Policiales

En qué se basaron los jueces que condenaron a una doble homicida

Tuvieron en cuenta que en el hecho participaron dos personas (quien disparó y el conductor de la moto) y que se aprovecharon de dos víctimas indefensas ante un ataque inesperado. 

Domingo 15 de Marzo de 2015

La confesión que Rocío Ayelén Quiroz brindó en la policía fue una de las pruebas más controvertidas del juicio oral en el que fue juzgada por los homicidios de Eliana Zalazar y Carolina Aranda, baleadas a la salida del boliche Mogambo en agosto de 2011. La imputada dijo que declaró coaccionada por los efectivos, quienes le prometieron una libertad temprana a cambio de una falsa admisión. Sin embargo, el tribunal que la condenó a 20 años de cárcel valoró que fue una declaración legítima, obtenida ante dos testigos, sin presiones y respaldada por otras evidencias. La más decisiva (según los fundamentos del fallo que se conocieron esta semana) es el relato de una testigo del doble crimen que reconoció a Ayelén como quien disparó, sin bajarse de una moto, con una pistola 9 milímetros.

   Esos dos elementos son el núcleo del fallo por el cual los jueces Edgardo Fertitta, Ismael Manfrín y Julio García condenaron a Quiroz a 20 años de cárcel por dos homicidios agravados por el uso de arma de fuego y la portación ilegal de un arma. Los fiscales Lucía Aráoz y Carlos Covani, y el querellante Aníbal Rodríguez, habían pedido 25 años de pena. La defensora oficial Graciela San Miguel, que aún está en plazo de apelar, solicitó la absolución.

   Para fijar la pena en 20 años los jueces tuvieron en cuenta que en el hecho participaron dos personas (quien disparó y el conductor de la moto) y que se aprovecharon de dos víctimas indefensas ante un ataque inesperado. Otro factor que pesó fue que las víctimas fueran chicas jóvenes. También agravaron la pena el “alto grado de violencia utilizado”, la “planificación previa”, la “modalidad elegida para asegurarse la ejecución”, “la huida de la escena del crimen” y que se pusieran en peligro a otras personas que salían de bailar y presenciaron el ataque. Como atenuante, pesó que Ayelén Quiroz no tenía antecedentes.

Comprometida. La joven de 22 años fue condenada el viernes 27 de febrero en una audiencia cargada de tensión, en la cual familiares de las chicas asesinadas intentaron golpearla y expresaron a los gritos su bronca. En esa ocasión Fertitta, como presidente del tribunal, dio a conocer en voz alta el veredicto. Esta semana los jueces expusieron el fallo escrito en el que consta la valoración de las pruebas. Consideraron que, más allá de la confesión policial que dieron por válida, todos los elementos debatidos en el juicio comprometen a la acusada.

   El doble crimen ocurrió la madrugada del 27 de agosto de 2011 a las 5.40. Eliana y Carolina, de 19 años y 20 años, salían de bailar de Mogambo, el boliche que funcionó en Avellaneda y Gálvez. A un par de cuadras pararon en un carrito a comprar unos panchos y se sentaron a comer frente a una casa de 27 de Febrero al 4100. Entonces se acercó en contramano por la vereda una moto conducida por un muchacho y con una chica como acompañante, que sin decir nada ni bajarse del vehículo efectuó cinco disparos. Tres alcanzaron a Eliana en la frente, la pelvis y un antebrazo; y uno le dio a Carolina en el pecho.

   La distancia, remarca el fallo, fue menor que el ancho de la vereda y además las víctimas no tenían dónde pudieran refugiarse. Eso las convirtió en un “blanco fácil e indefenso”. Para los jueces, todo ocurrió por recelos previos entre Carolina y Ayelén porque la chica fallecida salía con un ex novio de la imputada. Eliana, ajena a esa rivalidad, fue atacada por estar junto a Carolina en ese lugar, donde la agresora “tiró al bulto” en pocos segundos.

   Las dos chicas fallecidas se habían conocido tres años antes. Se hicieron amigas y poco tiempo antes del doble crimen Carolina, mamá de una nena de 2 años y quien trabajaba como moza en un bar de Arijón y Balcarce, se fue a vivir a la casa de Eliana, que cursaba el 4º año del secundario en la escuela Juana Elena Blanco y estaba de novia con un chico de 17.

Confesión en foco. El primer aspecto que trata el fallo es la declaración que brindó Rocío al ser detenida en la Brigada de Homicidios, donde admitió el hecho y relató la secuencia del ataque. Pero al ser indagada en el juzgado dijo que era inocente y que había firmado el acta coaccionada para hacerse cargo.

   Sin embargo, los jueces tuvieron en cuenta que los dos testigos civiles del acto indicaron que la chica se expresó “con libertad” y sin presiones. “Me pareció todo normal, todo tranquilo”, dijo uno de ellos. También reseñaron el testimonio del entonces jefe de Homicidios, Ernesto Chamorro. El policía contó que cuando detuvieron a Ayelén los acompañó la madre y, ya en Jefatura, la mujer “se puso mal. Contó que le pareció raro el comportamiento de su hija, como el hecho de retirarse de su casa, que se había teñido de morocha o de rubia y que tenía malas juntas. Se encontraba en un estado desesperado”.

   El uniformado dijo que tras el arresto se comunicaron con el juez Hernán Postma y éste ordenó que la interrogaran con dos testigos. En ese momento, relató el efectivo, la madre entró al lugar donde estaba Ayelén y le recomendó que dijera “la verdad”. Entonces “la chica se largó a llorar y dijo todo lo sucedido”.

   Los jueces encontraron poco razonable el motivo por el cual Quiroz dijo sentirse coaccionada: “Dijeron que si yo me hacía cargo me iba a ir en unos días. Y que si no me dejaba ayudar me iban a llevar a un lugar donde la iba a pasar muy mal y que a mi mamá la iban a llevar conmigo”. El tribunal evaluó que “aparece alejado al sentido común que tamaña acusación pueda ser superada con una confesión. Es más, el fallo planteó que “no son necesarios una inteligencia especial o una educación valuada en niveles académicos” para advertir el sinsentido de que una confesión sea pasaporte a la libertad.

   Por último se refirieron a la falta de un abogado defensor en el acto, otro punto cuestionado por la defensa. Señalaron que lo avala la normativa de transición hacia la reforma penal que rige desde hace un año en la provincia.

En la escena. Así y todo, pese al minucioso análisis de la confesión, para los jueces se trata sólo de un “indicio” reforzado por otras pruebas. Entre las que citaron la existencia de una rivalidad previa entre Carolina y Ayelén. “Ha quedado patentizado en la audiencia de debate el conflicto de hondura y raigambre profunda que existía” entre ambas jóvenes.

   Pero lo que consideraron un “elemento nuclear” de la prueba fue el testimonio de M., una chica que aquella noche fue a bailar a Mogambo y salió caminando por la avenida a la espera de un remís. Iba detrás de Eliana y Carolina cuando vio acercarse una moto tipo tornado blanca de contramano, conducida por un chico que tenía el rostro cubierto por un pañuelo. Como acompañante iba Ayelén, vestida con una campera blanca, a quien reconoció —sin recordar su nombre— porque era la novia de Aarón, un amigo de su hermano. Un dato que el propio Aarón admitió en el juicio. La chica dijo que no tenía dudas de que se trataba de la novia de Aarón y los jueces resaltaron que se expresó de manera “contundente, con seguridad y con palabras claras y sencillas”.

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