Fue internado en el Heca tras ser baleado y ahora le imputan el crimen de una mujer
Le dispararon a fines de febrero en la zona sudoeste. Luego quedó acusado por un homicidio ocurrido veinte días antes. Tiene prisión preventiva hasta mayo.

Lunes 28 de Marzo de 2016

El lunes 29 de febrero Miguel Angel Giuponi fue atacado a balazos mientras iba junto a su hijo de 10 años en un carro tirado a caballos por la zona de 27 de Febrero y Provincias Unidas. Dos personas desde otro carro le efectuaron varios disparos y desde entonces lucha por su vida en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca).
  Pero más allá de sus heridas, el hombre de 31 años quedó detenido en el nosocomio como principal sospechoso de haber gatillado contra Alejandra Alba Gorosito, una mujer de 45 años asesinada el último 10 de febrero en una zona rural olvidada y de extrema pobreza en el límite con Pérez. Un crimen por el que finalmente fue imputado y por el cual el juez Juan Andrés Donnola le dictó la prisión preventiva hasta el 7 de mayo.

Familias. El ataque a balazos contra “Rulo” Giuponi fue el último capítulo conocido en el enfrentamiento de dos familias afincadas en inmediaciones de Camino de los Indios y 27 de febrero al 8800, un punto perdido en el mapa del oeste del Gran Rosario. Un lugar en el triángulo de campo que separa los barrios Cabín 9 y Santa Lucía, jurisdicción de la comisaría 32ª. Un sector rural epicentro de una espiral de violencia que impide distinguir a víctimas de victimarios, ya que ambos conviven en el mismo territorio y cambian de roles según las circunstancias.
  La disputa comenzó cuando la familia rival le robó un caballo a la esposa de Giuponi. “Lo robaron y lo carnearon delante nuestro”, comentó un pariente de Rulo en la guardia del Heca cuando éste aún estaba en terapia intensiva.
  Luego de ese incidente la casa de Giuponi fue tomada por asalto y vaciada en un robo en octubre pasado. En ese hecho uno de los intrusos le puso una pistola en la cabeza a un hijo de Miguel, de 10 años, lo que terminó con cualquier posibilidad de acercamiento.
  Un tiempo después Giuponi y “El Tarta”, su contrafigura en la familia rival, cayeron detenidos por agresiones mutuas. Y al salir El Tarta amenazó con matar a cada uno de los integrantes de la familia del carrero. El miércoles 27 de enero el cuerpo de Miguel Angel Canteros, un sobrino de Giuponi de 16 años, apareció al costado del camino asesinado con varios puntazos en su cuerpo. La familia del pibe apuntó al Tarta y su gente.

Paz. Dicen que Alejandra Alba Gorosito era feliz. Tenía cinco hijos y un año atrás había llegado a la zona rural que limita con Cabín 9 desde Villa Luján, en Quilmes, para reencontrarse con una hermana con la que había perdido contacto 20 años antes. Buscaba paz y tranquilidad, alejarse de los conflictos que se vivían en el conurbano bonaerense.
  En un terrenito que le dio su hermana, Alejandra junto a su compañero Luis Eduardo comenzaron a edificar un sueño para compartirlo con sus hijos de entre 2 y 27 años. Vecinos del Tarta, vivían en una humilde casilla de chapa y madera, con el baño afuera. Su patio era un desfile de perros, gatos y animales de corral, mientras Luis se ganaba la vida cartoneando y fabricando ladrillos. Pero sin saber quedaron en medio de la zona de conflicto entre las dos familias en pugna.
  La noche del miércoles 10 de febrero Luis hizo asado de falda. Alrededor de las 21 Alejandra había terminado de bañarse y sentada sobre un balde plástico buscaba un desahogo para las intensas jornadas de calor en medio de una profunda oscuridad. Fue entonces que se escucharon gritos: “¡Tarta, Tarta!”. Pero El Tarta nunca se asomó. Se escucharon tres disparos y el galope de un caballo.
  “Estaban ahí y gritaron tres veces el nombre del Tarta. Después empezaron a tirar. Alejandra apenas se levantó de la silla y un balazo le entró por abajo del brazo, le destrozó todo”, recordó Luis.
  “Ella estaba contenta porque íbamos a hacer en el terreno de al lado la casa de material. Trabajamos con ladrillos, tenemos un caballito y los vendemos. Y yo a veces vendo cartones. No sé qué hacer ahora. Tengo cinco hijos chicos, el menor tiene 2 años y ahora me tengo que disfrazar de mamá y papá”, reflexionó.

“Mandan ellos”. La frase de una vecina sirve para contextualizarlo todo: “Acá mandan ellos (por El Tarta). No hay gobierno ni policía que se meta en estos caminos de tierra. Esta parte de la ciudad no le importa a nadie. Valemos una bala, ese es nuestro precio”.
  Luego del crimen, el fiscal Adrián Spelta ordenó detener a tres personas que viven a menos de 200 metros de la casa de los Gorosito, en una vivienda más que precaria cercana a un monte. Los identificaron como Juan Carlos G., Sergio Daniel B. y Verónica Milena V., todos de 29 años.
  Luego Giuponi sufrió la venganza y quedó internado a disposición de la Justicia. Días atrás en una habitación del Heca fue imputado por el crimen de Gorosito. El detenido dijo no haber ido nunca a la escuela y no saber leer por lo cual no pudo firmar el acta de la audiencia. Y al no haber un tintero tampoco pudo poner su registro dactilar al pie del acta.
  El fiscal Ademar Bianchini lo acusó del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, además de la portación. La audiencia fue presidida por el juez Juan Andrés Donnola y Giuponi fue asistido por la defensora oficial Melania Carrara, quien solicitó una morigeración de la prisión preventiva ante el requerimiento fiscal de una detención sin plazos. Llamado a dirimir, el juez Donnola resolvió dictar la medida cautelar hasta el 7 de mayo.