Policiales

Hallan asesinada a una jubilada y es el décimo caso en lo que va del año

Tenía 72 años y la degollaron, un tipo de ataque que no aparenta tener que ver con el resto de la serie. Vivía sola. La agresión databa de unas 48 horas. Todo sugiere que fue en ocasión de robo.

Miércoles 14 de Julio de 2010

María Cristina llevaba tres días tratando de contactar a su amiga Nora. Habían acordado almorzar juntas el sábado pero ese día no logró comunicarse con ella. Tocó con insistencia el timbre de su casa de Rodríguez al 2600, la llamó repetidamente al celular y hasta le dejó una notita bajo la puerta. Dos datos la inquietaban: una luz prendida en el dormitorio y no escuchar los ladridos de la perrita que la jubilada de 70 años cuidaba con devoción. El lunes a la noche cedió al impulso de tantear el picaporte y la puerta se abrió. Un olor penetrante se mezcló con el frío de la esquina y entre los vecinos no dudaron en avisar a la policía.

“Esto es un homicidio. No entren”, confirmó las sospechas más temidas un efectivo que ingresó a la casa y encontró el cuerpo de Nora Pirovi marcado por cuchilladas profundas, sobre un charco de sangre en el piso del baño. La mujer había sido asesinada entre 48 a 72 horas antes y para la policía todo hace presumir que fue en una situación de robo. El dormitorio estaba completamente revuelto.

Una vida humilde. Lo extraño es que la mujer vivía en condiciones muy modestas. Percibía 800 pesos de jubilación como ama de casa y sobre ese monto le hacían descuentos. Cobraba otros 500 pesos por el alquiler del local de la esquina de Rodríguez y Gálvez, pegado a su vivienda. Allí funciona la agencia de loterías “A la cabeza”, que lleva más de un mes cerrada por vacaciones y reformas. La mujer además ganaba algunos pesos como modista. Tenía dos televisores que no fueron sustraídos y en la casa había muy pocos muebles.

La noticia por el asesinato generó alarma entre los vecinos, que conectaron el suceso con la saga de crímenes a ancianos de barrio Parque, cercano al lugar del crimen. Pero las autoridades policiales y de la provincia no inscriben el homicidio en esa secuencia. Un dato que lo diferencia es la modalidad del ataque: Pirovi fue asesinada con una cuchilla y con evidente saña. Un rasgo que no se había registrado en los casos agrupados como los asesinatos de barrio Parque (ver aparte).

Nora vivía sola en una vivienda de una planta de Rodríguez 2698, a una cuadra de estadio del Club Atlético Provincial. La casa de Nora se distribuye en L por detrás del negocio de la esquina, de modo que la ventana de su dormitorio da a la vereda sobre calle Gálvez. La jubilada tenía acceso a la agencia a través de una puerta interna. En el inmueble ninguna abertura había sido forzada, lo que reforzó la idea de que la misma víctima pudo haberles abierto la puerta a los agresores.

La mujer, contaron sus vecinos, era muy sociable y solía recibir gente asiduamente por sus trabajos de costura. Era soltera, activa, y llevaba más de 30 años en el barrio, sobre cuya denominación parece no existir coincidencia: los vecinos lo llaman alternativamente Parque Casas, Parque Casado o Jorge Cura. La jubilada había convivido en esa casa con su hermano, que falleció tres años atrás. Su único familiar era una prima. Hacía poco tiempo había realizado arreglos y trabajos de pintura en el frente de la propiedad.

“Ella charlaba con todo el mundo. El jueves fue el último día que la vimos. Yo la crucé al mediodía, otros los vieron a la tarde. Después me llamó la atención no ver ropa tendida desde la terraza. La verdad es que esto nos asombró a todos”, contó conmovida una conocida de Nora. El jueves pasado la mujer había cobrado la jubilación y, un día antes, el alquiler del local.

La casa de la modista fue visitada varias veces durante el fin de semana por María Cristina Kuczer, una amiga del barrio con quien estrecharon lazos cuando la mujer enviudó. “Salíamos a comer con otras amigas a la parrillita de 27 de Febrero y Ovidio Lagos. Habíamos quedado en encontrarnos el sábado y se lo recordé el lunes, cuando la crucé en la panadería. El martes a la tarde me llamó para avisarme que le habían arreglado el calefactor y fue la última vez que hablamos”, contó la mujer.

El sábado a la mañana llamó por teléfono a su amiga para recordarle que almorzarían juntas. “Ella era muy coqueta y había que avisarle dos horas antes porque le gustaba arreglarse y pintarse. No contestó. Era raro porque a ella le encantaba ir a comer. A la tardecita la llamé a sus dos celulares, fui a la casa y toqué timbre pero nunca contestó. Golpeé la ventana del dormitorio, esperé un rato en la esquina y me llamó la atención ver la luz prendida porque ella sólo gastaba 18 pesos de luz. Me preocupé”, relató María Cristina.

En ese momento recordó que Nora planeaba hacer un viaje con conocidos de un centro de jubilados donde tomaba clases de gimnasia. Pensó que no estaba y le dejó una notita por debajo de la puerta.

Pero el lunes alrededor de las 20 volvió a la casa y se encontró con el mismo escenario: “Se me ocurrió apoyarme en la puerta y de repente se abrió. Ahí sentí un olor feo. Justo pasó un patrullero y lo paramos”.

La advertencia. Entre quienes presenciaron la llegada de la policía estaba Néstor Rubicondi, desde noviembre el dueño de la agencia de la esquina. A la mañana había sentido un olor “muy fuerte” en el negocio y decidió ventilarlo. “Nora era una mujer buenísima, una señora de primera. La encontraron tirada en el baño”, dijo.

La policía detectó un gran desorden en el dormitorio, aunque el resto de la casa parecía no haber sido revisado. La mascota de Pirovi estaba encerrada en otra habitación. No había aberturas forzadas y un juego de llaves colgaba en la pared. Nora estaba en el piso del baño, vestida, sobre una gran mancha de sangre, con marcas de haber resistido un ataque cometido con saña.

Informe del forense. La autopsia practicada en el Instituto Médico Legal determinó que fue asesinada el feriado del viernes 9 de julio. Tenía una herida profunda en el cuello que la degolló, heridas de defensa en las manos y en los antebrazos y cortes en la nuca.

El cuerpo presentaba heridas contusas propias de golpes en el rostro y una herida profunda en el abdomen que le provocó evisceración. La herida le seccionó el intestino y llegó casi hasta la espalda. De eso deducen los investigadores que no pudo ser atacada con un simple cuchillo de cocina.

”Las puñaladas no pudieron ser realizadas con un cuchillo común porque son cortes netos, sin desgarro, efectuados con un arma blanca sin serrucho y muy filosa”, dijo el inspector de zona Daniel Cabrera. Según la fiscal Adriana Camporini, que examinó la vivienda ayer a la mañana, el cuchillo no fue encontrado en el lugar.

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