Viernes 22 de Octubre de 2021
“A Joaquín no lo mataron dos pibes que pasaron en una moto y le robaron el auto. Lo mataron esos dos pibes y todas las instituciones del Estado que permiten que esos chicos estén ahí haciendo lo único que saben hacer”. La afirmación la hizo Gabriela Aiello, la suegra de Joaquín Pérez, quien agregó que “la gente no se da cuenta de que está viviendo en medio de una guerra que no podemos ni debemos naturalizar y que requiere de mucho trabajo y de gente e instituciones que se comprometan para que este hecho no sea un hecho más”.
Joaquín Pérez, arquitecto, vecino del barrio de Arroyito de toda la vida, fue asesinado el martes por la noche por dos asaltantes que le robaron el auto y que se escaparon de la escena del crimen a bordo de una motocicleta. Una cámara de seguridad de la zona registró el momento en el que Pérez sale de su casa, se sube al coche y cuando arranca dos sujetos en moto lo persiguen. La investigación está centrada en identificar a estos dos individuos.
Gabriela es licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y durante muchos años dirigió una consultora que trabajó para empresas locales e internacionales e incluso llevó adelante investigaciones sobre índices de pobreza para la Universidad Católica Argentina (UCA). Desde ese conocimiento aseguró que “este problema que vive Rosario lo advertimos hace mucho tiempo. Estamos ante la cuarta generación de jóvenes que no saben hacer otra cosa, de personas abandonadas por las instituciones y que se dedican al crimen. Desde esa perspectiva sus vidas no valen nada y por lo tanto la de los otros vale mucho menos”.
En diálogo con El Tres, Aiello manifestó que “hay normas establecidas que ni las propias instituciones están cumpliendo, la policía no patrulla y cuando lo hace va con sus luces advirtiendo su llegada, como un aviso para que no se robe ahí y se haga en otro lugar, Gendarmería no se ve como se dijo que estaría. Hay un relajamiento de las instituciones y de la sociedad que naturaliza cada vez más hechos como el crimen de Joaquín. Pero no podemos aceptar que esto sea algo natural”.
"Joaquín era un laburante"
Aiello explicó que vive “una circunstancia indescriptible porque Joaquín era un laburante cuya madre murió cuando cursaba primer año de arquitectura y su padre ya había fallecido. Lo conozco desde que se puso de novio con mi hija en la secundaria, lo acompañé para que terminara su tesis, era todo tesón y temple. Así logró lo que logró. Se iba de la casa a las 6 de la mañana, se subía a los andamios como un obrero más y volvía a la noche".
"Más de una vez se quedaba dibujando proyectos y andaba en un Renault Clio 99 desvencijado. Le ofrecí ayudarlo para que lo cambie, para comprar una camioneta en la que cargar materiales para la obra, y siempre dijo que no, que no le alcanzaba, que no podía. No dejaba el auto en la calle porque tenía miedo de que se lo robaran y lo mataron cuando fue a la cochera”, añadió.
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Aiello dijo estar dispuesta a “utilizar todos los recursos disponibles y el apoyo de instituciones que de verdad quieran comprometerse, con gente capacitada y avalada, para trabajar duro, en serio, y lograr que todo esto termine. Sé que todos los días mueren chicos en balaceras, que hay guerras entre bandas, que mueren inocentes, pero ahora, como otras veces, tocaron otro target. La víctima era un profesional ajeno al mundo y al mercado delictivo, era mi hijo del corazón y cuando te tocan a un hijo todo toma otra dimensión”.