La historia de un hematoma

Lunes 21 de Julio de 2008


La constatación de que fue un balazo lo que mató a Hugo Prada hizo rebrotar la conocida angustia de situaciones previas: en Rosario hubo cinco taxistas asesinados en cinco años. Pero esta vez la protesta automática y masiva de hace dos meses, cuando degollaron a Sergio Oberto, no se produjo.

  Que alguien reciba un disparo no prueba que sea en ocasión de un robo. Esto no equivale, en el caso de Prada, a descartarlo. Hasta ahora la idea no pasa de una suposición de la pesquisa.

  Las conjeturas sobre lo ocurrido en cualquier suceso presente surgen apoyadas en la memoria del pasado. Y en la historia local reciente hubo casos de choferes atacados en hechos de robo seguidos de protestas que dejaron a la ciudad sin taxis. El escozor que genera el recuerdo de tal cosa elabora, también, fenómenos nuevos. Esta vez asomó la idea de un complot maquinado para ocultar la auténtica causa de muerte de Prada a fin de evitar un paro o un cuestionamiento público por la inseguridad.

  Pero entre lo que se piensa y lo que pasa a veces hay desajustes. El 30 de marzo de 2006 un taxista de 49 años denunció haber sido atacado por dos ladrones en Arijón y Avellaneda. El sólido relato que dio a la prensa de lo ocurrido exhibiendo un hematoma notorio en la cara desencadenó un paro de 30 horas de peones de taxi.

  A los seis días la versión que motivó la protesta languideció. Fue al conocerse que la misma noche del robo el hijo del taxista había denunciado a su padre por violencia familiar en la comisaría 18ª. El joven admitía que le había dado una trompada en la cara defendiendo a su madre.

  Nada permite descartar que Hugo Prada haya sido víctima de un caso de inseguridad. Pero faltan los indicios. No suele haber dos hechos iguales en la historia. Pero en ocasiones lo menos pensado sorprende y por eso no es insensato esperar a que las evidencias aparezcan.