Sábado 12 de Septiembre de 2009
Estanislao Lalo Repetto estalló en un arranque de furia, causó un desparramo de vidrios y traspasó con violencia la puerta de acceso del instituto psiquiátrico al que había llegado tres horas antes. Su madre, Viviana Bearzotti, estaba allí acompañándolo. Descalzo y en pijama, caminó por bulevar Oroño en dirección al río. Era la 1.15 del jueves.
Viviana llamó a Nicolás, su otro hijo, para avisarle que el hermano había escapado de la clínica con rumbo incierto. Nicolás la tranquilizaría 45 minutos después. Le devolvió la comunicación para decirle que Lalo había vuelto a la casa y que se daba una ducha en el baño. Viviana, entonces, se dirigió hacia allá.
Quince minutos después de esa llamada Lalo, de 20 años, desataría la tempestad en la casa de Marull 272 que finalizó con el asesinato de su hermano Nicolás, de 22 años, y de un vecino de 87, en una vivienda situada a 20 metros. Además resultarían heridas dos mujeres. A la madre de Lalo, de 51 años, ayer le realizaron una cirugía de rostro en el sanatorio Parque, a raíz de la mordedura que le despedazó un pómulo. La hija del vecino asesinado, de 43 años, permanecía anoche grave en la terapia intensiva del Clemente Alvarez, con pronóstico reservado.
La internación. La serie de declaraciones en la Unidad Regional II y en Tribunales determinaron que Lalo estuvo internado hasta una hora antes de su fatal brote. Cerca de las 19.30, en consultorios externos, se había convenido con la madre del chico la internación en el instituto Philippe Pinel, de Oroño 1495, a raíz de un cuadro depresivo agudo, cuyo origen es motivo de controversia.
Desde la clínica dijeron a los investigadores que el chico entró con un cuadro de obnubilación que hacía presumir que estuviera bajo efecto de psicofármacos o estupefacientes. Por desconocer qué había ingerido, adujeron, decidieron no medicarlo. Pero su familia niega tajantemente que Lalo hubiera consumido alguna droga. Alegaron que había sido llevado allí en forma voluntaria, no por actos violentos, sino por sucesivos cuadros depresivos en apariencia derivados de la dificultad de asumir el deceso de su padre, ocurrida cuando tenía 10 años.
El chico entró en el instituto de Oroño y Zeballos el miércoles a las 22. Cerca de la 1.15 sufrió una alteración, presumiblemente un brote psicótico, que lo llevó a destrozar un vidrio, lanzarse hacia la puerta y encaminarse a su casa.
Fuentes policiales consultadas indicaron que en la comisaría 2ª, en cuya jurisdicción queda el instituto psiquiátrico, se recibió una llamada anoticiando sobre la evasión de Lalo de la clínica. También precisaron que media hora más tarde se recibió en esa seccional "una comunicación telefónica desde el instituto que indicaba que el muchacho estaba en su casa", explicó un vocero policial. El juzgado se apresta a verificar la constancia en el libro de guardia de la comisaría.
La conmoción. El jueves a las 2 de la madrugada sobrevino el mayor drama. El epicentro de la violencia estuvo en una vivienda ubicada en el 272 de esa cuadra con la arremetida de Lalo hacia su hermano Nicolás que recibió "múltiples heridas de arma blanca con un cuchillo de cocina de 20 centímetros de hoja", según indicó una fuente forense allegada a la causa. Murió en la cama de su habitación, que da a la calle. Lo encontraron desnudo.
"El cuerpo tenía heridas de dos tipos, la mayoría puntazos. Había muy pocas heridas defensivas. Fue una agresión con mínima oposición", explicó el portavoz médico. "Llegó al Instituto Médico Legal para su autopsia con el cuchillo clavado en el pecho hasta la base del mango", indicó sobre los datos preliminares de la autopsia. "La puñalada mortal lesionó la aorta ascendente y llegó hasta la parrilla costal posterior. Se desangró. Eso denota la fuerza que hizo el agresor al clavar el cuchillo", comentó la fuente.
Tras matar a Nicolás, Lalo atacó a su madre que según los investigadores llegó a la casa en plena pelea. La golpeó y la dejó semiinconsciente tirada en la vereda de su casa. Ella estaba desnuda y en el juzgado presumen que el agresor, que también lo estaba, le fue quitando la ropa en su ataque.
Hacia el vecino. Se subió a un Ford Ka, color negro, modelo 2009, de su propiedad y advirtió que un vecino que vive a dos casas de distancia se asomaba para ver qué ocurría. Ese hombre era Sabas Kontides, un tapicero de 87 años, con problemas de insomnio. El muchacho aceleró, transitó unos 20 metros, se subió a la vereda y arremetió contra el portón de madera de la casa de Kontides. Por el patio interior de la vivienda circuló unos 15 metros hasta que se estrelló contra una columna. Enfurecido se bajó del auto, tomó un objeto contundente —podría ser un tronco o un trozo de una mesa de jardín— y se fue sobre Sabas Kontides. Lo golpeó al menos tres veces en la cabeza, dejándolo agonizante. Además atacó con golpes en la cabeza a Viviana Kontides, de 43 años, la hija de Sabas, que estaba con su pequeña de 6 años.
"Sabas Kontides murió por los traumatismos de cráneo. Tenía tres contusiones craneofaciales. Un fuerte golpe que le quebró el maxilar, que impactó en la zona auricular derecha. le produjo lesiones que le provocaron la muerte", relató ayer la fuente forense. Por su parte, Viviana Kontides permanecía internada ayer en terapia intensiva del Clemente Alvarez. “Está más estable que ayer (por el jueves), que es importante para su evolución. Pero tiene un traumatismo de cráneo grave. Tuvo una pequeña hemorragia intracerebral y una lesión en el tronco encefálico. Se le realizó una tomografía de control, porque sus lesiones son importantes. Su pronóstico sigue siendo muy reservado”, explicó Néstor Marchetti, director del Heca.
La furia del final. Tras matar a su hermano Nicolás y a su vecino Sabas, y herir gravemente a
Viviana Kontides, Lalo Repetto volvió hacia su casa. En la vereda se topó con su madre que estaba
en el suelo, en el ingreso de la vivienda, reponiéndole de los golpes. Se subió arriba de su cuerpo
y comenzó a estrangularla.
De un mordisco le seccionó parte del músculo de la mandíbula derecha.
Con esa escena se encontraron los efectivos del Comando Radioeléctrico, que alertados al 911,
llegaron al lugar a las 2.30.
“Soy Dios y estoy salvando a esta mujer del demonio”, fue lo
primero que le escucharon decir a Lalo los uniformados. Esa expresión quedó reflejada en el acta
preventiva que describió la dantesca escena. Está fuera de peligro.
“A la madre de este chico le salvó la vida la providencial llegada
de los policías del Comando llamado por los vecinos. Un minuto más tarde habría sido
demasiado”, dijo una fuente judicial. l