Viernes 21 de Agosto de 2009
Una banda de paleteros dio ayer un osado golpe en una coqueta casa de tres plantas ubicada frente al club Plaza Jewells, en Echesortu. Tres ladrones, con marcado acento cordobés, ingresaron a las 4 de la mañana sin forzar las cerraduras y maniataron a cinco personas, a las que sorprendieron mientras dormían. Exhibiendo armas de fuego, enceguecieron a sus víctimas con potentes linternas y los maniataron con cordones de zapatillas, todo eso utilizando guantes de látex y estando en permanente contacto vía Nextel con un cuarto integrante, que estaba fuera del recinto. Durante media hora, los visitantes reclamaron por "la plata grande de la empresa".
"No queremos fotos y tampoco hablar. A mi marido lo golpearon y esto es un llamador. Porque nos robaron, y si sale publicado en el diario van a volver a robarnos", dijo a manera de escueto resumen María G., de 57 años, una de las cinco víctimas del atraco. Lo hizo mientras en su vivienda se reforzaban las cerraduras de los ingresos principales. Los ladrones se llevaron, según voceros de la pesquisa, 3 mil dólares, 2 mil pesos, algunas alhajas (entre ellas varios Rolex), una notebook, una consola de juegos y tres celulares.
Un lugar señorial. El pasaje Benjamín Gould tiene una cuadra y media de extensión y es reconocido porque a la altura del 800, entre Rioja y Córdoba, se encuentra la sede y el ingreso a la cancha del club Atlético del Rosario. Allí, sobre la vereda de los pares, se levanta una serie de señoriales viviendas. Una de ellas, de tres plantas y portero eléctrico, fue el blanco seleccionado por la banda golondrina de paleteros cordobeses. En su modo, el golpe no tuvo mayores diferencias con los acontecidos en otras localidades de la provincia.
Según confiaron fuentes de la investigación, el golpe comenzó cerca de las 4 de la mañana cuando tres delincuentes ingresaron a la casa y redujeron a una mujer de 88 años que reside en la planta baja. Con la mujer dominada, subieron un nivel y fueron al dormitorio donde descansaban María G. y su esposo, Ricardo S., de 61 años, y los dominaron. Por último se concentraron en los dos hijos de la pareja: un muchacho y una joven de entre 18 y 25 años. Los pesquisas confiaron que los delincuentes fueron "autoritarios" pero con un trato "educado".
Las víctimas despertaron de su sueño encandiladas por potentes linternas. Una vez reducidas, el trato fue a los empujones. Ninguna de las víctimas, según las fuentes consultadas, dijo haber visto armas de fuego. Utilizaron guantes de látex y los dejaron atados con cordones de zapatillas que tomaron del lugar. Uno de los hampones, quien llevaba la voz de mando, se comunicaba con un cómplice que estaba fuera de la vivienda mediante un Nextel. Los ladrones le reclamaron reiteradamente al dueño de casa, un empresario ligado al sector siderúrgico, por "la plata grande de la empresa". También pidieron que se los condujera hacia "la caja fuerte". Estuvieron en la vivienda cerca de 30 minutos y ninguna de las víctimas pudo observar en qué vehículo se marcharon.