Policiales

Dos policías en la mira por mentir en un hecho que se resiste a ser develado

Los ex jefe y subjefe de la delegación Santa Fe de la Policía Federal serán imputados por entorpecer la investigación.

Domingo 22 de Septiembre de 2019

El ex comisario Mariano Valdés y el subcomisario Higinio Alberto Bellagio durmieron anoche en la sede de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) en el barrio Villa Urquiza de Rosario. Al filo de la medianoche del viernes ambos fueron trasladados desde la ciudad de Santa Fe donde fueron detenidos en la delegación de Policía Federal (PFA) por orden de los fiscales Matías Edery y Eugenia Lasciarandare. Ambos serán imputados en principio pasado mañana por delitos que pueden ir desde encubrimiento hasta incumplimiento de deberes de funcionario público.

Más allá de las sospechas que puedan recaer sobre su accionar como policías bajo la lupa, lo cierto es que por el momento ambos están detenidos sólo por mentir y entorpecer la pesquisa. Se presume que adulteraron el interior del Ford Focus donde Valdés fue baleado el pasado 9 de septiembre cuando viajaba con la suboficial Rosana González por la autopista Rosario-Buenos Aires en dirección a Santa Fe.

Apenas conocido, el incidente ofreció más preguntas que certezas. Con balazos en la ingle y un brazo, Valdés declaró en dos oportunidades que se había tratado de un asalto al voleo perpetrado por encapuchados que bajaron de una camioneta justo cuando él y la suboficial que lo acompañaba en el auto se habían detenido para cambiar la yerba del mate. Los policías repelieron el atraco y él resultó herido.

Pero menos de dos semanas pasaron para que, pericias mediante, se fueran derrumbando las hipótesis barajadas en función de los declaraciones de los protagonistas y comenzó a tomar forma otra: Valdés se detuvo en el marco de un encuentro previamente pactado con personas conocidas que tuvo lugar detrás de su auto y que comenzó como una charla que derivó en una discusión y posterior tiroteo. Horas después llegó a la escena Bellagio y, según esta nueva teoría, ayudó a Valdés a ocultar las razones y pruebas sobre las causas del violento episodio.

Allanamientos

La historia de Valdés al frente de la Delegación Santa Fe de la Policía Federal comenzó el 9 de mayo pasado cuando llegó como interventor luego de que seis uniformados, entre ellos su antecesor Marcelo Lepwalts, fueran separados de sus cargos y acusados de connivencia con un narco (ver aparte). En aquel momento fue presentado como hombre de confianza del jefe máximo de la PFA, Néstor Roncaglia, quien había ido en persona a la capital provincial para desplazar a esos seis policías que terminaron procesados a pedido del fiscal federal Walter Rodríguez.

Ya conocida la remoción de Valdés comunicada la noche del miércoles vía Twitter por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, causó cierta sorpresa que los efectivos de la TOE que el viernes al mediodía llegaron la delegación Santa Fe de la PFA se toparan con el comisario desplazado. Acompañado por su esposa, Valdés estaba en la que fuera su oficina, lugar donde no podría haber ingresado porque técnicamente ya se encontraba en disponibilidad.

El ex jefe explicó que había ido a la sede policial de San Martín al 3300 para entregar el arma provista por la PFA y su credencial. Así se supo que el día del incidente en la autopista a Valdés no le incautaron su arma reglamentaria sino la que portaba: una CZ calibre 9 milímetros de fabricación checa.

Además de detener a Valdés y Bellagio, los efectivos de la TOE secuestraron libros de guardia y documentación de la delegación, en cuya puerta estaba estacionada una camioneta con las pertenencias que el ex jefe policial sacó de la vivienda que debió desocupar. Pero además los uniformados incautaron un bolso que estaba en ese vehículo en el que el ex comisario planeaba llevarse sus cosas a Buenos Aires. Se presume que ese es el bolso mencionado como clave en el incidente que culminó con el policía herido en la autopista. Sin embargo, doce días después queda claro que su contenido ya no es el mismo. También fueron allanados los domicilios de los detenidos en Santa Fe, donde se secuestró documentación y material informático.

   En tanto, mientras se concretaba el allanamiento se supo que Valdés será reemplazado por la subcomisaria Roxana Raquel Romero, quien hasta el momento se desempeñaba como en la subdelegación Río Grande (Tierra del Fuego) y se hará cargo en los próximos días.

Pasos en falso

El oscuro incidente estuvo envuelto en un mar de dudas desde que salió a la luz y los interrogantes se multiplicaban todos los días, tanto en torno a lo ocurrido como a su tratamiento. Ya al día siguiente, mientras el gobierno nacional exponía su hipótesis del atentado mafioso ligado a la labor de la PFA en su lucha contra el narcotráfico en territorio santafesino Valdés presentaba su poco creíble versión de un asalto al voleo en el marco de un mate lavado.

   Desde el principio los relatos de los dos ocupantes del auto estuvieron plagados de contradicciones. Valdés y González no coincidían en un punto vital: el lugar donde ocurrieron los hechos. Durante al menos 48 horas efectivos de Gendarmería buscaron a lo largo de diez kilómetros el punto en el que Valdés había sido baleado. Se buscaban vainas servidas, restos de vidrios, alguna huella de una camioneta y yerba.

   El 11 de septiembre la Fiscalía comunicó que se rastrilló la zona cercana al puente de acceso a la localidad de Pavón donde se hallaron restos de yerba en la banquina y de vidrios polarizados mezclados con tierra que fueron secuestrados para pericia comparativa con el Ford Focus de Valdés.

