Sábado 08 de Enero de 2022
El pasaje León tiene poco más de 150 metros pero menos de dos cuadras. Es una de las serpenteantes calles del barrio San Martín Sur o Yrigoyen, según con quien se hable. En esa calle, a la altura del 1000 y pegada a la Escuela 1220 “San Martín De Porres”, tuvo su carpintería Gerardo José Vedia. “Es una cagada vivir así. Un laburante, buen vecino, un tipo que si se te saltaba una soldadura de una reja venía y te la arreglaba a la hora que fuera, y terminó masacrado como un animal por dos guachos tira tiros. Para el barrio es una desgracia y también debería serlo para la ciudad. Pero ese es un tema para no meterse”. Con bronca y a su manera, un vecino de la zona sur colocó el sentimiento barrial por el crimen del carpintero de 61 años al que a las 21.30 del jueves asesinaron con cuatro balazos calibre 9 milímetros disparados desde una moto. “Yo estaba haciendo unos mates mientras cocinaba. Escuché los disparos muy fuertes. Me asomé y no vi a Gerardo. Empecé a llamarlo y lo encontré acurrucado en un rincón, al lado de la puerta del taller”, explicó Susana, la compañera de la víctima. Vedia recibió impactos en el rostro, el abdomen, el brazo y las piernas. En la escena fueron recolectadas siete vainas servidas.
Los vecinos de San Martín Sur están acostumbrados al crepitar de las armas. Ubicada a unos 50 metros de lo que será el Hospital Regional Sur si algún día se termina, la cortada se conecta viboreando con calle Platón. Y en Platón y San Martín, a unos 200 metros de la casa de Gerardo Vedia, se han producido al menos siete asesinatos: Juan Carlos Obregón, ex barra brava de Newell's muerto a balazos en octubre de 2010; Kevin Agustín Lovey, de 13 años asesinado por error con un balazo en la cabeza en junio de 2013; Fernando Adrián Silvero, de 21 años y muerto a tiros en febrero de 2016; Miguel Muñoz, de 44 años asesinado el 13 de agosto de 2018 en un supuesto asalto; Lucas Alan Elizondo, de 24 años y a quien en mayo de 2019 cuando iba en moto lo hicieron chocar contra un volquete arrojándole una piedra; Liam Flores, de 4 años, quien el 7 de noviembre de 2019 iba en una moto con sus padres y recibieron piedrazos que provocaron la muerte del al golpear contra el pavimento; y la noche del lunes 26 de octubre de 2020 Nahuel Jesús “Brian” Díaz que fue perseguido desde Las Flores y rematado en Platón y San Martín. Nombres propios para un cruce de caminos inseguros.
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Alrededor de las 21.30 del jueves Vedia comenzó a entrar sus herramientas para cerrar el taller de carpintería que tenía en la cuadra desde toda la vida. Susana, su compañera, preparaba unos mates para esperar la cena. En eso estaba el hombre cuando una moto pasó por el frente del taller y el acompañante comenzó a disparar hacia el lugar en el que estaba la víctima. Luego la moto continuó su camino, sorteando los badenes que los vecinos colocaron sobre el mejorado para evitar precisamente eso, que las motos pasen a toda velocidad. “Escuchá. Ves que hay silencio. Se murió la cuadra. Ya no está el ruido de la carpintería de Gerardo”, explicó una vecina.
A media mañana, Susana no terminaba de cerrar lo que había pasado. Sólo quería terminar el papeleo para poder enterrar a su compañero. Juntos había ensamblado una familia con un total de cinco hijos, uno de ellos residiendo en Estados Unidos. “No sabemos porqué hicieron esto. No tenemos problemas con nadie. No nos metemos con nadie. No nos habían amenazado. No sabemos por dónde viene”, dijo con fragilidad la mujer.
“El barrio es un desastre y estamos atados a la mugre que se suelta de todo lo que tenemos alrededor. Para un lado tenemos el terraplén de Las Flores y para el otro lado Villa Gobernador Gálvez. A eso hay que sumarle que estamos a un paso de La Granada. Pasan y tiran. Nos les importa nada. Si hay pibitos. Si hay viejos. Si hay mujeres. Pasan, disparan y te matan. Y nos sentamos a esperar, sentados en la vereda, cuando nos toca el número. Este barrio esta podrido como todo lo que hay a su alrededor”, dijo amargado otro residente. El asesinato de Gerardo Vedia es investigado por el fiscal Alejandro Ferlazzo, quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en territorio.