Policiales

Ex policía y remisero fue condenado por matar al marido de una pasajera

Alejandro Julín fue sentenciado a 12 años por el homicidio de Pedro Fabián Vallejos, ocurrido en agosto de 2012 en Cabín 9. La Cámara Penal ratificó la pena contra el chofer.

Lunes 10 de Agosto de 2015

Un policía en disponibilidad que trabajaba como remisero fue condenado a 12 años de prisión por matar a un supuesto ladrón que junto a un cómplice lo había abordado en el vehículo de alquiler. Durante la pesquisa del hecho, ocurrido en 2012, surgió una trama en la que no se descartan cuestiones de polleras. Es que un par de horas antes del crimen el ex empleado policial había hecho un recorrido en su auto con la mujer del hombre al que finalmente ejecutó de varios disparos.

Al confirmar la condena, la Cámara Penal entendió que si bien pudo existir el intento de robo, no se configuró una legítima defensa como esgrimió el imputado ya que la víctima fue casi ajusticiada de seis disparos de frente y por la espalda a un metro de distancia.

Primera versión. La información oficial que se divulgó el 12 de agosto de 2012 daba cuenta de que ese día, cerca de la 1.45, un remisero había matado de varios balazos a un pasajero que intentó asaltarlo en Las Palmeras y El Zorzal, en barrio Cabín 9 de Pérez. Según dijeron entonces fuentes de la Unidad Regional II, el policía en disponibilidad Alejandro Julín había sido convocado desde la base de la remisería Cinco Estrellas para la que trabajaba con su Renault Logan para tomar un servicio en Teniente Agneta al 3500.

Desde allí trasladó a dos hombres que le pidieron ir al bar "Las Gatitas", en avenida Godoy y Las Palmeras, y al llegar los pasajeros mostraron intenciones de robo. Según la versión del acusado, el que estaba sentado del lado del acompañante esgrimió un revolver calibre 22 y le exigió la recaudación. Pero mientras el maleante intentaba sacar las llaves del auto y un GPS, Julín forcejó y le arrebató el arma. La secuencia posterior mostró al cómplice en fuga y a Pedro Fabián Vallejos, de 36 años, muerto a un costado del auto con seis balazos.

En la escena del delito la policía encontró una pistola Bersa calibre 22 junto al cuerpo de la víctima, la misma que supuestamente portaba y terminó con su vida.

La mujer. Pero lo más sugestivo sucedió un rato antes. En la instrucción del caso el juez Alejandro Negroni determinó a través de testimonios que Julín había tenido un contacto previo con Mariana Lorena E., concubina de Vallejos, un indicio que impregna el hecho de misterio y lo asemeja a un culebrón. Al declarar en Tribunales, la mujer admitió que cerca de las 21 de sábado 11 de agosto de 2012 estaba en casa de una hermana desde donde pidió un remís a Cinco Estrellas para volver a su domicilio.

Hasta allí llegó Julín para tomar el servicio. Como si fueran conocidos de antes, en minutos la pasajera y el chofer entablaron un vínculo amistoso. A tal punto que ella le confió su preocupación porque hacía 24 horas que no sabía nada de Vallejos, quien había desaparecido con el auto de la familia.

Entonces emprendieron una recorrida juntos por lugares donde Mariana suponía que estaba su marido. Primero en Larrea y Presidente Quintana y luego en Viamonte al 5300, donde vieron el auto. La mujer contó que se puso a llorar porque había ubicado el auto y suponía que su marido estaba a salvo en la casa de un amigo que vivía allí.

Así, según la versión de la mujer, mientras esperaban un móvil del Comando Radioeléctrico en Camilo Aldao y Viamonte el remisero le sugirió: "Flaca, ¿querés que a tu marido lo haga desaparecer?", a lo que ella contestó que no, que estaba loco. Siempre según esa versión, dijo que Julín mostró un arma de fuego que estaba en un estuche "marrón oscuro y además era chiquita".

En ese marco, la mujer alcanzó a ver a un amigo de su marido apodado "Lechón". Pero cuando quiso bajarse del auto para preguntarle por Vallejos, Julín no la dejó. "Te dije que no me quemes el auto, o no te conozco ni me conocés", la increpó.

Camino a la seccional 19ª donde la mujer denunciaría el hallazgo del rodado vieron un patrullero. El remisero paró y convenció a los agentes de que acompañaran a Mariana hasta donde estaba el auto. Antes le había prometido a la pasajera utilizar sus influencias en la policía.

