"Hace unos cinco años que no puedo parar"
"Todo empezó hace unos cinco años cuando paré con el auto en un paso a nivel a esperar el paso del tren y vi a una chica en la parada del colectivo. Entonces la obligué a subir aunque no estaba armado y quise violarla. Lo hubiese podido hacer porque la tenía sometida, pero me pesó el cargo de conciencia y al final desistí. Desde aquel momento no pude parar más". Así se expresó ante los investigadores Julio Nicolás S., el técnico químico de 31 años que fue apresado la noche del lunes en una estación de servicios de San Lorenzo acusado de una saga de ataques sexuales contra adolescentes tanto en el cordón industrial como en Rosario.

Jueves 21 de Mayo de 2009

"Todo empezó hace unos cinco años cuando paré con el auto en un paso a nivel a esperar el paso del tren y vi a una chica en la parada del colectivo. Entonces la obligué a subir aunque no estaba armado y quise violarla. Lo hubiese podido hacer porque la tenía sometida, pero me pesó el cargo de conciencia y al final desistí. Desde aquel momento no pude parar más". Así se expresó ante los investigadores Julio Nicolás S., el técnico químico de 31 años que fue apresado la noche del lunes en una estación de servicios de San Lorenzo acusado de una saga de ataques sexuales contra adolescentes tanto en el cordón industrial como en Rosario. Fue al declarar en la Jefatura de la Unidad Regional XVII, momento en que dejó con la boca abierta a sus interlocutores por la coherencia del relato, y la memoria con la que describió a sus víctimas y la forma en que las abordó.

El muchacho, que vive junto a su madre en Capitán Bermúdez y trabajaba en el sector de calderas de una reconocida empresa del cordón industrial además de dar clases particulares de física y química en su casa, se movilizaba en un Volkswagen Gol color gris plata, con patente 912, sobre el cual abusaba de sus víctima. Ante los investigadores reconoció una veintena de ataques pero, por ahora, se le atribuyen 8 violaciones cometidas entre el 4 de marzo de 2008 y el 15 de mayo pasado y otras tantas tentativas.

En los hechos cometidos en el Gran Rosario, las víctimas (de 11, 14 y 16 años) eran obligadas a subir al auto bajo amenazas con un cuchillo que fue secuestrado dentro del mismo vehículo, cuando esperaban el colectivo en alguna garita de la ruta 11. Desde allí las llevaba a algún descampado dónde abusaba de ellas.

El cuaderno verde. En tanto, en Rosario el abusador contactaba a las chicas mediante el chat y "las citaba en un bar para ofrecerles trabajo en un cíber o un boliche del que decía ser dueño. Charlaba con ellas y anotaba todos sus datos personales en un cuaderno verde con la excusa de contactarse con ellas. Después se ofrecía en acercarlas a sus casas en el auto pero desviaba el camino y las violaba", contó el portavoz. Los hechos en esta ciudad se registraron el 29 de diciembre de 2008 y el 19 de enero, el 11, el 14 y el 19 de febrero de 2009, en distintas zonas.

Todos los datos de las chicas quedaron no sólo asentados en ese cuaderno verde que ellas mismas reconocieron sino que fueron registrados en filmaciones y fotos que Julio S. sacaba con su celular y que después descargaba en su computadora, que fue secuestrada por los pesquisas. "Cuando le mostraron las imágenes en Jefatura, el tipo brindó con lujos de detalles los nombres de las víctimas, dónde trabajaban, en dónde se habían encontrado y otros detalles que nos llevan a pensar que tiene un registro de memoria muy fuerte", aseguró el investigador.

Pedido de ayuda.De la entrevista que el acusado tuvo con los pesquisas, surge que "es muy bien hablado, instruído, de buen pasar económico y buen vestir, pero con su autoestima por el piso". En este sentido, quienes estuvieron frente a él recuerdan: "Admitió que si no lo metían preso seguiría haciendo lo mismo porque no puede parar" en un claro pedido de ayuda tal como el que hicieron oportunamente el "violador del centro" y otros hombres condenados por delitos de idéntica factura.

Asimismo, Julio S. reconoció que atacaba a jovencitas porque "las mujeres mayores podían resistirse o golpearlo" y no lo hacía "sólo por una cuestión de contextura física sino también porque una mujer mayor podría haberlo enfrentado desde lo verbal", aseguran quienes escucharon su relato. Ahora, toda esa declaración el joven la deberá ratificar hoy ante el juez de Instrucción Eduardo Filocco.