Viernes 31 de Julio de 2009
"Estoy muy mal, eran nuestros únicos ahorros", dijo sollozando doña Delia un día después de que un desconocido que se hizo pasar como el contador de un banco la despojó de poco más de 7 mil dólares que tenía atesorados en su casa del macrocentro de la ciudad.
Delia tiene 80 años y vive junto a su esposo Venancio N., de 82, en un senciollo departamento de pasillo de Güemes al 2200, a metros del transitado bulevar Oroño.
La pareja no tiene hijos y en los últimos años había ahorrado los billetes estadounidenses con "mucho esfuerzo" para solventar los gastos médicos que tendrían que afrontar ante una posible enfermedad.
Por teléfono. La trampa en que cayó el matrimonio empezó a desarrollarse el miércoles a la mañana cuando un hombre llamó por teléfono a su vivienda. "Señora, la llamo del banco. ¿Ustedes tienen dólares?", preguntó el interlocutor a doña Delia. Y ella, ingenuamente, le respondió que "sí".
Enseguida el hombre le aclaró que era el contador de la entidad financiera, aunque no precisó el nombre del banco, y le explicó el motivo del contacto telefónico. "Hay dos series de billetes estadounidenses que van a salir de circulación y tal vez tenga que cambiarlos", dijo el hombre en un tono cortés.
Al parecer, ese tono amable del contador le granjeó la confianza de los ancianos. Entonces, el matrimonio aceptó que el empleado bancario acudiera a su vivienda para cambiarle los billetes. A las 16 del miércoles, el farsante tocó el timbre en la propiedad de Güemes al 2200 y, tras presentarse, Delia le franqueó amablemente el paso. El recién llegado era un hombre de unos 35 años, bien vestido aunque sin traje ni corbata, sólo ropa informal.
Una vez adentro de la propiedad, el maleante actuó con rapidez. La anciana le entregó 7.160 dólares que tenía en un lugar de la casa y, con el efectivo en su poder, el hombre se marchó corriendo sin brindar a sus víctimas ningún tipo de explicación.
El alerta.Recién en ese momento, Delia se percató de que había caído en una trampa. Había sido víctima de una de las tantas variantes del cuento del tío. Desesperada, se contactó con un sobrino para contarle lo que había ocurrido y el familiar, resignado, le confirmó que todo había sido un ardid para quitarle los billetes estadounidenses.
Así las cosas, Delia acudió a la comisaría 3ª —con jurisdicción en la zona donde ocurrió el suceso— y denunció el atraco, pero hasta anoche el embustero no había sido localizado. Al respecto, los pesquisas deslizaron que una de las hipótesis que manejan es la presencia de un entregador, alguien allegado a las víctimas que supiera de la existencia de dólares en la propiedad y que haya permitido armar la trampa.
Ayer a la tarde, LaCapital se contactó con Delia, pero la mujer se excusó de contar detalles lo que había ocurrido. "Estoy muy mal. Discúlpeme, pero prefiero no hablar. Los dólares los habíamos ahorrado para tener dinero para cuando tuviéramos una enfermedad", explicó con los ojos llorosos.