Viernes 31 de Julio de 2009
"Los que me hicieron esto tienen que pagar. Espero que algún día los agarren, porque esto no es de personas normales". Alejandra Sciortino tiene 38 años y una familia detrás. Pronunció esas palabras, despojadas de rencor, pero con firmeza, desde la cama de un sanatorio privado donde fue a parar luego de que un grupo de delincuentes la derribara de su moto mediante una trampa que por muy poco no fue mortal. Los ladrones cruzaron un cable o soga sobre la calle, a mediana altura, y la mujer que conducía el rodado cuando ya era de noche literalmente se la llevó por delante.
La acción desplegada por los ladrones, que sólo desistieron de llevarse la moto porque unos vecinos de Alejandra acudieron en su ayuda, no fue gratuita para la mujer. Las lesiones que le causó la caída al pavimento, la mayoría focalizadas en la rodilla izquierda, la dejarán totalmente inmovilizada o postrada en una cama por más de un mes y, si todo sigue bien, un período de rehabilitación de un año.
Vecinos. "Lo más triste de toda la historia es que ocurrió a menos de dos cuadras de mi casa. Y los que hicieron esto son de mi barrio. Estoy segura de que me conocen porque yo tengo un maxiquiosco y hace diez años que vivo allí con mi marido y cuatro hijos", manifestó Alejandra, a menos de 48 horas de una operación en la que se podría decir que fue de alta complejidad: se le reconstruyó la rodilla con fragmentos óseos extraídos de la cadera. La intervención se completó con la implantación de cuatro clavos y un disco de platino.
El episodio que desencadenó ese cuadro ocurrió el domingo 19 julio, poco antes de ocho de la noche. Sciortino iba con su hija de 20 años en moto por calle Khantuta a la altura del pasaje 516 (España al 6300), en el sur de la ciudad. El nombre oficial del barrio es 17 de Agosto, pero también se lo conoce como Las Flores este, que está pegado a villa La Granada y detrás de lo que en un futuro no muy lejano será el casino de Rosario.
"Ibamos por Khantuta en dirección a Melián. Volvíamos de hacer unas compras y realmente veníamos a baja velocidad. Todo estaba oscuro y no tuve tiempo a reaccionar. Cuando me di cuenta ya tenía ese cable entre los labios y la nariz", recordó la mujer.
Alejandra embistió con su cara una cuerda o cable que dos o tres jóvenes del barrio habían cruzado sobre la calle, atándolo a dos columnas de alumbrado público. "Caí al suelo, me vi la cara llena de sangre, pero enseguida perdí el conocimiento. Cuando me recuperé un poco pensaba sólo en mi hija. Ella tuvo más suerte, salió ilesa", agregó.
Alejandra pudo reconstruir lo que ocurrió gracias e los testimonios de vecinos de Julio Acosta, su marido. Cuando ella se encontraba en el suelo y su hija pedía ayuda, dos o tres muchachos comenzaron a aproximarse hacia ellas con la intención de apoderarse de la moto.
Fuga y lesiones. La intervención de varios habitantes de la cuadra hizo huir a los ladrones sin que pudieran llevarse el rodado. Como consecuencia del topetazo contra el cable, Alejandra sufrió heridas cortantes en la cara y la caída al pavimento le provocó una fractura múltiple en la pierna izquierda.
Julio, que desde su casa, a unos cien metros del lugar del hecho, pudo apreciar gran parte de la secuencia de manera casual, cargó a su esposa en el auto y la llevó hasta el hospital Roque Sáenz Peña. De allí la derivaron a un sanatorio privado. En esa institución tuvo que esperar más de una semana para poder ser sometida a una intervención debido a que la pierna estaba demasiado inflamada.
Recuperación larga. Ahora, que las heridas en el rostro desaparecieron, y la operación en la rodilla fue positiva, a Alejandra la espera una larga rehabilitación. Antes deberá permanecer un mes inmóvil en la cama para luego comenzar de a poco a utilizar silla de ruedas y muletas.
Alejandra espera estar un poco mejor para poder declarar todo ante la policía. Su caso sólo quedó asentado como un accidente cuando ingresó al Sáenz Peña y quiere.aportar toda la información posible para que los que le hicieron daño paguen de alguna forma.
Nazareth
Alejandra Sciortino era vecina de Nazareth Melgarejo, la mujer de 31 años que fue asesinada de un disparo en la cabeza la noche del 16 de junio de 2004 en la puerta del almacén del ex barrabrava leproso Oscar Cacho Lucero. Ese crimen permanece impune. El propio Lucero aseguró por entonces que la agresión no iba dirigida a ella sino a él.