POLICIALES

El pavor de los vecinos que escucharon el ataque a una mujer hasta su muerte

Lorena Riquel tenía 39 años, tres hijos y era trabajadora sexual. Su proxeneta abusó de ella y la atacó en la calle con un bloque de cemento.

Domingo 23 de Agosto de 2020

Los vecinos de Rueda al 5500 fueron testigos de lo que se presume es un nuevo femicidio en la ciudad. Se llamaba Lorena María del Luján Riquel. Tenía 39 años. Era vecina de barrio Bella Vista. Dos vecinos escucharon los ruidos y diálogos que rodearon al asesinato, aunque no pudieron verlo, como sonidos de una película sin imagen. Y no podrán quitar de su cabeza el retumbar de los golpes que el asesino le pegó en la cabeza a una mujer hasta matarla. Aseguran que nunca olvidarán la tensión del diálogo donde una voz masculina, a quien presumen un proxeneta, le exigía a Lorena el dinero de su trabajo mientras le recriminaba haber salido a la calle sin su permiso. La mujer asumió el reto y también su destino sin siquiera gritar por ayuda.

   Antes de ser asesinada con saña y desprecio Riquel fue abusada. Luego el matador le tapó la cabeza ensangrentada con un pañuelo de papel, robó sus pertenencias, entre ellas sus zapatillas, y se fue del lugar sin ningún tipo de remordimiento como si nada hubiera ocurrido. Ese ensañamiento dejó sin madre a tres hijos adolescentes.

El bulevar del sexo

A simple vista y con las luz del día calle Rueda al 5500 es una cuadra común de un barrio de laburantes sin mayores sobresaltos. Una cuadra encajonada por al menos dos fábricas, una de ellas la cerrada Mahle, y un depósito en su cruce con Teniente Agnetta, con media cuadra de paredones pintados con los colores de la lepra y con una línea de colectivos, la 122, que pasa por la esquina con Liniers. Pero no todo lo que reluce es bueno. La mayoría de los vecinos de la cuadra coinciden que la zona es un punto en rojo en el mapa del trabajo sexual a la vieja usanza. Personas pugnando por sexo callejero a toda hora del día sin ningún reparo.

   Esta escena algunos vecinos la tomaron mejor que otros. “Son respetuosos. Nosotros les pedimos que tuvieran mas cuidado porque tenemos chicos pequeños y se corrieron un poco”, explicó una vecina. “Es terrible como a las 18 horas los ves reventados por la droga y el alcohol. No podes salir a hacer un mandado porque te manguean. Están haciendo sexo oral adelante de los nietos de uno. Cuando cae la noche las mujeres ya no pueden andar en la calle”, indicó otro vecino. “Toda esta zona es de travestis. Vos los ves que están en la esquina de la escuela (la número 6394 “Martín J. Thompson”) de Presidente Perón y Liniers. Ahí hacen el contacto y se vienen a hacer el «trabajo» a esta cuadra (por Barra 5500) porque es una especie de callejón con salida”, refirió otro vecino. “Es una especie de bulevar de sexo a cielo abierto en donde hay muchos travestis y algunas pocas mujeres trabajando”, agregó otro residente.

A quince cuadras de casa

Las últimas horas de su vida Lorena María del Luján Riquel las pasó a quince cuadras de la última dirección conocida, en barrio Bella Vista. Según se pudo establecer, a las 3.50 ayer a la madrugada estaba sobre la vereda de los impares, a la sombra de dos árboles que atenuaban las luces públicas. Un corralito de Aguas Santafesinas cerraba el tránsito por la vereda. Una cuadra partida en dos con casas hasta la mitad y el resto paredones y basura acumulada por semanas. Un panorama que cambio ayer a las 14 en punto cuando una cuadrilla municipal con una pala mecánica limpió el basural, a metros de la escena del crimen.

   En Rueda al 5500 la mujer se topó con su destino. Un hombre de contextura delgada, de un metro 70 que vestía jeans gris, buzo gris con capucha y barbijo blanco. Dos vecinos escucharon que el hombre le dijo a Riquel: “Qué haces laburando acá. Te dije que te quedaras en casa”. La mujer de manera sumisa le respondía que no estaba trabajando. Pero al no poder explicar que hacía en el lugar encolerizó al hombre con ademanes de fiolo.

   Los vecinos dicen que escucharon como le exigía a la mujer “la plata”. Y a partir de entonces todo se precipitó. “El tipo le dijo: «Ponete boca arriba». Ella no levantaba la voz. No gritaba, nada. Pensamos que estaban haciendo un servicio, como suele ocurrir. A esa hora por la cuadra no hay nadie. Y se empezaron a escuchar golpes que hacían retumbar el piso de la casa. Mi esposo quería salir, pero si no sabíamos si el tipo estaba armado. Tuvimos miedo. Después nos dimos cuenta de que esos eran golpes que le daba con un trozo de cemento. Le pegó hasta partirle la cabeza. Ella nunca grito. No pido ayuda. Nada”, contó una vecina. El matador tomó las pertenencias de la mujer, sus zapatillas. Y se fue caminando por Rueda hacia Teniente Agnetta.

El bulevar del sexo

“Cuando salimos el cuadro era desolador. Ella estaba tirada al costado del árbol, desnuda de la mitad del cuerpo hacia abajo. Con la cabeza partida en medio de un charco de sangre. El asesino antes de irse le cubrió la cara con un pañuelo descartable”, recordó la vecina. A los siete minutos la policía estaba en el lugar por un llamado al 911. Las luces altas de un patrullero quedaron iluminando el horror. El caso quedó en manos de la fiscal Georgina Pairola quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en territorio tomando testimonios y recabando la existencia de cámaras de videovigilancia que a simple no se percibían.

   “Es muy difícil plantear la calificación de un delito sin tener al detenido”, explicó una fuente judicial acerca de si la fiscal Pairola encausaría el legajo del hecho como femicidio. “Pero sí es presumible por varios indicios. Uno es la discusión donde un varón le exige a otra, una trabajadora sexual, que es un grupo especialmente vulnerable. También por una mujer que a la madrugada se encontraba trabajando en la calle con un tipo que la explotaba y encima de eso abusó sexualmente de ella, lo que sería una violación seguida de muerte. Son muchos componentes objetivos para pensar en femicidio. Pero es una investigación que recién comienza y donde la víctima recién pudo ser identificada pasadas las 16”, indicó el portavoz judicial.

En Santa Fe, cinco casos en 42 días

El de Lorena María del Luján Riquel fue el femicidio número 21 en lo que va en el año en la provincia según datos relevados a partir de medios gráficos y digitales por la organización feminista y política Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá). Y es el séptimo en el Gran Rosario en lo que va del año y el quinto en la provincia en los últimos 42 días. “En los últimos diez años tenemos un promedio de 250 femicidios por año en el país y esa cifra no baja”, explicó Gabriela Sosa, de la mesa federal de Mumalá, hace una semana al referirse a los femicidios de Erica Vanesa Olguín, en Villa Gobernador Gálvez, y Stella Maris Gómez, en Las Toscas.

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