   Al día siguiente se dio a conocer el resultado negativo de tal examen y un nuevo rastrillaje en el cual se halló otra posible escena a unos 170 metros del puente de acceso a Villa Constitución donde se hallaron cinco vainas servidas, una huella de auto y trozos de vidrio polarizado. En este caso no se dijo si había yerba secándose al sol. Para entonces los fiscales rosarinos de la Agencia de Criminalidad Organizada y Delitos Complejos se sumaron a la investigación de la fiscal de Villa Constitución.

   Por su parte, luego de dos días internado Valdés se fue de alta. Pero en lugar de irse a Buenos Aires se fue a la ciudad de Santa Fe, donde se alojó en el departamento que ocupaba Bellagio. El lunes pasado volvió a declarar en el Centro de Justicia Penal, ocasión en la cual insistió en su versión del asalto al voleo.

   Pero al día siguiente su versión se desmoronó: si ya sonaba extraño que uno de los balazos le hubiera impactado en el brazo derecho, una pericia indicaba que el disparo en la ingle había sido efectuado a una distancia muy corta lo que ubicaba al tirador prácticamente adentro del auto. Así, su relato de un tiroteo con ladrones encapuchados obtuvo un certificado de falaz.

   Ya por entonces todo lo que pretendiera aclarar el panorama no hacía más que oscurecerlo. Incluso los fiscales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) santafesino recibieron mal la consulta del fiscal federal de Rosario Guillermo Lega respecto de si el ataque a Valdés era de competencia federal. De paso dispusieron apartar a Gendarmería como auxiliar de la investigación, no por objeciones a su trabajo pericial sino porque respondían a la misma jefatura política de la PFA.

   Pero el tira y afloje entre la Justicia provincial y la federal respecto de la competencia para investigar el hecho también tuvo poca vida: el miércoles, con la credibilidad de Valdés hecha pedazos, el juez federal rosarino Carlos Vera Barros rechazó el pedido del fiscal Lega por considerar que ya había una investigación del suceso en manos de la Fiscalía provincial y no había motivos para que pasara de ámbito.

   Horas después de la resolución de Vera Barros el gobierno nacional también emitió un nuevo “veredicto” a través del Twitter de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien definió a Valdés como “un mentiroso disfrazado de policía” y adelantó su remoción y la de González.

   Por esas horas el foco de la atención ya estaba puesta en la suboficial de 27 años que había sido llevada a declarar por la fuerza pública luego de que se excusara de comparecer exhibiendo un certificado emitido por un médico de la propia PFA que le aconsejaba no presentarse al requerimiento de la fiscalía.

Más sorpresas

En ese marco de idas y vueltas retóricas, entre cabos sueltos y versiones contradictorias la investigación parecía hundirse en un cono de sombras a la espera de una pericia salvadora. Y entre la noche del jueves y la mañana del viernes, un nuevo cruce de estudios, evidencias y declaraciones dio luz a una nueva teoría del caso que comprueba que Valdés mintió. Y que contó para eso con la complicidad de Bellagio, un personaje hasta entonces ausente de esta historia.

   La teoría que desembocó en la detención de los policías sitúa a Valdés en un encuentro previamente pactado a la vera de la autopista cerca de Villa Constitución con personas que conocía. ¿Quiénes eran? Algunos dicen que miembros de la PFA, otros que no se sabe aún pero no se puede descartar; otros que es tan probable como difícil de probar. A esta altura ese dato sigue sujeto a los designios de la posverdad que viene rigiendo el tratamiento público del caso.

   Lo cierto es que por alguna razón que tampoco se hizo oficialmente pública esa charla terminó en una balacera con al menos dos secuencias: se presume que el tiroteo comenzó con Valdés fuera del auto y continuó cuando el oficial logró ingresar al vehículo. El policía terminó con dos balazos y en la escena se verificaron disparos efectuados contra el auto y también desde adentro del vehículo.

   La aparición en escena de Bellagio, quien fue subjefe de la delegación Rosario y tras dos cambios de destino llegó a Santa Fe junto a Valdés, lo sitúa llegando horas después a la estación de servicio Las Mellizas donde se refugió Valdés luego del incidente para asistirlo en lo que necesitara. La acusación sospecha que sustrajo elementos del Focus que entorpecieron la investigación. Por ejemplo, la ropa ensangrentada de Valdés.

Continuará

Capítulo aparte merece González, una joven de 27 años que fue expuesta de múltiples maneras en los medios en el marco de una usina de rumores alimentada por el machismo imperante en el imaginario popular y en las fuerzas de seguridad, siempre tan eficaces a la hora de poner en circulación fotos sugestivas y selfies.

   La joven fue apuntada por mantener una presunta relación amorosa con Valdés, luego sospechada de haberle disparado, terminó separada de la fuerza por la ministra y diez después el avance de la investigación la ubica como testigo y tal vez, en cierto sentido, víctima del incidente.

   Lo cierto es que tras declarar por primera vez González sacó carpeta médica y se fue a su casa con la intención de no volver a pisar la provincia de Santa Fe. Por lo que pudo trascender de sus declaraciones, lo más claro es que recibió presiones y amenazas, entre ellas una extraña visita de presuntos miembros de la PFA a su domicilio de San Antonio de Padua, en el conurbano bonaerense, días después del incidente.

   A doce días de ocurrido el oscuro episodio los investigadores tienen claro que Valdés y Bellagio mintieron y alteraron la escena del hecho. Por eso serán imputados entre mañana y pasado en la Fiscalía de Villa Constitución. ¿Por qué mintieron? ¿Qué encubrieron? Para saber eso es probable que esta novela necesite de una nueva temporada, pero eso también es un interrogante más de esta historia.

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