Policiales

La odisea de una mujer de Pérez que denunció a un narco ahora apresado

Narcotráfico y violencia. En los últimos años Betina Z. hizo presentaciones contra la banda liderada por Walter Rivero que comercializaba estupefacientes y sufrió violentas represalias.

Sábado 10 de Mayo de 2014

Betina Z. tiene tres hijos y vive en Pérez desde hace 35 años. Uno de sus chicos, Kevin, pasó por un período de adicciones y entonces ella mostró sus uñas y sus dientes para luchar contra el narcomenudeo que hacía pie en su ciudad. Con el tiempo se convirtió en una referente social de su localidad y ahora no duda en acusar a cada uno de los responsables del negocio de la droga en Pérez. "Walter Rivero, su mujer y otras personas que dicen desconocer el mundo narco son los que manejan la droga acá. Hace dos años balearon la casa de mis padres, me quemaron un auto y ahora sé que me quieren hacer callar, pero no podemos permitirlo", disparó con indignación en referencia al hombre detenido el sábado pasado en el marco de un operativo que incluyó 30 allanamientos en cinco localidades y en el cual se detuvo a 29 personas, muchas de ellas acusadas de integrar una banda que comerciaba estupefacientes con la presunta connivencia policial.

La historia del narcomenudeo en Pérez no es nueva y Betina la conoce: "Acá sabemos todo, somos pocos. Desde el sábado pasado, cuando tumbaron distintos búnkers de Rivero, empezó una nueva modalidad: el delivery. Lamentablemente pasamos de ser la capital provincial de la flor a ser la capital de los narcos. Es tan así que la famosa banda de Los monos tenía una casa acá y el intendente lo ignoraba", arremetió.

Cuando Kevin pasaba por su peor momento de adicciones, Betina lo fue a buscar a distintos búnkers, entre ellos el que fue allanando hace una semana en Tucumán al 900. Y ese seguir detrás de su hijo le dio la experiencia para saber del tema.

Acusación. "El dueño de ese quiosco era Walter Rivero, un narco muy conocido que ahora está preso junto a su mujer. Se manejaban con chicos armados que trabajaban para ellos y además, en distintos negocios que logró hacer con la plata de las drogas, fue empleando a mucha gente. Yo no quería que la sociedad chiquita del pueblo comenzara a defenderlo como un empresario y por eso hice varias denuncias. Después de presentar las primeras me sucedieron muchas cosas: me amenazaron, balearon la casa de mis padres y me quemaron un auto, todo eso sucedió entre 2011 y 2013. Y esta semana me dejaron saber que ellos piensan que soy una bocona y que me van a pisar con un auto o que me va a pasar algo. Pero no tengo miedo" sostiene con los ojos clavados en un punto, sabiendo de que habla.

Betina plantea dudas que no puede responderse: "Cuando mi hijo estaba en una crisis y no podía salir de las drogas fui a la intendencia y planteé el problema. Le dije al intendente que en los boliches se vendían drogas y alcohol a menores, pero quedó inmóvil y dijo que a él no le constaba. Igual a lo que hizo cuando le preguntaron si no se había dado cuenta que Los monos tenían una mansión acá en Pérez. Y tampoco se dio cuenta de que la misma banda tenía un búnker en el camino al cementerio", contó.

La mujer clava el aguijón hasta el hueso en una historia que se mezcla con su vida. "Mi hijo iba a comprar a un búnker de un tal Raúl. Yo fui allí y lo increpé. Le dije que era un narco, que le estaba cagando la vida a los chicos, y él me contestó que no lo iba a poder tocar, que tenía protección policial y de los políticos".

"También con la agrupación Madres Solidarias denunciamos en la intendencia distintas irregularidades, pero el intendente ni hizo ni dijo nada. Los comisarios en la seccional 22ª los cambiaron sistemáticamente cada tres meses", gimoteó Betina.

Ataques. Entre los atentados que sufrió Betina hay dos que fueron puntuales: las ocho balas a la casa de sus padres y la quema de su auto. "La casa de mis padres está en calle Sarmiento. Viven ahí desde siempre y una vez que los balearon nadie supo decir cómo ni quién fue", dijo. Y la mención de la calle no es casual. La casa de estilo inglés queda a 40 metros de la Municipalidad.

En otra ocasión le quemaron el auto "y a los pocos días me dijeron que lo próximo que iban a quemar era mi casa", admitió la mujer menuda pero con una fuerza inusitada. "Pérez es una ciudad de trabajadores y no soy la única madre que se mueve para proteger a sus hijos. Somos muchas las que los hemos ido a buscar adonde compran drogas, muchas las que les gritamos a estos tipos, lo que pasa es que es un tema tabú asumir que tu hijo se droga, entonces la gente no lo comenta".

El sábado pasado, de los 30 allanamientos realizados en Rosario, Arroyo Seco, Chabás, San Lorenzo y Pérez, hubo 13 en esa última ciudad. Entonces se detuvo a Walter Rivero y a su pareja, Claudia G. El hombre tenía antecedentes por adulteración de autos en un taller de chapa y pintura. "Rivero era un buen tipo, ahora tiene unos 40 años. Lo que notamos era que con plata de él se pintaba la seccional de aquí. Un día apareció con este tema narco, no sé como se dedicó a esto y ahora es millonario", deslizó la mujer que dice lo que sabe y un poco más. Es que según la pesquisa, Rivero no es el eslabón más alto de la cadena.

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