El valor de las pruebas, lo esencial para discutir sobre culpa o inocencia
En los ámbitos de trabajo, en los bares, en cada casa, hubo un rasgo compartido en todo este tiempo. Cada vez que se aludía el caso Fraticelli una especie de tómbola se ponía en funcionamiento: ¿Fue el padre? ¿Fue la madre? ¿Fueron ambos? ¿Fue ninguno? ¿Fue alguien de afuera? ¿Asesinato? ¿Suicidio?

Sábado 21 de Noviembre de 2009

En los ámbitos de trabajo, en los bares, en cada casa, hubo un rasgo compartido en todo este tiempo. Cada vez que se aludía el caso Fraticelli una especie de tómbola se ponía en funcionamiento: ¿Fue el padre? ¿Fue la madre? ¿Fueron ambos? ¿Fue ninguno? ¿Fue alguien de afuera? ¿Asesinato? ¿Suicidio?

El legajo del caso guardado en el archivo del diario La Capital es una carpeta rechoncha que contiene nueve años de textos. Esta semana se hizo una revisión nota por nota de la cobertura. Si algo se advierte es que, más allá de los altibajos del seguimiento de un tema tan complejo, hubo un esfuerzo para no sucumbir a esa febril lotería.

En estos años se intentó dejar impresiones de lado para hacer foco en el trámite de la causa. Decir si Fraticelli y Dieser eran o no culpables nunca fue un objetivo periodístico. Definir cuán sólidas o débiles eran las evidencias en su contra, qué lugar tenían en el expediente y cómo argumentaban las partes sí lo era.

Lo que se advierte, en retrospectiva, es una cobertura en donde el acento estuvo en marcar hasta qué punto sobre la prueba hubo una enorme controversia. Y donde las acusaciones estaban marcadas por fuertes atributos afectivos: se trataba del crimen de un hijo y el acusado era un encargado de impartir la ley. Las evidencias contradictorias se entreveraron con valoraciones en un caso donde era difícil tomar distancia de lo emocional.

El problema fue que esa mezcla se hizo a nivel institucional: se tomó el caso como un homicidio y se descartó investigar otras alternativas pese a que a un mes del hecho ya había argumentos expuestos, en la causa y en la prensa, que negaban el asesinato. Este diario subrayó esos elementos a partir del 9 de junio de 2000 cuando Fraticelli habló en público por primera vez. El planteo fue que no importaba si el juez o su mujer parecían más o menos acongojados, sino qué calidad de prueba los colocaban como asesinos.

Esa línea vertebró la cobertura. Nunca se dijo que eran inocentes o culpables, eso no es asunto de un diario. Pero siempre se insistió en que las pruebas con que los inculpaban eran rebatidas con rigor y lógica.

Editar contenidos periodísticos implica elegir entre varias opciones y fijar sentidos. En 2002 elegimos titular que dos jueces de la Cámara Penal habían visto a Fraticelli inocente en lugar de titular que habían confirmado su prisión perpetua, porque en ese matiz, que hablaba de la dividida decisión, quedaba señalado lo barroso de la pesquisa y las discrepancias en los encargados de juzgar en una causa muy cuestionada. Y dos años antes del fallo de la Corte Nacional señalando que se había investigado mal se publicó (edición del 02-05-04) que el máximo tribunal de la provincia estaba ante la perspectiva de convalidar un juicio que luego podría ser declarado nulo.

No es que no alcanzan las pruebas para decir que Fraticelli y Dieser mataron a su hija: lo que hoy sostiene el tribunal es que ni siquiera puede afirmarse que hubo homicidio. Aquellas pruebas de cargo eran débiles. Se lo acepta nueve años y seis meses después, pero dando una ojeada al archivo se ve que estuvo dicho desde el principio.