Juicio a Los Monos

"En el juicio me discutieron a mí porque no podían discutir la prueba"

Juan Carlos Vienna, integrante del Colegio de Jueces de Rosario, instruyó la causa por asociación ilícita contra la llamada banda de Los Monos, que tuvo este año sentencia condenatoria y confirmación posterior

Lunes 19 de Noviembre de 2018

Hace un año y medio que a Juan Carlos Vienna no se lo ve por los Tribunales de Rosario. Una licencia médica por una operación de corazón prorrogada por motivos personales lo mantuvo lejos de las salas de audiencia. No obstante el nombre del juez que inició la investigación contra la banda de Los Monos no paró de pronunciarse durante todo este tiempo. Un trámite atravesado por una tormenta de emocionalidad y controversia tuvo este año su culminación con la condena a la mayoría de los acusados y su posterior confirmación. Vienna dice en esta nota que nunca dudó de que se arribaría a ese resultado porque aduce que la investigación estuvo basada en prueba. Pero con cierto pesar dice haber pagado un alto costo. A esa aflicción se suma la muerte de su padre en septiembre, recordado por haber atendido a la prensa un mes antes, luego de que en la oleada de atentados a jueces su casa fuera atacada a balazos.


"Debe ser agotador encontrarse con un tipo que siempre dijo lo mismo. Ese soy yo. Y si lo hago es porque siempre dije la verdad. Me pueden investigar cien años, se morirán de aburrimiento y no encontrarán nada ilegal. Igual sé que estoy condenado a que algunos piensen de mí «algo habrá hecho». Lo vivo como algo propio del lugar que elegí como profesión. Esta investigación, que me tocó por una cuestión de turno, no fue gratis. Era mi deber y la verdad es que no espero nada. Ser juez tiene un montón de beneficios pero a veces también pueden venir las malas. Y cuando eso pasa hay que apechugar porque nosotros estamos en este rol porque lo elegimos, incluidos sus riesgos. Por esta causa me cubrieron de descrédito. Sobre mí salieron los peores titulares en los diarios por lo que decían algunas defensas con argumentos que perdieron siempre. Tuve que ponerle custodia a mis hijos. Balearon las casas de mi padre y mi ex esposa. Pero no hubo un solo juez de la instancia que fuera, incluso quien me criticó, que no terminara en este caso acusando igual que yo".

—¿Qué representó en su vida reciente la causa de Los Monos?

—En lo jurídico sólo una parte más de mi trabajo. Nunca busqué ningún laurel. Hice lo que debía por lo que me pagaban. Hubo cosas novedosas, como el trabajo en lo probatorio de buscar en el acopio de bienes económicos la explicación de la violencia del grupo investigado, algo expuesto en forma abundante en el juicio donde se vio que los imputados tenían armas pero también iban a concesionarias, compraban inmuebles o pagaban arquitectos sin tener ingresos legales. También se embargaron bienes con un criterio jurídico que sirvió de base para la posterior ley nacional de extinción de dominio sobre bienes adquiridos con fondos del delito. En lo extrajurídico diría que el tiempo pasa y las cosas se olvidan, pero me atacaron increíblemente. El diputado provincial (Héctor) Acuña en una comisión investigadora dijo barbaridades sin fundamento. El ex defensor provincial (Gabriel) Ganón conmigo se comportó como un fiscal. El ex fiscal federal (Juan) Murray se negó a avanzar en los casos de incautación de droga de este grupo, cosa que un superior le ordenó investigar. Ahora toda la investigación tiene sentencia y confirmación, quienes estudiaron el caso avalaron nuestro trabajo. El reconocimiento de mis colegas, que son jueces de pensamiento muy dispar, me deja tranquilo. Pero el costo que pagué fue alto.

—¿Por qué cree que fue alto?

