Policiales

El crimen de un pibe derivó en fatal venganza con una víctima equivocada

Un chico de 17 años fue muerto en Juan Canals al 2500. Cuando quisieron vengar ese hecho, quemaron un portón y asesinaron a una vecina que salió a apagar el fuego.

Sábado 22 de Febrero de 2014

"Nosotros no tenemos nada que ver con nadie. Me incendiaron el portón de la casa, mi mamá salió a apagar el fuego con un balde con agua y le dispararon. Quedó ahí tirada (señala el pasillo) con un balazo en la cabeza". Mariela rememoró así lo que le tocó vivir el jueves, al filo de la medianoche, en su casa de Juan Canals al 2500, en el corazón del barrio Itatí. La mujer no podía contener las lágrimas y su relato se cortaba. El incendio en el portón de la vivienda fue parte de una fallida venganza que buscaba matar a un joven de 22 años acusado de haber cometido un crimen horas antes, a una cuadra de allí. Pero los atacantes se equivocaron de lugar y fueron contra la casa contigua a la que ocupaba el muchacho. Entonces asesinaron a Laura Reynoso, de 54 años, que intentó apagar el fuego de la puerta. En tanto su esposo, Gumercindo Luna, de 59 años, recibió dos impactos en la región abdominal y fue intervenido quirúrgicamente. Anoche estaba fuera de peligro. En la escena del crimen los policías recolectaron alrededor de 30 vainas servidas calibres 11.25 y 9 milímetros.

Desde una moto. La historia del fatal ataque a Laura Reynoso parece haber comenzado a gestarse la tarde del jueves a escasos 100 metros de su casa, allí donde se juntan el pasaje Colegiales con Juan Canals, a la altura del 2600. En ese lugar dos hombres en moto balearon mortalmente a Mauro Joel Martínez, un pibe de 17 años y varias anotaciones judiciales en su haber. Los agresores se movieron con crueldad y siguieron disparando contra el chico aún cuando éste ya estaba en el suelo. Eso motivó que Romina, su madre de 38 años, se arrojara sobre su hijo e intentara cubrirlo con su cuerpo. Eso le costó a la mujer recibir un balazo en la mejilla izquierda mientras Mauro recibió al menos cuatro balazos y murió en el lugar.

Fuentes allegadas a la investigación indicaron que cuando los efectivos policiales llegaron a la escena del crimen fueron recibidos a los piedrazos por un barrio en llamas. "Se está investigando si ambos hechos están vinculados", explicó ayer el fiscal Pablo Pinto, de la Unidad Especializada en Homicidios, quien no se hizo presente en ninguna de las dos escenas "ya que no estaban dadas las condiciones mínimas de seguridad para que un fiscal se constituyera", como explicó una fuente judicial (ver aparte).

"¿Sabés qué es lo que pasa? Desde que a este pibe lo acusaron de ser el que mató a una pibita, aquí hay balaceras todos los días. Ya no se puede vivir más. Todos los días los guachos se la pasan cagándose a tiros", relató ayer a la mañana a este cronista una doña de Juan Canals al 2500, en el barrio jurisdicción de la seccional 15ª. El pibe al que la mujer se refería es apodado "Quico", tiene 22 años y un abultado prontuario. Hasta ayer vivía al lado de la casa de Laura Reynoso. Y la pibita a la que se refería la mujer es Melanie Desire Navarro, la nena de 5 años asesinada de un tiro en la cabeza el 21 de enero pasado en Flammarión al 4900. Aquel día, según explicaron los vecinos, Quico y "El cagón" fueron a "tirar tiros" por calle Flammarión y terminaron matando a la nena que jugaba con otros ocho chicos de la cuadra.

Si bien en la Unidad Fiscal Especializada en Homicidios están estudiando si los crímenes de Martínez y Reynoso están vinculados, en el barrio la pesquisa ya está cerrada. Los vecinos confiaron, bajo absoluta reserva de su identidad, que los atacantes de Mauro Martínez fueron Quico y uno de sus hermanos, del que dieron el nombre. ¿Por qué? Múltiples son las hipótesis: pueden ir desde rencores vecinales a pequeñas traiciones.

Lo concreto es que el jueves poco después de las 15.30, Mauro estaba frente a su casa de Juan Canals al 2600 cuando fue atacado por dos muchachos desde una moto. Los agresores se detuvieron e hicieron tiro al blanco con la víctima. Como estando caído le seguían disparando, la madre lo quiso proteger y resultó herida en el rostro. Mauro tenía impactos en la mano derecha, el dorsal izquierdo y dos en el abdomen. El crimen puso a la cuadra al rojo vivo y cuando la policía llegó a la escena, fue literalmente expulsada.

Fuego en la puerta. Cuando todavía el impacto por el asesinato de Mauro no se había disipado, el olor a la venganza inminente comenzó a impregnarlo todo en esa zona de Itatí. Mariela vive a 100 metros del lugar del crimen, al 2500 de Juan Canals. Habita una casa al frente y sus padres, Laura Reynoso y Gumercindo Luna, en una vivienda de pasillo al fondo. Al filo de la medianoche Mariela escuchó ruidos en el portón de su casa y de inmediato, sintió como el fuego invadía el frente. La bomba molotov arrojada contra la abertura dejó planteado el escenario de la celada. "Llamé a mi mamá y le dije: «Me incendiaron el portón». Antes de que yo pudiera decirle algo más, ella soltó el teléfono y salió al pasillo con un balde", relató la mujer. Cuando Laura y su esposo transitaban por el pasillo, se escucharon detonaciones de pistolas. "Mi papá iba adelante, pero como ella era más alta, cuando dispararon le pegaron en la cabeza a mamá y quedó tirada en el pasillo", recordó Mariela.

A Laura un balazo le perforó el cráneo y otro la impactó en el antebrazo izquierdo. Su esposo, en tanto, recibió dos impactos en la zona abdominal. "Como es un hombre grandote, eso lo salvó dijeron los médicos", según lo explicado por Mariela. Mientras los vecinos colaboraban a apagar el fuego del portón, los gritos desgarradores de la muerte fueron la banda de sonido de una noche de horror. "Nosotros vivimos desde siempre en el barrio y nunca tuvimos problemas con nadie", planteó Mariela.

Para los vecinos no quedan dudas de que el objetivo del ataque era la casa ubicada al lado del pasillo, una vivienda de color claro y una sola puerta a la vereda. La casa de Quico, de la que ayer a la mañana sus familiares se iban llevando las cosas en señal de mudanza ante una ola de violencia que amenaza con no parar.

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