Borracho. Mientras la mujer subía al patrullero, el Renault Logan de Julín se perdió en las calles. Un rato más tarde la mujer acudió con la policía a la casa de Viamonte al 5500 donde vivía el amigo de Vallejos. Allí la atendieron una joven y un muchacho que le entregaron las llaves del auto y le confirmaron que su marido estaba allí, "borracho" y tirado en una silla.

Lorena se fue sin indagar mucho más sobre su pareja y enfiló a la comisaría para dejar constancia de la desaparición y posterior hallazgo del rodado. Al parecer no mostró más inquietudes sobre Vallejos.

El posterior recorrido del hombre que un rato más tarde sería asesinado lo contó una de las personas que estaba en la casa. Dijo que "no estaba totalmente ebrio", que lo acompañaron hasta la puerta, que caminó por la vereda, dobló en Viamonte y Larrea y no se lo vio más.

La dueña de la casa dijo en Tribunales no saber si Vallejos tenía problemas con alguien, pero expuso que era "cornudo" porque escuchó después que quien le había disparado era "el macho de su mujer", un remisero que tenía "relación con la policía de barrio Godoy".

El manto de dudas se posa sobre una cronología poco clara que mostró a Vallejos supuestamente borracho en la casa de su amigo, pero un rato después apareció asesinado por el hombre que horas antes había ayudado a su mujer a encontrarlo.

Apelación. Si bien Julín brindó la versión del intento de robo, terminó condenado por el Tribunal de Sentencia Nº 4 a 12 años de prisión por homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso con portación ilegítima de arma de fuego de uso civil, pena que había solicitado la fiscal Graciela Argüelles.

La defensa del ex policía apeló esa resolución; primero pidió su absolución del delito de portación ilegítima de arma de fuego de guerra y luego, respecto del crimen, pidió que se encuadre en la figura de homicidio simple en legítima defensa.

La controversia quedó bajo análisis de un Tribunal de la Cámara Penal integrado por los jueces Carlos Carbone, Guillermo Llaudet Maza y Adolfo Prunotto, que hace pocos días confirmó el veredicto de primera instancia con voto mayoritario.

Durante la audiencia el camarista Llaudet Maza brindó algunos aspectos de la sentencia, y no eludió el trasfondo del caso al referirse al sugestivo viaje del remisero con la mujer o ex mujer de la víctima. En ese sentido recordó la elocuente declaración de la joven dueña de la casa donde pasó sus últimas horas Vallejos.

Además, remarcó que el supuesto forcejeo recreado por el imputado se esgrimió como “un mero refugio para tratar de ocultar su conducta, ya que al ser ex personal policial debía tener un manejo de las circunstancias”.

Sin forcejeo. Según lo señalado no puede desestimarse con certeza la existencia del robo, a pesar de lo cual el análisis se relaciona con la forma y modo en que resultó lesionado Vallejos dentro de las circunstancias que pueden darse por acreditadas”, analizaron los camaristas. Y para derribar el argumento de legítima defensa alegado por Julín, los jueces se refieren puntualmente a la mecánica del hecho, comprobada por pericias balísticas y la autopsia que constató los seis disparos efectuados por el ex policía.

Los jueces dicen que el remisero alude a un forcejeo a consecuencia de lo cual se produjeron los tiros efectuados con la pistola Bersa calibre 22 que le arrebató a Vallejos, pero no se hallaron signos de violencia dentro del auto.

Y sobre el momento en que se produjeron los disparos fatales, quedó acreditado que las heridas de Vallejos no son compatibles con un forcejeo por “el modo en que se desencadenaron los disparos”. Es que según una reconstrucción de la Policía Científica, se constata que el agresor le disparó de frente, mientras que los de mayor letalidad “fueron efectuados con la víctima de espaldas al tirador” y a un metro de distancia.

El Tribunal dedujo que si primero el arma fue extraída por el fallecido, en un momento posterior “pasó a manos de Julín y efectuó los disparos cuando el otro carecía de defensa ni peligro inminente que autorizara esa conducta”.

Demostrada. Por esas razones y una carga probatoria abundante, la Cámara Penal consideró “demostrada la responsabilidad penal del acusado como autor del homicidio agravado por el uso de arma de guerra”, por lo cual se confirmó la pena de 12 años de prisión para el remisero.

No obstante, el ex policía fue absuelto del delito de portación del arma por el “breve término que la tuvo en su poder”.

Como ya pasó dos años cuatro meses y tres días detenido, la pena que le resta cumplir a Alejandro Julín es de 9 años, siete meses y veintisiete días de prisión, con vencimiento el 7 de Agosto de 2024.

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