—Porque quedó la idea nefasta de "algo habrá hecho". Gané el concurso de camarista con buenas notas pero en el gobierno dijeron "mejor no lo pongamos". Gané el concurso de auditor de fiscales, dijeron lo mismo, no me designaron. Eso duele. Yo no buscaba reconocimiento, tampoco quería perjuicio.

—El planteo de las defensas fue la del Estado delincuente encarnado en su persona. Primero señalando que resolvió caprichosamente perseguir al grupo. Y segundo por ordenar escuchas telefónicas sin sustento.

—Ya no debo contestar eso. Quedó demostrado que fue una falacia tanto en la sentencia del juicio oral como en la confirmación de Cámara. ¿Acaso no tenía sentido investigar a Los Monos en 2013? ¿Eran desconocidos? Más allá de eso quedó en evidencia que la investigación no fue arbitraria ni direccionada: apareció sola y había mucho más para seguir. Y si no acumuló más hechos fue porque el camarista (Rubén) Jukic ordenó acotar la causa para hacerla manejable. La ciudad ardía en esos días pero por fuera de eso había una investigación por el crimen de Martín Paz donde todo llevaba al grupo acusado. Y quien pidió ir contra uno de ese grupo no fui yo sino la fiscal Adriana Camporini. Quien pidió la escucha más importante fue la jueza Raquel Cosgaya sobre un teléfono que resultó ser de Ramón Machuca (Monchi Cantero) y fue concluyente para la investigación. Estas cosas las dicen ahora dos tribunales distintos en una sentencia condenatoria. La idea de que se armó una persecución a Los Monos es absurda. Es como si se cuestionara que se armó una comisión para investigar atentados a domicilios de jueces y se dijera que como Guille Cantero está señalado como ideólogo se vuelve a acusar arbitrariamente a esta familia.

—Ahora llegarán a la Corte los mismos argumentos: que usted es un investigador parcial, que su pesquisa fue caprichosa, que lo hizo por tener un vínculo con Luis Paz.

—No voy a pasarme la vida diciendo lo de siempre. Los jueces que condenaron al grupo sostuvieron que hice lo que habría hecho cualquier juez. Dijeron que si ciertas defensas se dedicaron a atacarme fue por no poder neutralizar la prueba que generamos contra sus clientes. Y además que pese a perder con estos argumentos los repitieron en decenas de apelaciones y nunca ganaban. Esta causa fue avalada por jueces que no tienen conmigo más que un saludo. ¿Van a decir que soy amigo de los ministros de la Corte? Hay cosas que escandalizarían a un defensor pero que se hicieron conmigo sin generar preguntas.

—¿Por ejemplo?

—Cuando el trámite estaba bajo una especie de guerra nadie se preguntó cosas elementales. ¿De dónde salieron las planillas de Migraciones sobre mis viajes que un prófugo mostraba en televisión? ¿El consiguió esa información reservada de una dependencia oficial mientras tenía pedido de captura? Al señor Machuca les dieron esas planillas, no sé si sus asesores las consiguieron. Y no digo esto para objetar que se me haya investigado. Me pueden investigar cien años y no van a encontrar nada por la sencilla razón de que no hice nada reprochable.

—En el juicio distintos testigos dijeron que habían sido forzados por usted a declarar para perjudicar a los imputados.

