"La droga es sólo un condicionante más"
Las carencias materiales, el empobrecimiento de los vínculos sociales y la escasa presencia del Estado son, para el psicólogo Gabriel Sánchez, un condicionante más fuerte en el problema del delito que la cuestión de las adicciones. Así lo entiende a partir de su experiencia de diez años de trabajo en el Programa Municipal de Sida y, desde hace cinco, en el centro de salud municipal Champagnat, de Castellanos al 3900, donde atiende a jóvenes de la zona más marginal de bulevar Seguí y Avellaneda y de la villa la Vía Honda.

Domingo 29 de Junio de 2008

Las carencias materiales, el empobrecimiento de los vínculos sociales y la escasa presencia del Estado son, para el psicólogo Gabriel Sánchez, un condicionante más fuerte en el problema del delito que la cuestión de las adicciones. Así lo entiende a partir de su experiencia de diez años de trabajo en el Programa Municipal de Sida y, desde hace cinco, en el centro de salud municipal Champagnat, de Castellanos al 3900, donde atiende a jóvenes de la zona más marginal de bulevar Seguí y Avellaneda y de la villa la Vía Honda.

Sánchez, quien considera que como psicólogo "no se puede ser especialista en adicciones" y trata a muchos jóvenes comprometidos con el consumo de estupefacientes, considera que la conexión entre droga y delito no es mecánica. Sino que está atravesada por otros condicionamientos: "No hay una linealidad entre droga y delito. La droga como sustancia en sí no lleva a ningún delito. El problema de base, la línea que lleva a la penalización, es el largo proceso histórico de estos jóvenes y del medio en el que viven".

Para el profesional, "en la cultura humana reprimimos cuestiones violentas que nos harían antisociales a cambio de beneficios. A medida que ese contrato se va empobreciendo nos encontramos con jóvenes que suponemos adictos y vinculados de algún modo al delito. Conozco familias de tres o cuatro generaciones sin un trabajo formal. Hace unos días estuve en un rancho de 3 metros por 3 donde tres pibes de 17 y 20 años viven sobre una cama de dos plazas. No tienen una silla ni un vaso. Al lado de esas condiciones de vida, la droga es un condicionante más", explica Sánchez.

¿Cuál es el horizonte para esos pibes? Según el psicólogo, la historia de vida "en cada caso se encarna de un modo singular. Tampoco hay una relación directa entre la pobreza, la criminalidad y la droga. Hay pibes que hacen unos esfuerzos terribles como para hacer otras cosas". En general, cuenta que los chicos en tratamiento "responden muy satisfactoriamente a las situaciones de contención y afecto, pueden crear lazos distintos, reconocerse en alguna filiación, valorizarse de otro modo. Pero la situación general es tan contundente que esto no alcanza si el chico no tiene dónde comer o dormir. Si el Estado no tiene recursos para brindar esa asistencia todo se hace muy cuesta arriba". Lo decisivo, entiende Sánchez, es "el empobrecimiento de la red social y de la presencia del Estado, que por un lado tiene que asistir estos problemas y por otra vía debe generar trabajo e inclusión social, posibilidades de trabajo, vivienda y salud".