Policiales

Intimidades de un negocio familiar que comercializa drogas

Las escuchas expuestas en los fundamentos del fallo que condenó a la banda de Rosa Caminos muestran la cotidianidad de ese tipo de organizaciones.

Domingo 18 de Agosto de 2019

Hace poco más de un mes Rosa, una de las hermanas de Roberto "Pimpi" Caminos, fue condenada junto a diez personas como coautora del delito de tráfico de estupefacientes en la modalidad de comercio y agravado por la intervención organizada de tres o más personas. La sentencia alude a una organización fortalecida por el lazo sanguíneo que tenía como epicentro el barrio Municipal, por entonces llamado "Pimpilandia" por el peso específico de quien fuera líder de la "barra que nunca abandona" durante la presidencia de Eduardo López en Newell's.

Una suerte de pyme narco, según se expone en los fundamentos del fallo y sobre todo en las escuchas que muestran a la banda como una organización de venta de un producto que les genera sustento, con la particularidad —no menor— de ser una mercancía ilegal. No hay en este caso órdenes para ejecutar a competidores sino más bien la vida cotidiana de personas comunes con sus alegrías y miserias. Intimidades de un negocio familiar e ilegal.

Perchas

El 2 de marzo de 2016, una serie de 22 allanamientos sacudieron los cimientos de los barrios Tablada, Municipal, Saladillo y Villa del Tanque. Los operativos motivaron el desembarco en la ciudad de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich. Ese día se secuestraron 18 kilos de drogas entre cocaína y marihuana, tres autos, armas de fuego y sustancias químicas para estirar la cocaína.

Luego del operativo los investigadores dijeron que la organización comercializaba unos 30 kilos de droga por semana con una ganancia de 3 millones de pesos y revelaron que en el frente de los quioscos solían colgar perchas para identificar que había mercadería disponible.

Para la acusación la banda operó al menos entre el 2 de junio de 2013, cuando la Delegación Rosario de la Policía Federal Argentina abrió un expediente sobre un punto de venta en Quintana 78 bis, y el 2 de marzo de 2016 cuando se realizaron las detenciones. La pesquisa expuso que regenteaban seis quioscos de venta de droga.

Las principales acusadas fueron Rosa Caminos, de 49 años, y Antonella Agüero, de 27. Junto a ellas fueron enjuiciados el esposo de Rosa, Rubén Alberto "Curu" César; sus hijos Joana Marisel César y Yair Alejandro César; su yerno Rodrigo David "Pescado" Benítez, José Luis "Chueco" Jofre, Gustavo Daniel "Gusti" Herrera y Claudio Daniel "Perro" Flores. Todos recibieron penas de entre seis y ocho años de prisión. A Natalia Gisela Ortellao y Hernán Abraham Aguero se los imputó de una participación secundaria y fueron los únicos que tuvieron condenas de prisión condicional.

Lazos

La composición familiar de la banda de Rosa también expone el lazo sanguíneo que une, al menos en lo documental, a apellidos con peso específico en el hampa de la zona sur como son los Caminos y los César. Y por cercanía de negocios con los Agüero.

En los 153 páginas donde se desgrana el fallo condenatorio puede leerse la declaración de Rosa Caminos, la única de los acusados que hizo uso de la palabra. Y más allá de que la mujer utilizó muletillas ya expuestas por otros integrantes de la familia —"no quiero que me condenen por mi apellido"— puso en consideración infidencias de su vida familiar y vecinal.

Definió a los Caminos como "una familia en la que no son tan santos ni tan diablos", que "son unos pobres negros para la sociedad" y aseguró que sus hermanos "son todos trabajadores". Rosa, que afirmó ser portadora de VIH, también le advirtió al tribunal que la juzgó que "la calle no es como la policía se los pinta, que sólo el diez por ciento de eso es verdad, que el resto es mentira, que la policía roba y comete delitos".

La jefa de la organización aseguró que Pimpi "murió con todos sus secretos, así que la gente de arriba tiene que estar tranquila". En ese sentido sostuvo que si bien su hermano "se relacionaba con gente muy importante de la política, él ya murió y los familiares que quedaron no tienen nada que ver".

También resaltó que "los de arriba" no la dejan "tranquila" y que desde la muerte de su hermano soportó "un montón de problemas y balaceras, que esto no comienza con ella, esto sigue, que el apellido Caminos no termina con esto en Rosario".

Lo cierto es que, más allá del protagonismo que supieron tener sus hermanos Pimpi, "Tato" y "Rengo" en el paraavalanchas leproso, Rosa también ha protagonizado crónicas policiales. A veces por ataques que dijo haber sufrido en su vivienda lindera con el barrio Municipal de los que responsabilizó a su sobrino Alexis, hijo de Pimpi. Esas denuncias fueron confirmadas por vecinos del Municipal quienes apuntaron a Alexis como uno de los principales rivales de su tía Rosa.

"No hago ni para los chicles"

Pero más allá de las violentas situaciones propias de la actividad narco, las escuchas que determinaron la participación de los condenados como miembros de la banda también hacen trascender otros aspectos cotidianos sobre el manejo de un negocio familiar, con los típicos problemas y desavenencias que surgen en cualquier negocio y en cualquier familia.

Por ejemplo, en medio de una discusión por los turnos para atender una boca de expendio Joana le pide a Rosa, su madre, que intercediera ante su hermano ya que se sentía perjudicada al entender que el muchacho estaba más días a cargo de las ventas. "Mi turno es el lunes, que me deja entero el vivo. Y no hago ni para los chicles. El se agarra el miércoles a la mañana y a la tarde. Se agarra todo el martes. Me da el viernes y se agarra sábado y domingo. Tiene como cinco días", dice en una escucha la mujer de 32 años tratando de que su madre, a la postre condenada como la jefa de la banda, adecue el organigrama laboral para no ser perjudicada.

