"La conducta de los violadores escapa a los procesos de represión naturales"
Julio Nicolás C., el técnico químico que fue imputado de más de quince ataques sexuales en perjuicio de menores de edad, perpetrados tanto en Rosario como en el cordón industrial, encarnaba en el coqueto barrio Celulosa de Capitán Bermúdez el rol de un buen vecino. Sin embargo, detrás de ese muchacho educado y respetado se escondía otra persona.

Domingo 24 de Mayo de 2009

Julio Nicolás C., el técnico químico que fue detenido hace una semana imputado de más de quince ataques sexuales en perjuicio de menores de edad, perpetrados tanto en Rosario como en el cordón industrial, encarnaba en el coqueto barrio Celulosa de Capitán Bermúdez el rol de un buen vecino. Sin embargo, detrás de ese muchacho educado y respetado se escondía otra persona. Y esa duplicidad quedó registrada en el cuaderno de tapas verdes que los policías le secuestraron al momento de apresarlo y que tenía como carátula la inscripción "Que Dios nos bendiga". En las primeras hojas de esa libreta Julio anotaba la evolución de sus ahorros en pos del sueño compartido con su novia de comprar una casa para irse a vivir juntos. Y en las últimas, escritas de atrás para adelante,

 

los datos personales de las adolescentes de las que había abusado sexualmente. "Detrás de una persona decorosa o de buen proceder puede existir una persona violenta que tenga actos contrarios a la moral de nuestra sociedad", dijo al respecto el psicoanalista Jorge Degano, del Centro de Estudios en Psicología y Legalidad de la Facultad de Psicología de la UNR.

  Al irse conociendo detalles del lado oscuro de Julio Nicolás C. la gente no dudó en calificarlo como "monstruo" o "degenerado". Para Degano, "esas son posiciones morales. El violador como un monstruo humano. En realidad, de lo que se trata, es de la fascinación del crimen. Estas personas son odiadas, pero también existe una admiración morbosa porque muestran lo que nadie puede hacer. Que ellos pueden hacer lo que los demás no". Y agrega: "Lo que sucede es que muchos de los actos que estas personas llevan a cabo son aspectos que no han sufrido los procesos de represión que sí tenemos la mayoría de los que vivimos en sociedad".

 



 

Sólo en el mundo.

"Con esta cuestión de la mundialización, de la globalización, se ha olvidado el sujeto y la gente queda errante a sus pasiones. Ya no hay control social y la gente queda desprotegida a sus pasiones. Esto hace que se acentúen deterinados rasgos y a lo mejor el sujeto se ve llevado a profundizar aspectos psicopatológicos que en un contexto más contenedor de la cultura los podría controlar", analizó Jorge Degano.



 

  En este sentido, el psicoanalista dijo que "existe un abandono del sujeto por parte de la mundialización en procura de los objetos. Se perdió la contención social. El entorno de la palabra colectiva, de familiares o de quien sea, se fue resquebrajando de modo que sujetos como este muchacho, que antes encontraban una acallamiento de sus pasiones perversas por medio del control intersubjetivo y hoy están librados a sus pasiones. Entonces dispararan estos síntomas más allá de su voluntad", indicó el profesional.

 



 

 

Cuando surgen casos como el de Julio C., luego de la condena pública la pregunta que surge por naturaleza es: ¿El violador es recuperable? "Esa es una pregunta incontestable", dice Degano. "No tengo experiencia terapéutica directa con estos casos, pero he hablado con muchos de estos hombres. Y dicen lo que uno no puede escuchar con una naturalidad absoluta. El abordaje terapéutico de estas personas no sé si tiene buen pronóstico, lo que no quiere decir que no se pueda. Pero esta persona tiene que incorporar a su vida aspectos que ha rechazado o no ha incorporado", explicó.