El barrio de Tatiana, entre la miseria abrumadora y la calma perdida

Martes 14 de Octubre de 2008

Pobreza extrema, desamparo estatal y un ambiente enrarecido por la continua rotación de personas con problemas con la ley que se asientan donde el barrio muta en villa, en los confines de Ludueña. En ese escenario, viviendo junto a su madre y tres hermanos en un club de fútbol usurpado, pasó los últimos seis meses Tatiana Agüero, la nena de 8 años cuyo cuerpo estrangulado apareció en el Bosque de los Constituyentes.

  En Magallanes entre Casilda y las vías del Nuevo Central Argentino, donde vivían la nena muerta y el hombre al que los vecinos apuntan como su asesino, lo que imperaba entre los vecinos era indignación y esa bronca que sólo da la impotencia.

  Hasta el año pasado esa cuadra marcaba la parte trasera del club de fútbol infantil San José de Fisherton. Hoy el club ya no funciona y sus instalaciones fueron usurpadas. "El club fue tomado y el gran responsable es el Turco (a quien se identificó con nombre y apellido). El fue el último presidente del San José. Primero le dio la llave del club a una familia y ahora son muchos los que ahí viven. Unos se instalaron en lo que eran los vestuarios, otros en el bufete, otros en el baño. Y se le fueron sumando ranchos", contó una de las doñas del barrio. "Hoy esto es un aguantadero", dijo indignada.

 

Tierra dura. "Esto no da para más. Acá hay gente laburante, pero también hay chorros que se pasan los ranchos de mes en mes. Mucho aguantadero. Nosotros tenemos chicos y estamos obligados a vivir entre rejas. Este es el mundo al revés", contó con un bronca una mujer.

  En el diálogo con una docena de personas, el apodo de Tato siempre fue vinculado al crimen de Tatiana. "Dos semanas después de que llegó al barrio a Tato lo vinieron a buscar otros presos con armas y lo quisieron ajustar. Los vecinos saltamos para que se fueran y uno que empezó a los tiros le pegó a una vecina", comentó un hombre del lugar.

  "Ya no aguantamos más. La semana pasada cortamos la calle pidiendo por seguridad. Ya hablamos con todos. El comisario de la 12ª, el Inspector de la zona de la policía y los funcionarios de seguridad de este gobierno. Lo aclaro porque también lo hicimos con el anterior. Siempre pedimos lo mismo: prevención. Y todos tiran la pelota afuera. Hacen promesas y acá ya no se puede más. Ahora pasó lo de esta chiquita y estamos todos muy mal. Todos tenemos hijos chicos. Todos tenemos que andar con cuatro ojos vigilándonos. No se puede más", dijo otra vecina, antes de pedirle al reportero gráfico: "No me saque fotos, yo me tengo que quedar a vivir acá".