—¿Quiénes fueron esos testigos? Por ejemplo Diego Cuello, que en estos días es juzgado por narcotráfico como cómplice de Los Monos. El dijo que yo lo presioné para declarar pero yo no le tomé declaración, de eso hay constancia. El que se desdice para favorecerlos es, en definitiva, un socio. Diego Germán Romero, que había dado información detallada sobre las acciones del grupo, fue aterrorizado a comparecer como testigo al juicio oral en febrero. Me consta que pidió llorando no declarar porque lo mataban. ¿Qué hizo frente a los imputados? Se desdijo. No sabemos quién lo hizo pero hace tres meses fue asesinado. Otro que cambió su testimonio fue un testigo reservado que, como se sabe, es quien dialogó con un policía, cuando ambos estaban presos, con el objetivo de atentar contra mi vida. Los que cambiaron su testimonio sentían en riesgo sus vidas o tenían conexiones con la banda. Eso está en el fallo de los jueces. Lo importante para mí es que mis resoluciones siempre se confirmaron. Hubo jueces de instrucción que cuando yo ya no estaba avalaron la prueba que produje y procesaron siempre. Y camaristas muy distintos que confirmaron después. Hubo decenas de nulidades y recusaciones en mi contra nunca aceptadas. Me dieron siempre la razón. Y mientras pasaba todo esto yo vivía escondido, con custodia y con mi familia angustiada.

—¿Nunca pensó que el cuestionamiento a la investigación o los sumarios en su contra terminarían con la nulidad del proceso?

—No. Sabía que si se valoraba la evidencia habría condena. Una vez dije que como no podían atacar la investigación atacaron al investigador. Pero además cuando se habla en forma agraviante de "la investigación de Vienna" no se contempla que en una causa compleja hay muchas personas que aportan. Acá trabajó todo el juzgado, con colaboración decisiva de cuatro sumariantes muy sagaces que pusieron gran esfuerzo. También policías de muchas reparticiones (División Judicial al principio, y sobre todo la TOE). Gente que trabajaba todo el día y tomaba declaración a la noche para que los testigos no estuvieran expuestos. Yo dirigí la investigación, pero ¿qué era lo fundamental? Que todas esas personas estaban convencidas de estar en la dirección correcta. Sentían propia la investigación porque conocían bien la prueba y cómo se obtuvo. Quienes nos atacaban nunca vieron que atacaban a un montón de gente convencida.

—¿Qué fue decisivo para llegar a las sentencias?

—La prueba. Buscamos entender por qué actuaban y descubrimos algo bastante obvio: que toda esa violencia tenía un objetivo económico, por eso la asociación ilícita. Y la anomia en un territorio sin ley que permitió una especie de gobierno de facto fue un concepto explicativo muy fuerte que pudo probarse. La vocación de imponerse en el territorio con violencia también aparece hoy cuando los líderes de esta organización son juzgados por narcotráfico. La misma violencia, generar conmoción en el territorio para predominar, está también en los atentados a viviendas de jueces.

—Cuando el trámite se volvió cuestionado ¿sintió desconfianza de sus colegas o del gobierno?

—No sé si quiero meterme con eso. Cuando hay controversia puede haber desconfianza, pero sabía que cuando les tocara analizar la prueba nos darían la razón. En esos tiempos todo era cuestionado: se hablaba de narcosocialismo, metieron preso a un jefe de policía que cinco años después fue absuelto. No tengo nada a favor de los gobiernos socialistas, ya dije que no me designaron en concursos que gané. Pero en esta causa brindaron todo el apoyo que requerimos y nunca me dieron la más mínima sugerencia, que por supuesto tampoco habría aceptado.

—Hubo dos cosas que siembran dudas contra usted. Una es la cámara oculta en la que le sugiere a un imputado cambiar de abogado. La otra es que lo nombran juez del Colegio de Jueces cuando aún la Corte debía expedirse sobre ello.

—De lo primero pido que lean todo ese trámite. El fiscal desestimó la existencia de delito y tanto la Corte como el procurador dijeron que eso no afectó mi desempeño en la causa ni supuso parcialidad. Además es objetivo que el imputado que grabó esa conversación, hoy condenado, jamás obtuvo un beneficio en la causa. De lo segundo respondo que no veo por qué habría estado mal que me revalidaran como juez porque nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Y el clima de demolición que armaron contra mí fue una estrategia de las defensas para conseguir lo que no iban a poder por otro lado. Jamás discutieron la prueba, me discutieron a mí. Pero sabía que el tiempo acomodaría todo.

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