Jueves 11 de Septiembre de 2008
"Yo le mostré que tenía el arma para que se asuste. Ella me quiso agarrar la mano y ahí se escapó un tiro", declaró el 6 de agosto pasado el estudiante de ciencias económicas Andrés Soza Bernard, quien está acusado de matar de un disparo por la espalda a la adolescente Gabriela Núñez. De esa confesión ante la policía, el joven pasó a negar su participación en el crimen sólo quince días después, cuando el escenario cambió y lo indagaron en Tribunales: "Yo no le hice nada a Gabriela. De lo que se me acusa no es cierto".
Como una versión en negativo de su anterior confesión, el joven de 22 años desmintió entonces su primera declaración ante la policía. En lugar de asumir el disparo que mató a Gabriela sugirió que a la chica la balearon desconocidos en un asalto: "Escuché por televisión que le intentaron robar en una moto. También se dice de un auto blanco y de alguien que venía caminando y le quiso robar", deslizó.
Esos dos relatos del imputado, a los que tuvo acceso este diario, fueron cercanos en el tiempo pero distantes en el contenido. El que brindó ante la policía es el eje de un planteo que se discute por estos días en la Cámara Penal de Rosario. Allí el defensor de Soza pidió que se declare la nulidad del interrogatorio policial. Sostuvo que ese acto no respetó garantías legales porque fue realizado sin la presencia de abogados. La nulidad le permitiría desprender se de un elemento de prueba que incrimina a Andrés. Pero el planteo ya fue rechazado por la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas (ver aparte).
En la comisaría. Ese interrogatorio realizado en la comisaría 6ª el día posterior al crimen contiene un relato detallado de la relación que mantenían Andrés y Gabriela Núñez, una chica de 16 años que cursaba el secundario y estudiaba inglés en un instituto de Mendoza y Carriego. Ante la policía Andrés dijo que la había conocido un año antes y que luego de una amistad de seis meses empezaron a salir, mientras él tenía una relación de noviazgo formal con otra chica. "Yo iba a la casa, conocí a la familia y hasta ahí todo bien", dijo.
Los problemas empezaron en enero, cuando Gabriela se enteró de su noviazgo. Se distanciaron, según contó, aunque nunca dejaron de verse. "Gabriela, al ver que yo seguía con mi novia y ella perdía terreno en nuestra relación, comenzó por todos los medios a tratar de hacerme pelear con mi novia. La llamaba por teléfono, le mandaba mensajes y un mail", expuso. Dijo que por eso él decidió cortar el vínculo con la adolescente, a lo que ella se oponía. Un día antes del crimen, según declaró, Gabriela llamó a su novia por teléfono y esa tarde se encontraron los tres en una esquina donde tuvieron una discusión
En su ahora cuestionado relato policial, Andrés sostuvo que a las 19.45 del 5 de agosto pasado pasó en auto cerca del instituto de inglés donde estudiaba Gabriela. Estacionó su Peugeot 206 en Mendoza entre Carriego y Sucre y al bajar del auto "se topó" con la chica, a quien tenía intenciones de "asustarla" para finalizar la relación.
"Me topé con Gabriela que venía de su clase de inglés. Yo tenía la intención, después de asustar a Gabriela, de ir a natación. Cuando ella comienza a insultarme y me golpea en el pecho yo le muestro que tenía el arma para que se asuste. Ella me quiere agarrar la mano y el arma. Ahí se escapa un tiro, yo me asusté mucho y ahí nomás salí corriendo con el arma con destino a mi automóvil, sin saber si Gabriela estaba herida o qué había pasado con ella. Subí a mi auto y me fui a dar unas vueltas", narró al asumir el crimen como un hecho accidental.
Sin embargo, las pericias concluyeron que por la distancia y dirección del disparo el tiro no pudo ser accidental sino voluntario y los investigadores no descartan encuadrar el caso como un crimen alevoso.
Otro elemento que lo complica es un mensaje de texto enviado por la chica a una amiga que decía "Andrés me quiere matar". A eso se suman las pericias sobre los teléfonos que la semana pasada llegaron al juzgado, donde se detecta con qué contactos el joven intercambió mensajes esa noche, aunque algunos fueron eliminados y se desconoce su contenido.
El relato policial de Andrés indica que después del disparo se fue a su casa de fin de semana en Oliveros, pero regresó cuando su hermano le avisó que lo buscaba la policía. En el camino arrojó el arma a unos pastizales. En el expediente constan los tickets que pagó a las 21.35 en el viaje de ida y a las 22.25 en el de regreso.
En Tribunales. Todo ese relato fue desmentido por Andrés cuando fue indagado en el juzgado. Entonces adujo que la policía lo forzó a declarar, aunque en la causa no se denunciaron apremios ilegales. Describió en términos similares la relación que tenía con la chica.
Pero su versión cambia a partir del momento en que se encontró con Gabriela: "Fue cuando yo iba para nadar que me frena. Me hace señas. Le dije que qué quería, que ya habíamos terminado, que ya estaba. Ahí fue cuando ella me avanzó, me quiso pegar, me dijo por qué, me pegó un manotón en el pecho. Y me fui, porque yo el día anterior la había empujado. Después de eso no la vi más a Gabriela". Su relato judicial se interrumpió en ese punto, sin mencionar el arma ni explicar de dónde surgió, a esa hora y en ese lugar, el disparo que hirió a Gabriela en la parte posterior de la cabeza.