Martes 02 de Junio de 2009
Una impecable secuencia de video puso en un brete a la joven productora de TV rosarina que hace
una semana denunció haber sido retenida y drogada por un taxista en su departamento porteño. Las
imágenes obtenidas por los investigadores la muestran ingresando sola y por su propia voluntad a un
hostel del barrio de Palermo. Y fueron capturadas por las cámaras de seguridad que toman la puerta
del establecimiento.
La situación, descubierta por efectivos de la comisaría 31ª de Capital
Federal, se parece muy poco a un secuestro. El caso es investigado por la fiscal de instrucción
porteña Marcela Sánchez quien ordenó secuestrar el video y analiza la posibilidad de imputar a la
chica, Virginia, de 24 años, por falsa denuncia.
El vuelco en la investigación del caso se dio a partir de que a la
seccional llegó un dato que señalaba que la chica había estado en el hostel Solar Soler, ubicado a
cinco cuadras del edificio donde ella vive. Una brigada policial requirió los registros de video de
los días previos a la denuncia. Y al examinar las imágenes en un momento detectaron la silueta de
la muchacha entrando libremente al lugar, situado en la calle Soler casi Bonpland.
La complicada situación para la joven, en apariencia, fue propiciada por
ella misma. Es que Virginia ratificó a la fiscal Sánchez la semana pa-sada que había sido raptada,
amenazada y drogada por un taxista, cuando la funcionaria judicial le fue a tomar declaración
personalmente a la clínica La Trinidad de Palermo, donde estaba internada por una sobredosis de
paracetamol que le afectó el hígado.
Fin de semana largo. La versión de la chica indicaba que el sábado 23 de mayo ella
había tomado un taxi en la puerta del hotel Savoy de Callao al 100 —donde estaba junto a un
grupo con el que iba a viajar por su trabajo en la productora de televisión de Cris Morena—
rumbo a su casa en Palermo.
Según el relato de la joven, la chica llegó a su edificio ubicado en
Gorriti y Bonpland, le dijo al taxista que la esperara y subió a su departamento. Siempre según los
dichos de la joven, cuando abrió la puerta de su departamento para irse y tomar el ascensor, se
encontró con el chofer del taxi que la obligó a entrar a la casa.
Virginia dijo que el taxista se puso violento, fue hasta el botiquín del
baño, trajo un frasco de un analgésico a base de paracetamol y la obligó a tomarse esas pastillas
bajo la amenaza de que si no lo hacía iba a matar a su gato.
La chica relató que empezó a sentirse descompuesta ni bien ingirió las
pastillas y que el taxista la llevó en el auto desde su casa hasta una zona de casas bajas que
creía que era algún lugar del conurbano bonaerense, donde perdió el conocimiento y no recuerda más
nada hasta que el domingo a la tarde fue dejada abandonada en algún lugar cercano a su casa,
completamente drogada.
La policía nunca creyó la versión de la presunta víctima, porque el
portero del edificio dijo que aquel sábado la había visto sola y además porque la joven llevaba
encima 9 mil dólares para un viaje por trabajo, su equipaje y una laptop y no le robaron nada.
No hubo abuso. La chica sólo denunció que le faltó la ropa interior, lo que motivó
que se sospechara que había sido víctima de algún abuso sexual. Los forenses determinaron que no
había lesiones compatibles con una violación.
Elaboradas usualmente sin descripciones de autores y mínimos detalles de
circunstancias y lugares, las versiones sobre enigmáticos secuestros o ataques de personas suelen
absorberse rápidamente por prensa y audiencias. Pero ahora los investigadores descartan los
misterios. Todo sugiere para ellos que Virginia armó una ficción para no tener complicaciones en su
trabajo o con su familia por las 36 horas que estuvo desaparecida.