadicción (Sedronar) para importar 2.500 kilos de
efedrina. Pero la escasa información que dio la droguería para el destino final de ese insumo hizo
que en marzo pasado, cuando el escándalo por la efedrina no se había destapado, el Ministerio de
Salud de Santa Fe lo impidiera. También se allanó la casa del presidente de Galénica, en la calle
Cornelio Saavedra al 6400, de Rosario. Y un estudio jurídico y contable de Córdoba 1015 el lunes
pasado.
Ninguno de los detenidos ha querido declarar. Lo primero que van a
preguntarles, si acceden, es qué recorrido vital explica una dote de posesiones tan exuberante. En
breve habrá más allanamientos en Rosario que, se especula, harían evidente nuevas tenencias de
Segovia. Algunas otras, según se estima, no aparecerán como propias sino delegadas a prestanombres
que actúan como testaferros. La sorpresa, como la investigación, recién empieza.