Policiales

El ladrón muerto en el asalto a una granja estaba prófugo de Coronda

El violento hecho fue la noche del lunes en 9 de Julio al 2900. Dos asaltantes redujeron a un hijo del dueño del comercio, que se enfrentó a tiros con los maleantes.

Miércoles 20 de Abril de 2016

Daniel Alberto Romero tenía 33 años y estaba afincado en el barrio Cinco Esquinas, en la zona oeste de Rosario. Tenía un frondoso prontuario penal abierto y sobre su espalda pesaba un pedido de captura por no haber regresado a la cárcel de Coronda, donde purgaba una condena, tras obtener una salida transitoria el 9 de marzo pasado. La noche del lunes, junto a un cómplice, asaltó una granja de 9 de julio al 2900 y todo le salió mal. Un balazo disparado por Juan Salvador D., de 65 años y propietario del local, cuyo hijo estaba siendo amenazado por uno de los maleantes, le impactó en el rostro y le quitó la vida. En tanto, el comerciante recibió un tiro que le afectó varios órganos y anoche estaba muy grave en el Hospital de Emergencias.

"Mi hermano ya le había dado toda la plata, pero igual el tipo lo hizo poner de rodilla y apuntándole en la cabeza le dijo: «La concha de tu madre, dame la plata porque te mato. Yo sé que hay más». Y cuando se venía el tiro en la cabeza de mi hermano, mi papá se defendió". La secuencia la relató Juan Marcelo, uno de los hijos del almacenero que el lunes a la noche enfrentó a balazos al prófugo Daniel Romero.

Tal como anticipó ayer este diario, todo ocurrió pasadas las 21 en "La casa de Juan", una granja de 9 de Julio al 2900 donde en el tiempo que dura un chasquido de dedos hubo un intercambio de disparos que derivó en la muerte del maleante y el comerciante alcanzado por un proyectil en la clavícula izquierda que le perforó un pulmón.

Tres armas. Del interior del comercio los pesquisas secuestraron tres revólveres: uno calibre 32 y dos 38, uno de ellos modificado para disparar balas calibre 9 milímetros. Asimismo, los pesquisas indicaron que en el revólver calibre 38 que empuñó el comerciante para defenderse había una sola bala disparada, y en el que llevaba el delincuente dos proyectiles percutados, aunque sólo salió uno de ellos. El dinero robado de la caja registradora, por su parte, quedó entre la ropa del maleante muerto.

La fiscal de homicidios Marisol Fabbro, a cargo de la investigación, deberá determinar sobre la base de las pericias y los testimonios que recabe, si el crimen del delincuente fue cometido en un acto de legítima defensa o en un exceso de la misma por parte del comerciante. La diferencia está en que la primera figura penal está atenuada como delito. Además, Fabbro ordenó que un policía custodiara el almacén que ayer permaneció abierto al público. "Nosotros vivimos de esto, no podemos estar cerrados un día", explicó Juan Marcelo.

Cambio de hábito. "Este era un barrio hermoso, en el que daba gusto vivir. Eso fue hasta hace dos o tres años. Ahora vivimos atemorizados y con todos los negocios enrejados. A partir de que cae la noche, o a la hora de la siesta, los comercios cierran porque tienen miedo de que les pase lo que le sucedió a don Juan. Esa es gente de trabajo, tienen una granja con muy buenos precios que logró que los vecinos dejaran de ir a comprar a los grandes supermercados. Los hijos son muy gauchos. Vos necesitas una mano y por ahí dejan de atender para ayudarte a entrar un mueble. Gente de primera. La verdad, no se cómo se van a levantar de ésta", contó uno de los pocos vecinos de 9 de Julio al 2900 que aceptó hablar con la prensa. La inmensa mayoría del vecindario se escudó en el miedo para no hablar. Los que lo hicieron, quienes no quisieron entrar en detalles sobre lo sucedido dentro del negocio el lunes a la noche, valoraron la personalidad del almacenero y la de su familia.

Bajo la lluvia. Sobre 9 de Julio, entre Riccheri y Suipacha, se levanta desde hace cinco años la granja "La casa de Juan". Según se pudo reconstruir tras dialogar con algunos residentes de la zona, pasadas las 21 del lunes y mientras llovía intermitentemente, el comercio estaba a punto de bajar las persianas para poner fin a una nueva jornada.

