Policiales

Jefe de una banda preso, condenado por robar un auto

Esteban Alvarado fue sentenciado a tres años de prisión en suspenso al ser considerado lider de una banda dedicada al robo y desguace de vehículos de alta gama, una investigación que nació en San Isidro

Miércoles 05 de Septiembre de 2012

"Loco dejame, tengo cuatro lucas en el bolsillo, son tuyas si me dejás rajar y aquí no pasó nada", dijo el detenido en el patrullero. Ante la negativa de los agentes que lo estaban arrestando por robar un auto, insistió: "No seas boludo, ¿qué pensás que sos, gil? Dejame ir, si no la agarrás vos la voy a poner en la comisaría o en Tribunales. Yo sé trabajar y tengo influencias, boludo". Una vez recibida esta propuesta, los policías intentaron requisar al sospechoso, que empezó a golpear su cabeza contra la reja del móvil al grito de "¡son unos giles, voy a denunciar que me pegaron y me sacaron plata!".

La escena se describe en el fallo de condena a tres años de prisión a un hombre de 32 años por robar un auto hace cinco años. Si bien la pena es en suspenso, Esteban Lindor Alvarado ya está preso desde hace un mes, acusado de liderar una banda dedicada al robo y desguace de vehículos de alta gama, una investigación del fiscal de San Isidro Patricio Ferrari.

Alvarado fue detenido el 3 de agosto por Gendarmería en un operativo que incluyó doce allanamientos en Rosario. Ferrari lo acusa de ser "jefe u organizador de la banda, asociación ilícita y encubrimiento" (ver aparte).

En este marco, la historia de esta condena por levantar un Fiat Duna de la calle a fines de 2007 semeja una de esas películas que relatan los orígenes y antecedentes de una saga que, en este caso, parece haber tenido capítulos de mayor vuelo en los años posteriores.

Robó y huyó. Según la resolución del juez de Sentencia Carlos Carbone, Alvarado llegó a juicio acusado de robar, el 28 de diciembre de 2007 al mediodía, un Duna estacionado en Cochabamba al 800. La dueña del vehículo llamó a la policía y al rato el auto fue detectado en Pellegrini y Felipe Moré. Allí un patrullero quiso detenerlo, pero el conductor escapó.

El joven fue perseguido hasta Garzón y Río Negro, donde se bajó del auto para huir corriendo. Entonces fue apresado por dos agentes que asentaron en el acta que Alvarado se resistió y quiso sobornarlos. Pero esta imputación no fue probada por lo cual luego fue sobreseído del cargo de cohecho.

En su versión, Alvarado se situó al volante de un camión del que había bajado a acomodar una lona cuando pasó un joven corriendo y luego se detuvo un patrullero. Dos policías lo hicieron tirar al suelo y le sacaron del bolsillo 5 mil pesos y un cheque. Afirmó que no había ningún Duna en el lugar y negó haber ofrecido dinero a los policías.

Si bien Carbone tildó de "ingeniosa" la coartada de Alvarado, "quizás producto de su experiencia en lides procesales", evaluó que las pruebas y testimonios ameritaban su condena. Entre ellos, relatos de vecinos de la cuadra donde fue detenido congruentes con la versión policial y no con la de Alvarado. Entre otros detalles, recordaron haber visto el auto rojo sustraído pero no el camión.

En este sentido Carbone desliza que ese rodado fue estacionado allí después. "La constatación de la presencia del camión en Garzón y Río Negro luego del procedimiento y de que el encartado declarara en sede policial en presencia de su abogado revela gravemente que el camión fue estacionado después del hecho conforme los testimonios de los policías y una testigo", dice el juez, para quien es "llamativo" que si el hecho fue al mediodía, "hora en la que el camión debió haber estado en el lugar, se lo reclame más de diez horas después sin que haya constancia policial sobre el referido vehículo".

Carbone condenó a Alvarado por el robo pero lo absolvió por el cargo de resistencia a la autoridad. "Al no constatarse lesiones en los policías surge una duda razonable respecto de si el forcejeo, admitido por el imputado", excedió "la normal reacción de quien es arrestado".

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