Dos instigadores gremiales y un móvil económico para asesinar a Beroiz
Dos integrantes del sindicato de Camioneros santafesino tenían un motivo para matar a Abel Beroiz. El histórico conductor del gremio había apartado a uno de ellos de su cargo, tenía en la mira al otro y los había relegado en la estructura de poder del sindicato. Para recuperar terreno y reposicionar a su protector, el ex número dos Raúl Luna, contrataron a dos sicarios que ejecutaron al dirigente el 27 de noviembre pasado en la cochera del ACA. Ese es el móvil que el juez de Instrucción Osvaldo Barbero atribuyó a los gremialistas procesados como instigadores del crimen.

Lunes 10 de Noviembre de 2008

Dos integrantes del sindicato de Camioneros santafesino tenían un motivo para matar a Abel Beroiz. El histórico conductor del gremio había apartado a uno de ellos de su cargo, tenía en la mira al otro y los había relegado en la estructura de poder del sindicato. Para recuperar terreno y reposicionar a su protector, el ex número dos Raúl Luna, contrataron a dos sicarios que ejecutaron al dirigente el 27 de noviembre pasado en la cochera del ACA. Ese es el móvil que el juez de Instrucción Osvaldo Barbero atribuyó a los gremialistas procesados como instigadores del crimen.

La motivación que el juez endilgó a los sindicalistas Juan Carlos Dell’Arciprete y Alejandro José Lázaro es de carácter político institucional, pero también económica. Consideró probado que esos afiliados derivaban juicios laborales del gremio al gestor particular Julio Gerez, actividad que les generaba una ganancia adicional. Para el juez, los tres formaron una suerte de "sociedad", con una actividad muy superior a la admitida por ellos. Ese negocio efectuado por fuera de la estructura gremial había sido advertido y restringido por Beroiz. Quien desbarató el "seguro rédito económico" que, en palabras de Barbero, generaba ese desvío de casos.

El dictamen. La semana pasada el juez Barbero procesó a siete personas por el crimen del ex tesorero de Hugo Moyano. Además de los gremialistas y el gestor envió a juicio al confeso autor material, Raúl Oscar Flores, dos tíos suyos fueron procesados por una participación secundaria y su ex mujer por recibir parte del dinero pagado por el crimen.

La columna vertebral de esa resolución surge sobre el final de las 41 páginas del dictamen. Allí el juez expuso el móvil que a su criterio movilizó a los tres actores principales a contactar a otras personas para aniquilar al sindicalista. También detalló las pruebas que los incriminan. Las principales son los cruces de llamadas entre ellos y Flores, que aumentaron en los días cercanos al crimen.

Ese movimiento inusual de llamados entre los presuntos autores intelectuales del asesinato también alcanzó a Raúl Luna, ex número dos de Beroiz que no fue imputado en el caso aunque declaró bajo sospecha de haber liderado una incipiente oposición a Beroiz. Dell’Arciprete y Lázaro eran hombres cercanos a Luna. Para el juez, los instigadores planeaban que Luna ocupara el lugar de Beroiz para recuperar escenario en el gremio.

El espacio perdido por Del’Arciprete era la conducción de la filial de Casilda. Beroiz lo había desplazado al detectar irregularidades en el manejo de fondos. Lázaro estaba al frente de la sede San Lorenzo, pero poco antes de su muerte Beroiz había dado pasos concretos para intervenirla.

Había dispuesto enviar abogados gremiales para que se ocuparan de los juicios laborales y, de paso, controlaran a Lázaro. Esa actividad iba a iniciarse justo la semana que lo mataron. Pero al asumir en su lugar, Luna la suspendió.

En ese contexto, para el juez, Dell’Arciprete y Lázaro planearon el crimen. Según la resolución, al primer paso lo dio Gerez al contactar a Flores, a quien le había tramitado un juicio por un accidente laboral en el puerto. Así lo reveló en su confesión el propio Flores. Dijo que Gerez y un hombre apodado "Abuelo" —a quien más adelante identificó como Dell’Arciprete— le ofrecieron 80 mil pesos para eliminar al dirigente.

Para Barbero, estos tres hombres no sólo actuaron como ideólogos sino que también tuvieron "intervenciones materiales previas" como contactar a Flores con Juancito, el chico de 15 años con el que cometió el homicidio, otorgarle un celular, un arma y efectuar parte del pago. El juez evaluó que estas actividades están probadas por cruces de llamadas de los dos días previos al 27 de noviembre, ese día y el siguiente. De esos contactos se desprende que:

 Gerez usaba un Nextel que fue desactivado el 4 de diciembre, cuando cayeron los primeros detenidos. En ese teléfono recibió mensajes de Flores.

 A Flores le entregaron un celular que estuvo activo desde el 22 de noviembre hasta el 27 inclusive. La línea dejó de funcionar entre las 8 y las 8.43 de ese día, es decir, una hora después del ataque a Beroiz.

 El 26 de noviembre Dell"Arciprete le escribió a Gerez que se comunicara con "Coqui" (por Flores) y le envió en el mensaje el número del sicario.

 La triangulación de llamadas entre Dell’Arciprete, Gerez y Lázaro aumentó notablemente la tarde del 26, cuando Beroiz llegó a Rosario, y continuó hasta la hora del crimen.

 A las 9.56 del día después del homicidio Dell’Arciprete llamó a Flores al celular de un pariente.

 Más temprano y a la madrugada, Flores, Lázaro, Gerez y Dell"Arciprete intercambiaron llamados.

 Las comunicaciones entre Lázaro y Luna fueron "múltiples y constantes", así como los contactos entre Luna y su chofer, Mario López.

Sobre esta base y el detallado relato de Flores, Barbero procesó al gestor y a los dos sindicalistas por homicidio calificado. "Los tres resultaron instigadores al prometer a Flores recompensa en dinero", dijo Barbero, para quien además de inducir el crimen tuvieron una activa participación en su diseño.