El video refuerza la hipótesis de que el policía fue blanco de una venganza
Por lo que se aprecia en el video, el agente Dal Mastro no conocía a sus atacantes. La rapidez y saña del ataque sugieren que el robo, que no se concretó al principio, no era móvil principal. Hay tres cámaras más. Los delincuentes subieron de nuevo al irse, al hallar cerrada la puerta que da a la calle.

Martes 23 de Junio de 2009

Los investigadores judiciales y policiales del crimen del policía Emanuel Dal Mastro durante la irrupción de dos hombres en un prostíbulo de Mendoza al 900 se asientan en la hipótesis de que el efectivo pudo haber sido asesinado en una venganza. Esa posibilidad surge con fuerza en el examen de la filmación del homicidio que quedó registrada no en una sino en cuatro cámaras de seguridad del local. De esas imágenes se desprende que, por la ferocidad y la búsqueda directa del objetivo criminal, la mecánica no sería tanto la de un robo como la de un ajusticiamiento.

El dato más llamativo de la secuencia de video es que, después de atacar al agente, los agresores intentaron salir de inmediato del local sin concretar un robo.

El asalto fue cometido recién cuando, al encontrar la puerta trabada, los agresores regresaron al local y le exigieron a una mujer que les abriera la puerta. Entonces le quitaron de una cartera una billetera con 1.200 pesos.

Esa concreción tardía del robo, para los investigadores, se ajusta más a un hecho cometido ocasionalmente que por una motivación inicial destinada a ello.

Si bien esa es la hipótesis que se perfila con más fuerza, los investigadores tampoco descartan otras alternativas. Por ejemplo, que hayan intentado un asalto y huyeran al fracasar.

¿Buscaban a otro? Aunque esa posibilidad parece desdibujarse ante la constatación de que los disparos fueron efectuados de inmediato, en una muy corta secuencia de tiempo y como si se tratara de un acto preordenado. En caso de tratarse de una ejecución, tampoco descartan que estuviera dirigida a otra persona.

No los conocía. Para los efectivos, por lo que se aprecia en los videos, está claro que la víctima no conocía a sus atacantes. Eso para los investigadores es significativo porque el policía, que llevaba tres meses en la seccional 1ª y realizaba sus primeras experiencias como personal de calle, había trabajado tres años y medio en la alcaidía de Jefatura donde conoció a muchos detenidos. Dal Mastro, indican desde Jefatura, no tenía una trayectoria en la fuerza por la que pudiera presumirse que tuviera alguna cuenta que pagar. Pero no se descarta que los disparos estuvieran dirigidos a otra persona.

En sintonía con esa línea investigativa, una fuente judicial señaló que la pesquisa hasta ahora se basa en el modo como la policía presentó el suceso: dos intrusos que entraron con la intención de cometer un atraco que el policía intentó evitar. Sin embargo, el portavoz indicó que no se descartan otras teorías.

Las escenas, no obstante, son de baja definición. “Las imágenes que aparecen en el video deberíamos cotejarlas con una base de datos con los rostros de personas con antecedentes delictivos para identificarlos con certeza, pero no lo tenemos. Entonces, tenemos que apelar a que un policía los reconozca en la cinta”, explicó la fuente consultada.

Pese a la mala calidad del video, otro vocero dijo que esta opción es factible. El viernes pasado se difundió un nombre como el del posible ejecutor, brindado por fuente policial a la radio LT8.

Las cinco chicas. A su vez, las cinco chicas que trabajan en el burdel prestaron declaración en la Brigada de Homicidios. A partir del testimonio de dos de ellas, los pesquisas elaboraron un fotofit de quienes entraron allí.

El suceso ocurrió pasadas las 23.30 del jueves pasado cuando en la casa de planta alta conocida como “Paraíso Real”, de Mendoza 909, estaban trabajando cinco chicas bajo la custodia de Dal Mastro. Entonces llegaron dos jóvenes arropados con camperas de jean que se anunciaron en el portero eléctrico y subieron hasta un hall.

En el video se ve con claridad que el primero de los agresores, de campera clara, subió primero las escaleras y fue recibido por el policía, vestido de civil, que con un ademán le indicó que pasara al hall como si se tratara de un cliente más.

Detrás, se observa ascender por el codo de la escalera al segundo atacante.

En ese momento, el primero en pasar se acercó a Dal Mastro y le efectuó tres disparos.

Al retumbar los disparos su cómplice retrocedió y se agachó en la escalera como si intentara parapetarse.

“El video no tiene sonido. Pero hay que tener en cuenta que los disparos resonaron en un espacio muy chiquito que potencia el sonido”, dijo un vocero tribunalicio. Luego el cómplice del tirador subió los escalones que le faltaban exhibiendo un arma en la mano.

Pero lo significativo es que, con el policía ya herido en el piso, no intentaron el asalto sino que regresaron hasta la puerta. La cámara situada en ese acceso registró que forcejearon para abrirla pero la encontraron trabada porque sólo se acciona con el portero eléctrico. El autor de los disparos se quedó tratando de abrirla mientras que su cómplice subió hasta el hall, le quitó el arma al policía y asaltó a una mujer a quien además de la billetera le quitó las llaves.

Según los forenses que examinaron el cuerpo del agente, el uniformado alcanzó a levantar su mano izquierda con el fin de arrebatarle el arma al agresor y por eso el primer tiro le perforó la mano y se le incrustó en el hombro izquierdo. Otros dos balazos le partieron el pecho y lo mataron en el acto.

Cámara por cámara. El dispositivo de filmación del local fue secuestrado esa misma madrugada. Consiste en los registros de cuatro cámaras: una que enfoca a la puerta cancel situada hacia Mendoza a mitad de la escalera, que unos escalones más arriba gira en L. La segunda cámara está en un hall pequeño donde ocurre el homicidio. La tercera está en el living adonde las chicas son presentadas a los clientes. La cuarta, en una suerte de cocina donde incluso se ve a Dal Mastro preparándose un café o un té antes del episodio.

Cuando se ve llegar a los atacantes, se observa que ya en la escalera iban manipulando las armas. Eso da la idea de que quien les abrió la puerta no estaba mirando las imágenes. Tocaron timbre varios segundos hasta que les cedieron el paso.

“Hay dos posibilidades: se quisieron ir porque se les frustró el robo o porque fueron directamente a matar, y no necesariamente a Dal Mastro, quien era la segunda noche que iba. Podrían haber ido como emisarios a buscar a alguien que no estaba y ellos no conocían”, indicó una fuente del caso.

Para precisar la intencionalidad de robo cobra importancia lo que en el video no se ve. “Si el policía intentó sacar el arma justificaríamos el homicidio por la resistencia. Pero llama la atención la ferocidad en una secuencia de tiempo muy breve”, planteó un vocero de la causa.

En ese orden, los investigadores señalan que la modalidad de atacar al custodio en un robo es idéntica a otros asaltos, pero la diferencia es que en ellos los ladrones van directo hacia el botín. En este caso, lo que buscaron una vez cometidos los disparos fue escapar en un horario y una zona que les otorgaban cierta impunidad para concretar el asalto.

En la policía peritaban además los celulares de las personas que esa noche estaban en el lugar.