La historia del otro taxista asesinado: le pidieron "un último viaje" y jamás volvió a su casa
Diego Alejandro Celentano tenía 33 años y estaba casado con otra taxista, con quien tenían una hija de 4 años. Lo encontraron con un balazo en la cabeza dentro de su vehículo en la zona sur

Jueves 07 de Marzo de 2024

Diego Alejandro Celentano tenía 33 años y se ganaba la vida como taxista. El miércoles salió a la calle con el vehículo para "hacer un mango más" y así poder mantener a su familia, compuesta por su pareja, Cintia, y una nena de 4 años. En sus últimas horas del día recibió la notificación de un viaje a través de la empresa en la que prestaba servicios y aceptó tomarlo. Qué pasó después es lo que intentan establecer las investigaciones. Lo cierto es que encontraron su cuerpo con una bala en la cabeza, en la zona sur de la ciudad, cerca de las piletas del Saladillo. Fue una ejecución a corta distancia la que terminó con los sueños y proyectos que tenía por delante. Un crimen que replicó la misma mecánica del asesinato de un compañero el día previo. Dos taxistas asesinados en dos días con demasiados puntos de contacto entre los casos.

Allegados a la familia contaron a La Capital que la historia entre Diego y Cintia comenzó cuando ambos trabajaban en el Casino City Center. Allí empezaron a construir un lazo que luego se transformó en un proyecto de familia con la llegada de su hija. Se casaron en diciembre de 2019 y, luego de haber sido despedidos de la casa de juegos, ella empezó a gestionar la posibilidad de acceder a una licencia de taxis por medio de un contacto familiar que les ayudó a realizar ese trámite para poder "ganarse la vida como cualquier laburante".

Es por eso que desde hacía aproximadamente cuatro años Diego y Cintia alternaban los turnos de la extensa jornada del taxi, un Volkswagen Voyage. Y como habían tenido un accidente, trabajaban un poco más para poder recuperar los gastos que les había demandado esa reparación.

Una amiga de Cinta precisó que Diego trabajaba en turnos variados, pero el miércoles le tocaba tarde-noche. "Había llegado a su casa y se disponía a comer algo cuando desde el radiotaxi le hicieron un llamado para avisarle que tenía que hacer un viaje más. Y como no había guardado el auto, se subió y fue a buscar ese viaje", comentó.

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Al poco tiempo de que hubiera salido a buscar el viaje, aparecieron en la casa algunos colegas para darle a Cintia la trágica noticia. A Diego lo habían ejecutado de un balazo en la cabeza en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Garmendia, al filo de las 23 (idéntico horario que el crimen perpetrado al otro taxista, Héctor Figueroa) y donde también dejaron un mensaje.

La amiga de Cintia también comentó que en el último tiempo él se encargaba de hacer los trabajos de mantenimiento del auto mientras ambos se encargaban del cuidado de su hija y ella colaboraba también y manejaba varias horas.