Policiales

El misterio de la mujer sin nombre que apareció en el arroyo Pavón

El 30 de agosto, el cuerpo fue avistado por el maquinista de un tren, cerca de Máximo Paz. Tenía un trapo en la boca y la habían atado a una chapa. Nadie pide por ella.

Domingo 04 de Octubre de 2015

El cuerpo flotaba cerca de unas ramas en las aguas del arroyo Pavón, entre las vías del ferrocarril y un camino de tierra que corre paralelo. El maquinista de un tren lo vio cuando circulaba por el ramal de Villa Constitución al frente de un convoy carguero, y al pasar por el siguiente pueblo pidió que alguien avisara en la comisaría. Los policías llegaron al rato y el cadáver seguía allí, como lo había visto el testigo menos esperado. Eran los restos de una mujer y a simple vista se percibían indicios de que había sido víctima de un asesinato ya que, entre otros indicios, estaba amarrado a un pedazo de chapa. El hallazgo se produjo el 30 de agosto pasado, pero la identidad de la mujer todavía es un misterio: nadie la reclamó y al menos hasta ahora nadie parece estar buscándola. Los restos están en la morgue de Rosario y la principal hipótesis de la investigación es que a la mujer la asfixiaron.

   El arroyo Pavón tenía un caudal mayor los últimos días de agosto, ya que seguía escurriendo hacia el río Paraná el agua de las lluvias que castigaron al sur de Santa Fe durante los primeros días de ese mes. El domingo 30 era un día soleado y por el camino de tierra que corre paralelo a las vías del tren, entre Santa Teresa y Máximo Paz, hacía horas que no pasaba nadie. Por las vías, en cambio, circulaba un tren carguero y el maquinista no perdía detalle de lo que veía a su paso. Divisó el cuerpo al pasar por el puente sobre el Pavón, un poco a la derecha, cerca de la orilla del arroyo.

Muerte violenta. Allí seguía cuando llegó la policía. Eran efectivos de la comisaría de Máximo Paz, con jurisdicción en la zona. Tras constatar el hallazgo y observar a simple vista los indicios de una muerte violenta, los uniformados dieron aviso a la fiscal Valeria Pedrana, del Ministerio Público Fiscal de Villa Constitución. La funcionaria judicial ordenó que la pesquisa del caso quedara a cargo de la Policía de Investigaciones (PDI) y como primera medida dispuso que el cuerpo fuera sometido a una autopsia. Por eso lo trasladaron al Instituto Médico Legal de Rosario, donde todavía esperan poder identificarlo.

   “Estaba en avanzado estado de descomposición y concluimos en que la muerte dataría de entre siete y diez días antes del hallazgo”, dijo a La Capital la directora del Instituto, Alicia Cadierno. En un primer momento circuló en Villa Constitución la versión de que el cuerpo tenía un disparo en la cabeza y una puñalada en el abdomen, pero el examen forense descartó ambas cosas. “Tampoco tenía signos evidentes de haber recibido golpes. Sólo encontramos algunas contusiones leves que no alcanzarían para matarla”, agregó la legista. En cambio, había otro claro signo de que a la mujer la habían asesinado: tenía un trapo en la boca, metido tan a presión que Cadierno y sus asistentes no lo pudieron sacar con facilidad. “Creemos que lo usaron para asfixiarla. Para nosotros, esa es la causa probable de la muerte”, aseguró la forense.

   El otro indicio contundente sobre el crimen como causa de la muerte era el chapón: estaba atado al cuerpo con dos cuerdas, a la altura del abdomen y de las caderas. La hipótesis es que, al arrojarlo al arroyo de ese modo, él o los autores del asesinato buscaban fondear el cadáver, mandarlo al lecho del arroyo y demorar la flotación.

   Junto al cuerpo no se encontró nada que ayudara a identificarlo. Por el efecto del agua y el estado de descomposición que presentaba al momento de la autopsia, no fue posible tomar ni una sola huella dactilar. Una pericia odontológica que se hizo después fijó la edad de la mujer entre los 50 y los 60 años. El cuerpo no tiene tatuajes ni otras señas particulares. Como únicos datos salientes Cadierno menciona una cicatriz quirúrgica en el abdomen y otra en la cresta ilíaca derecha. También presenta una desviación de la columna dorsal muy marcada, aunque estos datos sólo servirían para ayudar a confirmar su identidad en el caso de que apareciera alguien con una sospecha cierta sobre la misma.

Sin pistas. Fuera de estos pocos elementos, amplios y a la vez difusos, no hay nada que conduzca a dilucidar de quién pudo tratarse. En la Fiscalía no tienen pistas. Pedrana investigó sobre casos búsqueda de paradero de mujeres que pudieran estar desaparecidas y cuya descripción coincidiera en líneas generales con los rasgos de la mujer del arroyo Pavón, pero hasta ahora no obtuvo resultados. Sólo una vez se abrió una posibilidad, cuando la Fiscalía se enteró de que en la lejana localidad balnearia de Pehuen-Có, en la provincia de Buenos Aires, buscaban a una mujer desaparecida. Después de un primer intercambio los investigadores de allí no volvieron a contactarse, lo que hace presumir que descartaron que se tratara de la mujer que buscan.

   La fiscal también contactó al organismo nacional que centraliza las búsquedas de personas desaparecidas en el país, y allí tampoco encontró coincidencias. Aun así, no descarta que pueda aparecer alguna pista en el futuro inmediato: en esa oficina le informaron que a veces la gente demora en denunciar una desaparición, razón por la cual Pedrana seguirá atenta a los próximos casos.

   Mientras tanto, el cuerpo de la mujer sigue guardado en una cámara del Instituto Médico Legal. Si pasa el tiempo y la fiscal no logra establecer su identidad, en algún momento ella o un juez tendrán que disponer que sea enterrado como NN. Si eso ocurriera no sólo se agrandaría el misterio sobre la identidad de la mujer del arroyo Pavón: también se reducirían las chances de saber quién o quiénes la asesinaron, y por qué.

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