Policiales

Engañó a una anciana para entrar a la casa y le robó mil dólares

Un hombre le dijo a la dueña de casa que iba de parte de un sobrino para revisar una obra de gas. Fue en Brown al 2400. Tras ganar la confianza de su víctima, el ladrón se alzó con el dinero.

Viernes 14 de Enero de 2011

Sara Lalla tiene 87 años y toda su humanidad está contenida en un cuerpo menudo de no más de un metro cincuenta de altura. Pero esa imagen de fragilidad es contrarrestada con un ímpetu y una claridad en la forma de expresarse que, sumada a una vitalidad envidiable, la transforma en lo que podría denominarse una adorable anciana. Pero esa forma de ser, lo admitió ella misma, no le impidió cometer ayer un grave error en tiempos donde los adultos mayores son presa fácil de delincuentes: confiar en una persona desconocida. Un hombre se presentó en su casa y luego de engañarla con el pretexto de que había llegado de parte de un sobrino le robó mil dólares que tenía guardados en un pequeño cofre.

Cuando la amargura ya había pasado, Sara sostuvo que se sentía afortunada porque tanto ella como José, su marido de 89 años, recientemente sometido a una importante operación, no sufrieron ningún tipo de agresión.

En esta nueva versión del cuento del tío, la pareja fue víctima de un engaño que se pergeñó con información surgida de una obra de reparación de la conexión de gas en la casa donde viven desde 25 años, en Brown 2450.

La mentira. Eran las 10 de la mañana cuando Sara salía de su casa para hacer unas compras y se encontró con un hombre de unos 35 o 40 años, bien entrazado y de aspecto prolijo. "Señora vengo de parte de su sobrino Walter. Me pidió que revisara la conexión de gas de su casa porque parece que hay que hacer algunos arreglos", le anunció el impostor.

Sara, admitió en diálogo con este diario, se quedó perpleja unos instantes y enseguida llegó a su memoria el trajinar de albañiles que sufrieron con José hace poco tiempo.

Los problemas tuvieron su origen con unos trabajos que en la vereda, justo en frente del umbral de su casa, realizó la empresa Aguas Santafesinas. En esas maniobras, los operarios rompieron un caño de gas que terminó por afectar directamente la instalación domiciliaria. Cuando tomó intervención Litoral Gas, la pareja fue obligada entonces a efectuar una serie de reformas en el interior de la vivienda para corregir un viejo problema que se había agravado con la rotura del caño. Esos arreglos fueron supervisados por Walter, un sobrino de la pareja que es arquitecto. Por eso, cuando Sara escuchó el nombre de su sobrino le dio entidad a lo que el hombre recién llegado le había anunciado.

"A mí me pareció extraño. Me dijo que había una parte que estaba mal colocada. Pero como lo invocó a Walter, le creí. Fue un error. Yo tendría que haber llamado primero a mi sobrino para dejarlo entrar. Qué le vamos a hacer, uno se confía. Pero bueno, ya pasó. Lástima el dinero que nos sacó, pero por suerte no le hizo nada a José que está postrado en cama por una operación", sostuvo Sara, de buen ánimo a pesar del disgusto.

Lo primero que hizo el impostor apenas pudo ingresar a la casa de la pareja fue pedirle a la mujer un adelanto de 300 pesos para comprar los materiales para su trabajo. Y entonces sobrevino quizás otro descuido de Sara.

"Fui a buscar una cajita plateada donde guardamos los ahorros. Había casi mil dólares que eran para mi nieto. La abrí delante del tipo, saqué el dinero que me había pedido y se lo di. Enseguida me dijo que uno de los billetes era trucho. Le respondí que no había problema que se lo cambiaba. Después dejé el cofre arriba de una mesa y me fui a hacer las compras mientras él trabajaba y José estaba en la cama. Cuando salí dejé la puerta sin llave y al volver el tipo ya se había ido, los dólares ya no estaban y se llevó hasta los comprobantes de un plazo fijo", recordó Sara.

"Doy gracias a Dios de que no le hizo nada a José. No sé qué hubiese pasado si se empeñaba en buscar más dinero u otras cosas de valor", remarcó Sara, quien vivió toda su vida en la zona de Pichincha, los últimos 25 en la casa de Brown 2450. Sara siempre trabajó como ama de casa y su marido fue empleado de la ex Ferrocarriles Argentinos. El caso es investigado por la seccional 7ª.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario