La droga volvió a ganar: el detrás de escena de la ejecución del "Oso" Mandon
El muchacho de 24 años fue asesinado el viernes a la tarde con seis balazos a las puertas de la torre 4 del Fonavi Latinoamérica de Ovidio Lagos al 2800

Domingo 17 de Octubre de 2021

La zona de barrio Latinoamérica, sobre Ovidio Lagos al 2800, seguía en estado de conmoción este sábado, el día después de que Sebastián Nahuel “Oso” Mandón, de 24 años, fuera salvajemente ejecutado a balazos cuando estaba sentado en un cantero frente a la torre 4 del complejo habitacional. El correr de las horas llevó a algunos vecinos a contar el detrás de la escena del crimen del “Oso”, como lo conocían. “El vendía esa mierda que envenena a los pibes (droga). Vos lo veías y era un buen tipo. Muy atento. Venía y te decía: «Si vos ves a alguno choreando venís y me decís a mi que yo me ocupo». Y corría a los choros y rateros. Pero por detrás de ese gesto honorable, vendía falopa. Y su muerte tiene que venir por ahí. Fueron directamente sobre él”, explicó una vecina del complejo habitacional mientras charlaba con otra mujer bajo el sol primaveral.

Al Oso Mandon un sicario le disparó directamente a la cabeza y cuando yacía sobre el piso lo remató con cuatro balazos más. El sicario llegó caminando, arma en mano, tras haberse bajado de un auto blanco, quizás un Peugeot 308 que quedó estacionado sobre Ovidio Lagos al 2800, a escasos metros de una cámara de videovigilancia pública ubicada en el cantero central. Con un cómplice al volante, con la tarea cumplida se fueron de sur a norte con una importante posibilidad de haber pasado ante otra cámara publica ubicada en Ovidio Lagos y 27 de Febrero. Detalles que no los sobresaltaron.

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El Oso Sebastián era nacido y criado en el Fonavi Latinoamérica, un barrio de 1.300 viviendas divididas en 33 torres de hasta 14 pisos de altura que se levanta entre Ovidio Lagos al 2800, Rodríguez, Amenábar al 2700 y el pasaje Fontezuela. Un barrio partido en dos por calle Ángel "Tacuarita" Brandazza, considerado el primer desaparecido de Argentina (el 28 de noviembre de 1972) por efectivos del Segundo Cuerpo del Ejército. El barrio tiene claramente dos caras. La que da a Ovidio Lagos, en la que se puede ver las siete torres que fueron erigidas para personal de la Universidad Nacional de Rosario; y el resto de los monoblocks, levantado por el Fondo Nacional de Vivienda (Fonavi) y cuyo frente da a calle Rodríguez. Los vecinos aseguran que son frecuentes las reuniones de consorcio y están organizados.

El asesinato de Mandon no sólo sacudió al barrio sino también a un club. Hijo de un empleado metalúrgico, el Oso jugó al rugby en el club Provincial _ubicado a cinco cuadras de la escena del crimen_ desde los 8 hasta los 20 años. Su último partido oficial fue en 2017. “La droga nos volvió a ganar. Nos arrebató otro pibe. Los clubes podemos poner lo mejor de nosotros, pero si ayuda del Estado no se puede pelear al narco el destino de los pibes. Perdés siempre. No podés competir con la falopa. Qué le podes ofrecer a los pibes para sacarlos de la calle. Con una pelota de fútbol, de básquet, vóley o rugby no alcanza. Así no vas a cazar a los pibes de la calle. Vivimos en una derrota eterna donde leemos en los diarios cómo pibes que fueron parte del club son asesinados”, reflexionó un allegado al deporte de la ovalada de Provincial al enterarse del asesinato del Oso.

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Sebastián Nahuel “Oso” Mandón sentado en el mismo lugar donde fue asesinado.

Flores y muerte

Un modesto ramo de flores marcaba este sábado bien temprano el lugar exacto en el que fue ejecutado Mandon. El viernes, pasadas las 18.15, el Oso estaba sentado junto a un grupo de amigos frente a un cantero que rodea a un árbol formando una especie de tapial con asiento, en un espacio común del complejo universitario frente a la torre 4. “Era habitual que ellos se juntaran en ese lugar. Ahí estaban todo el santo día”, explicó una vecina. Mandon vivía a escasos 100 metros de ese lugar, en otra torre del mismo complejo donde también residen sus padres. Sin embargo, el fiscal de la Unidad de Homicidios Adrián Spelta, dijo la tarde del viernes que los primeros testimonios que había recogido en el lugar indicaban que el Oso estaba solo.

