Falleció el policía baleado durante un intento de robo en un supermercado
Los familiares del policía Eliseo Ramón Mansilla, quien fue baleado en la cabeza durante un intento de robo a supermercado de zona sur, no se movieron un solo instante de la sala de guardia del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca). Sus padres, hermanos y otros allegados sabían que los médicos habían hecho todos los esfuerzos, pero la vida del agente seguía —o siempre estuvo— desde que ingresó al centro médico agarrada de un hilo...

Viernes 16 de Abril de 2010

Los familiares del policía Eliseo Ramón Mansilla, quien fue baleado en la cabeza durante un intento de robo a supermercado de zona sur, no se movieron un solo instante de la sala de guardia del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca). Sus padres, hermanos y otros allegados sabían que los médicos habían hecho todos los esfuerzos, pero la vida del agente seguía —o siempre estuvo— desde que ingresó al centro médico agarrada de un hilo. Los daños irreparables en el cerebro rápidamente comenzaron a afectar el funcionamiento general del organismo y sobre la media tarde, el sargento ya presentaba complicaciones cardiológicas que finalmente le provocaron la muerte poco antes de las 18.
  Mansilla,cayó malherido el miércoles a las 12.45. El policía se encontraba en ese momento de civil con su hija Micaela, de 10 años, en el interior del supermercado “Nini”, en Virasoro 2180, cuyos propietarios son de origen oriental. A esa hora, según fuentes policiales, ingresaron dos delincuentes, uno de los cuales empuñaba un revólver. Los asaltantes habían llegado en una moto que dejaron estacionada sobra la vereda. Después, uno de ellos se dirigió hacia una de las cajeras y el otro avanzó hacia el interior del comercio. Mansilla al parecer advirtió que estaba produciendo un asalto y decidió intervenir.
  En ese momento, el sargento empujó a la nena hacia atrás e intentó esgrimir su arma reglamentaria, pero uno de los asaltantes le disparó primero sin darle chances de defensa. Mansilla, quien tenía 34 años de edad y 14 de policía, recibió un balazo en el ojo derecho y el proyectil cruzó casi la totalidad del cráneo. Los delincuentes escaparon en la misma moto en que llegaron. La víctima fue auxiliada por efectivos de la Patrulla Urbana, que la cargaron en una camioneta para llevarla al Heca, donde ayer falleció. Los investigadores del crimen no tenían hasta ayer pistas firmes sobre los autores del hecho.
  Poco antes de que se produjera el deceso de Mansilla, familiares del policía hablaron con La Capital. “Espero que la gente sepa que detrás de un policía hay un hombre de carne y hueso que también es padre”, manifestó Mirta, una tía del nombre asesinado. A su lado, en silencio pero asitiendo cada palabra estaban Domingo y Yolanda, los padres, y Elisea, una abuela del sargento abatido. Ellos prefieron no hablar. El dolor ante el final que parecía inminente los dosblegaba y decidieron que fueran dos de sus hijos los que hablen con este diario.
  
El mayor. Ramón, como lo llamaban en el seno de la familia, era el mayor de cuatro hermanos. El más chico, Brian, tiene 16 años y estudia en la escuela secundaria. Los otro son, de mayor a menor, Carina, de 30; Cristian, de 27, también policía, y Héctor, de 24. Domingo y Yolanda vivían en Añatuya, Santiago del Estero, cuando nació el primero de sus hijos. Cuatro años después llegaron a Rosario para instalarse primero en inmediaciones de La Lata y luego en barrio Alvear.
  “Ramón siempre quiso ser policía. Lo hizo por vocación. El actuó de esa forma porque era policía. El no hacía adicionales en ese súper. Tenía amigos allí y hasta solía ir a comer. Además, el era incapaz de exponer a su hija”, manifestó a este diario Héctor. Ramón entró a la policía hace 15 años y durante ese tiempo pasó por la seccional 11ª, el Comando Radioeléctrico, el destacamento Pueblo Esther de la Guardia de Seguridad Rural y finalmente la seccional 17ª de Fisherton.
  Al momento de ser baleado dentro del supermercado chino, Ramón se encontraba de licencia con carpeta médica. En 2007, cuando ya prestaba servicios en la 17ª, sufrió un accidente de tránsito que le causó heridas severas en una pierna. Según contaron sus familiares, ocurrió cuando el muchacho se movilizaba en una camioneta oficial para realizar trámites de rutina en los Tribunales Provinciales. Debido a las lesiones que sufrió, los médicos debieron colocarle varios clavos en la pierna. Eso hizo que el policía tuviera que ausentarse del trabajo durante un largo tiempo. “Cuando lo cosa parecía mejorar, se reincorporó. Pero a los pocos meses comenzó a tener complicaciones. Los clavos eran rechazados o se le infectaron y lo cierto es que empezó a tener temperatura en la pierna. Por eso volvió a pedir licencia”, rememoró Héctor.
  Según contó a este diario, la mañana del miércoles, es decir poco antes de ser baleado, Ramón había pasado por las oficinas de Medicina Legal para realizar trámites consernientes a la lesión. Ya en ese momento estaba acompañado por Micaela. “Es un excelente padre, es capaz de dar todo por la nena. Hace siete años que se separó de la mujer y siempre vivió con la nena. Ella es todo para él”, contaba Héctor, poco antes de conocerse el desenlace.