Policiales

Golpean a un hombre en su casa y le roban 5 mil pesos y varias alhajas

"Lo que más bronca me da es haber caído como un gil". Alcides Rossi tiene 78 años y el Día de la Primavera no la pasó nada bien. Tres hombres jóvenes, "con apariencia universitaria", como él mismo los definió, ganaron el interior de su departamento de pasillo de Callao al 1500 y le robaron 5 mil pesos y varias alhajas. Pero para llegar hasta la casa, una de las 20 coquetas viviendas que hay en el pasillo, los ladrones lograron franquear sin violencia la puerta de acceso al lugar.

Miércoles 23 de Septiembre de 2009

"Lo que más bronca me da es haber caído como un gil". Alcides Rossi tiene 78 años y el Día de la Primavera no la pasó nada bien. Tres hombres jóvenes, "con apariencia universitaria", como él mismo los definió, ganaron el interior de su departamento de pasillo de Callao al 1500 y le robaron 5 mil pesos y varias alhajas. Pero para llegar hasta la casa, una de las 20 coquetas viviendas que hay en el pasillo, los ladrones lograron franquear sin violencia la puerta de acceso al lugar. "Quizás alguien les abrió por el portero. Ellos aprovecharon que yo estaba cerrando la puerta de mi casa, me hicieron un tacle y me tiraron al carajo", recordó este contador jubilado que sufrió una contusión en la cara.

Alcides es un hombre precavido. De esos que a sus vecinos les hace observaciones permanentes respecto a la seguridad. Y es por eso que el robo que sufrió, además de dolerle en el cuerpo, también le rozó el orgullo. "Tomé todas las precauciones. Entramos con Catalina (de 82 años y 35 trabajando para la familia de la víctima). Esperé que se cerrara la puerta del frente. Revisé la correspondencia del buzón y después fui a mi departamento. Pero me agarraron como a un gil", rememoró el hombre que enviudó hace 14 años.

Un lugar apacible. Callao entre Zeballos y Montevideo es un lugar deseable para vivir. Sobre la vereda de los impares, a mitad de cuadra, se abre el pasillo donde vive Alcides. Veinte departamentos a lo largo de 50 metros a los que se llega tras tocar portero eléctrico. "El problema que tiene la puerta de calle es que cuando se cierra demora un poco. Es para que no se golpée. Y a lo mejor aprovecharon eso para entrar", indicó una vecina del pasillo. "Por favor cerrar la puerta con llave de 21 a 7, por razones de seguridad", sugiere uno de los carteles pegados en el frente del condominio.

El lunes a las 16, Alcides y Catalina regresaron al departamento en un taxi. "Fue una salida circunstancial. Tuve que ir al pedicuro", recordó el hombre con cierto pudor. Abrieron la puerta del pasillo, entraron y el hombre se quedó revisando la correspondencia. Alcides está convencido de que la puerta se cerró, y por eso caminó 40 metros hasta su vivienda ambientada como en los años 70, con cientos de discos de vinilo que fue coleccionando su hijo melómano y ordenados en el living.

Alcides abrió la puerta, Catalina entró y cuando el hombre se disponía a cerrar, un muchacho se paró ante el y le hizo una pregunta. "«¿Esa moto es de César?», me preguntó. Yo le dije que no, que era de una vecina que es bioquímica. No terminé de contestarle que me hizo un tacle (por la jugada rugbistíca) y me tiró al carajo", recordó el hombre que cayó pesadamente boca abajo y golpeó su cabeza contra una mesa ratona con base de mármol. Entonces ingresaron otros dos maleantes.

"Yo vi pasar a Alcides y Catalina y detrás a esos tres muchachos. Pero no les di importancia porque acá hay 20 departamentos y mucho movimiento. Ahora que lo pienso, menos mal que no salí. Porque me hubieran robado a mí también", reflexionó una vecina bajo la lluvia.

Víctima controlada. "Después de tirarme al piso, se me subió a cocoyito y no me dejaba mover", relató Alcides acerca de la acción del delincuente. "Apenas entramos yo me fui al baño. Cuando escuché el golpe salí, me asomé y un hombre me tapó la boca. «Callate la boca que esto es un robo»", agregó Catalina. "Todo fue muy raro, porque estaban bien vestidos, parecían universitarios y estaban muy apurados", recordó la mujer. Los maleantes se repartieron las tareas y uno fue directamente a la habitación de Alcides. "Me dieron vuelta todos los cajones hasta que encontraron dinero", explicó el jubilado. "Estuvieron más o menos una media hora", analizó.

"Sólo querían la plata, pedían la plata", rememoró la víctima. El apego por el efectivo hizo que los ladrones sólo se alzaran con el dinero y algunas alhajas. "Se llevaron una caja donde mi esposa tenía varios relojes que coleccionaba y algunos se les cayeron por el pasillo", relató Alcides. Tan enceguecidos estaban que dejaron otros objetos de valor, entre ellos una moto de 110 centímetros cúbicos a estrenar. "El problema que tenemos en este país es que las leyes están, pero no tenemos Justicia", concluyó con amargura Alcides, quien denunció el robo en la comisaría 6ª.

Recuerdos

Carlos, uno de los hijos de don Alcides, es camarógrafo de uno de los canales de cable de Rosario y amigo de Fito Paéz. Algo que Alcides recordó ayer. "Estos chicos venían mucho a esta casa. Un día llegué de trabajar y escuché el grito de una gallina bataraza que carareaba mal. Entré y pregunté: «¿Quien canta así?». «Yo», me respondió Fito".

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