En simultáneo, un Peugeot 308 blanco se estacionó a la altura de la cortada Dublin, sobre la mano sur norte. Un hombre se bajó del auto y comenzó a caminar resueltamente hacia la torre 4. Mientras se acercaba, de la cintura sacó un revólver, presumiblemente calibre 38. Y cuando tuvo al alcance al Oso le disparó a la cabeza. El primer disparo tomó a la víctima de costado y motivó un desbande general entre los amigos y los vecinos. El sicario no se inmutó. Mientras Mandon caída al piso siguió gatillando para rematarlo. Fueron seis balazos que impactaron en el cráneo, el tórax y un brazo de la víctima. Ese último tiro terminó impactando en la puerta de ingreso a la torre 4 del complejo edilicio. El sicario volvió sobre sus pasos a la carrera, subió al 308 y con un cómplice al volante desapareció con rumbo a 27 de Febrero.

“El asesinato no fue como una aplanadora. Después de que se llevaron el cuerpo, el barrio quedó como freezado. No hubo ningún tipo de movimiento durante la noche”, relató una joven del barrio.

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Mandon tenía una pequeña hija de menos de 3 años. Ningún vecino consultado pudo precisar si tenía trabajo. El pasado 1º de julio, en el marco de una pesquisa por un hecho de abuso de armas, que encabezó el fiscal de Investigación y Juicio Mariano Ríos Artacho, se llevaron adelante una serie de allanamientos en las que fueron detenidas cuatro personas y se secuestró un sistema “indoor” de cultivo interior de plantas de marihuana. Se secuestraron 99 de esas plantas (44 medianas, 33 chicas y 22 plantines) que formaban parte del sistema indoor y “material estupefaciente compactado” además de unos 135 mil pesos en efectivo. Además se secuestraron 9 municiones calibre 9 milímetros, un cartucho calibre 45, un handy, celulares y un Citroën C4. También se secuestraron dos frascos con cogollos o flores de marihuana. Fuentes consultadas indicaron en la calle que cogollos y dosis de cocaína tienen un precio similar. Uno de los detenidos en ese operativo fue el Oso, quien quedó a disposición de la Justicia Federal. Su pandilla cultivaba cogoyos y compactaba marihuana para la venta.

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“El problema con estos pibes es que se creen el personaje. Andan por la vida pensando que son protagonistas de una serie y la vida es realidad. Lo que pasa en las series es ficción. En la vida cuando no cumpliste una promesa o un pacto, te la ponen. Te moriste. Y dejaste en banda a tu hija chiquita y a tu familia. Si bien la vida sigue, con suerte vos vas a ser una cara en un mural o un recuerdo. No estás más. Te mataron”, reflexionó un vecino. “¿Pudiste ver o escuchar algo de lo que pasó?”, consultó el cronista a una joven vecina de la torre aledaña a donde cayó fulminado el Oso. La piba sonrió nerviosa y respondió: “Si, vi. Pero no te puedo contar nada. Paso. Te deseo suerte”, dijo, dio media vuelta y se fue.

Mientras el vehículo de traslado se llevaba el cuerpo de Mandon, el fiscal Adrián Spelta pasó en limpio ante la prensa las ideas fuerza de un nuevo crimen en la ciudad. “Fueron directamente a buscar a la persona. Lo fueron a buscar”; “Hay dos cámaras públicas en la zona que funcionan: la primera está ubicada a la altura de Ovidio Lagos y Rueda que nos permitió precisar la hora a la que el ejecutor bajó del auto, y la segunda es la ubicada en 27 de Febrero y Lagos, que pudo haber captado el paso del auto”; “Estamos hablando de dos personas, una manejaba el auto y el otro fue el ejecutor”; “La víctima recibió seis disparos”.

A lo lejos, otra vecina que se identificó como Verónica y que conocía al Oso cargaba contra destino. “Tenía 20 mil amigos. ¿Dónde están? ¿Salieron corriendo? Uno que se fue en moto me gritaba: «Callate, gorda vigilanta. Ortiva. Callate la boca». Agarró la moto y se fue. Ellos tienen que saber quién lo mató. Este barrio se está volviendo un desastre como otros barrios de Rosario. Nosotros en el barrio tenemos un destacamento policial que está al pedo”.