La organización de turnos también se reveló en una charla entre Rosa y su hijo Rubén, que le pregunta: "Mami, ¿la chata?". Rosa le responde que está "acá, guardada". El hijo le dice que la va a ir a buscar, porque se va a jugar. La madre le pregunta: "¿Y a qué hora venís?". Rubén responde que termina de jugar y se queda a comer. Entonces la mamá le advierte: "No, pará que yo te voy a decir. No me importa a mí lo que vos hagás, lo que me importa es qué hora venís vos, porque tu papá a las diez termina el turno, viernes y sábado". Rubén le dice que se quede tranquila, "a las 10 termina papi". Y ella responde: "No es por vos, es por mí". Entonces el hijo trata de negociar: “A las 10 o a las 11, al final...”. Y Rosa responde: “No, no, a las 10”.

Cuestiones de precios

Las personas que trabajaban en el negocio de Rosa no solían llamar a las cosas por su nombre sino por “metáforas”. Así, se refieren a “remeras”, “chombas”, “pollos” y “yerba” cuyos precios a veces cambian según el cliente o dependen del stock. En una llamada se escuchó a Joana preguntarle a su pareja “a cuánto le dejás la ropa”. O cuando Jofre le pide “veinte camisas especiales y lo que puedas de lo otro”.

   En otro pasaje Joana se comunica con Rosa, quien le explica que los “juegos de sábana” que compró para revender tiene que venderlos a 550 pesos con la plata, “según a quién”.

   El fallo también refleja mensajes de la clientela realizando pedidos: “Hola, soy la abuela de las melli, a cuánto el pucho, un kilo necesito hoy”. “Hola cómo hacemos, necesito un kilo de yerba, a cuánto, soy la mamá de...”.

   La logística del negocio familiar se devela cuando Joana le pregunta a Rosa donde está Pescado porque Curu lo necesita porque “ya está la ropa”. En otra conversación Rosa le dice a su hijo Yair que ya le “planchó la chomba esa gris con verde” y él responde que mañana al mediodía una persona “viene a buscar la remera que yo te pedí”. Otra charla de almacén: “Mami, ¿vos no tenés un pollo?”, pregunta el hijo. “Sí, sí, entero”, responde la madre, y aclara: “Pedí la plata primero”.

   En otra escucha Curu habla con una mujer a quien le provee droga. En un momento ella le dice si le puede “preparar las cosas —hablan de remeras— sin que ella las tenga que desarmar porque anoche se me hizo un quilombo bárbaro”.

Cosas de familia

En otra charla entre hermanos, Yair le cuenta a Joana: “Te aviso que papi le contó a mami que en el horario de Pescado manó a comprar un cigarro ¡y están discutiendo y encima le contó que hoy Rubén se había enojado con Pescado porque le quiso cobrar más caro el pan! Y le contó que Pescado está moviendo de a kilo ahí y en bolsita de residuos cuando está! Así que le dijo a mami que te cobre el kiosco como a Rubén”.

   Respecto de Antonella Agüero se destaca una conversación con su pareja: “Vos no vas hacer lo que querés, no es así mamá. Encima que tenés que andar haciendo de remís de comprar droga para los demás”. En otro llamado: “Gordi, decile a tu hermano que me dieron 15 días para sacar los muebles”.

   En otra comunicación, Yair le pide a su mamá que le alcance la llave del negocio porque su padre quería cerrar: “Decile a Rubén que traiga las llaves que anda Gendarmería a full y papi quiere cerrar”.

Ilegalidades

Claro está que por más que los Caminos hayan normalizado la venta de drogas como si fuera una actividad comercial, se trata de un negocio ilegal y por eso recibieron condena. En los fundamentos del fallo se indica que la organización estaba dividida por roles. “El lenguaje encriptado para referirse a las sustancias estupefacientes, haciendo uso de vocablos vinculados a la indumentaria (jeans, remeras, botines, chombas) o alimentos (huevo, pollo, pescado) implica un acuerdo previo entre ellos”, se explicó en la fundamentación.

   “También se advierte como pauta organizativa, la implementación de turnos en los puntos de venta”; “un patrón común en el modus operandi, el uso alternado de distintas líneas telefónicas por cada uno de los intervinientes, como de igual modo lo fue el funcionamiento alternativo de los búnker ubicados a lo largo de calle Quintana entre Esmeralda y Chacabuco”, según puede leerse en el fallo que fundamenta las condenas.

Un policía que fue condenado por proteger a vendedores

La investigación sobre la banda de Rosa Caminos tuvo a mediados de 2014 un desprendimiento. En las escuchas que se llevaban adelante sobre los integrantes de la gavilla se detectó que el policía Cristian “Gavia” Gelabert brindaba protección a varios puntos de venta de drogas en el barrio Tablada.

   En 18 meses de esa investigación (entre 2014 y 2015) Gelabert fue trasladado a la comisaría 20ª, en Empalme Graneros, portando sin saber esa pesquisa sobre sus espaldas. En las escuchas Gelabert se comunica con uno de sus compinches y le dice que para conseguir marihuana se comunique con “El Perro”, quien según la investigación que acusó a la banda de Rosa era Claudio Daniel Flores. El viernes 14 de junio pasado el Tribunal Oral Federal 3 condenó a Gelabert junto a cuatro policías y dos civiles por integrar una red de narcos amparada por policías.

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