Lunes 11 de Mayo de 2009
La Cámara Federal de Buenos Aires ratificó la semana pasada la inconstitucionalidad de la ley que reprime la tenencia de drogas para consumo personal. Lo hizo al dictar un fallo en el que absolvió a un muchacho que fue sorprendido en la entrada de una fiesta electrónica con 15 pastillas de éxtasis en su poder. Para la antropóloga y doctora en psicología rosarina Marta Abonizio, quien ha investigado en profundidad la problemática de las adicciones, la resolución judicial referida "nos llama a reflexionar sobre quién tiene el poder y la hegemonía" en la cuestión del narcotráfico. Para la especialista, que un tribunal haya arribado a la conclusión de no sancionar penalmente a un consumidor también es un llamado a la sociedad para involucrarse más en el tema.
—¿Qué opinión tiene acerca del fallo que despenalizó el consumo personal de éxtasis?
—Es un tema muy complejo, que no es fácil de abordar. Pero demonizar al consumidor y simplificar la cuestión es un error. El problema del consumo de sustancias como el éxtasis, que son de diseño, distintas a las drogas de origen vegetal, es principalmente de salud. El que consume se hace daño a sí mismo. Hace una elección personal al querer ingresar a un paraíso artificial y por eso merece una licencia. Este tema no debe ser un problema penal. Eso es así a partir de la ley nacional 23.737, que se votó en la época del menemismo, y que sanciona la tenencia. En la medida en que se transforma en una cuestión penal, el consumidor tiene problemas para entrar en un tratamiento y es estigmatizado. Es una gran hipocresía condenar al usuario de drogas cuando las drogas legales o ilegales son mercancías del mercado formal o informal, alimentados por las grandes industrias química y farmacéutica. Hay que perseguir a fabricantes de precursores, a los laboratorios de cocaína o a los que procesan la pasta base. Pero también ayudar sanitariamente al consumidor y no mandarlo a la cárcel.
—Hay una corriente de opinión muy fuerte que sostiene que despenalizar el consumo personal agravaría el problema. ¿Por dónde cree que se debe empezar a trabajar en este asunto?
—Es necesario fijar estrategias en base a las realidades locales. Hay dos grandes corrientes a nivel mundial. Por un lado está el abstencionismo, que fue impulsado desde Estados Unidos en la época de Nixon, y por el otro está el paradigma de reducción de daños que se aplica en Europa. En ese caso, lo que se impulsa es que el consumidor por lo menos esté informado del daño y de los riesgos que conlleva el consumo de esas sustancias. En el paradigma de reducción de daños europeo intervienen el educador y el profesional de la salud. En cambio, el modelo abstencionista, que persigue al narcotráfico y también al consumidor, además alimenta a los dispositivos de seguridad militares y policiales. Eso fue lo que se implementó en Colombia y no triunfó. Hace más de 20 años que se aplica y el consumo no se redujo. Seguir el paradigma que penaliza al usuario no dio resultados. Eso implica que hay que tener otra mirada y pensar en otras disciplinas.
—¿Qué es lo más positivo que rescata de ese fallo?
—Nos llama a reflexionar sobre quién tiene el poder y la hegemonía en estos campos. También para que nos involucremos más. Tenemos que apelar a otro tipo de fuerza, ya que la militar y la policial fracasaron. Hay que escuchar qué tienen para decir los trabajadores sociales, los psicólogos, todos los profesionales de la salud y la comunidad en general. Las madres del Paco antes no eran actoras en esta cuestión y ahora realizan una labor importante. El problema del consumo de drogas es de toda la sociedad, no sólo de los organismos de seguridad.