En el salón de ventas se apiñaba media docena de clientes. En la caja estaba "Juampi", uno de los hijos del dueño; mientras don Juan Salvador se aprestaba a cerrar y otro hijo del hombre estaba en el depósito. "Era una noche fea. Llovía, había viento, hacía frío, estaba oscuro, era de esas noches en la que sólo pueden pasar cosas malas. Por eso cerramos temprano", comentó otra comerciante de la cuadra.

Fue entonces que al local ingresaron dos hombres armados. Uno ganó la puerta y el otro se metió hasta llegar a la caja donde estaba Juampi. Eran dos muchachos de más de 30 años. "Los ladrones entraron y pasaron del otro lado del mostrador. Agarraron a mi papá del cuello y con la pistola en la cabeza lo llevaron hasta la caja en la que estaba atendiendo mi hermano. Mi viejo les dio todo lo que teníamos. El muchacho ya tenía todo el dinero en los bolsillos, no sé que más quería. Lo único que quedaba era dispararle a mi hermano, al que lo tenía de rodillas con el arma en la cabeza. Ahí mi viejo se metió en el medio con la suerte que el tiro le pegó en la clavícula. El se defendió y sucedió lo que sucedió", comentó Juan Marcelo.

Lo que ocurrió fue que hubo un intercambio de disparos dentro del local en el que don Juan Salvador recibió un balazo en la clavícula izquierda que le perforó el pulmón y no tuvo orificio de salida. El hombre fue trasladado en una ambulancia al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez donde fue asistido y anoche permanecía internado en estado grave. A lo delicado de la herida (los vecinos confiaron que los médicos lucharon mucho para detenerle la hemorragia) se suma que el almacenero es diabético y tiene problemas renales, lo que lo tenía en lista de espera para un transplante de órganos.

Tenía la plata. Por su parte, Daniel Romero cayó muerto dentro del negocio con un balazo que le ingresó por debajo del maxilar izquierdo y su cómplice huyó a la carrera por 9 de Julio hacia Suipacha. En la escena quedaron los tres revólveres, el del comerciante y los de los ladrones. Según fuentes de la investigación, entre la ropa de Romero también estaba el dinero robado.

Pocos minutos más tarde, después de que un grupo de vecinos agrediera al equipo periodístico de Canal 5 (ver aparte), residentes de la cuadra relataron que a la escena del crimen llegaron algunos familiares del delincuente muerto, pero luego se fueron al Heca. "Para mí que los familiares hayan venido al barrio y estén dando vuelta por el Heca, viendo si don Juan se muere o no, es una verdadera amenaza. Esto que pasó, a los que vivimos en el barrio nos cagó la vida. De esto nos va a costar salir. Juan es un tipo mil puntos, un buen vecino, y ahora está metido en ésta. Andá a saber como la saca el pobre", explicó otro vecino.

Sin prejuicio. Mientras los movileros de los distintos medios de la ciudad trabajaban ayer, a las 8.30 de la mañana, y en la puerta del comercio ya había una custodia policial, una muchacha que esperaba el colectivo en la esquina de Riccheri y 9 de Julio fue asaltada por un ladrón en bicicleta.

"Mirá como estará esta zona que a la piba le robaron el celular menos de 12 horas después de lo que le pasó a don Juan y a 50 metros de donde había un patrullero. El problema es que como están las cosas, en cualquier momento se va a pudrir mal. Acá el problema no es que los vecinos están armados. El problema es que el vecino siente que está más seguro con un arma que esperando que lo proteja el gobierno, sea cual fuere", dijo amargado un vecino.

Agredieron a periodistas

Minutos después de lo ocurrido en “La casa de Juan”, al lugar llegaron un cronista y un camarógrafo de Canal 5 para reportar lo ocurrido. Era el momento más caliente de la noche, cuando en el sitio ya había al menos ocho patrulleros. Tras mantener un tenso diálogo con vecinos, media docena de ellos arremetieron contra el camarógrafo, a quien agredieron a golpes de puño: recibió un fuerte traumatismo en un ojo ante la mirada de los uniformados. La acción mereció el repudio del Sindicato de Prensa Rosario y la solidaridad de los trabajadores del gremio para con los colegas agredidos mientras cumplían con sus tareas.

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