Jueves 17 de Julio de 2008
"¿Acá se activó la alarma?", les preguntaron los policías, ayer al mediodía, a dos jóvenes vestidos con pulcritud que estaban en la puerta de una inmobiliaria del centro de Villa Gobernador Gálvez. "No se preocupen, somos de una empresa de seguridad y ya resolvimos el inconveniente", respondió con convicción uno de los muchachos. A los uniformados les pareció creíble la contestación y los dejaron marchar, pero un rato después entraron al local y se percataron de que habían sido engañados: los dos hombres acababan de asaltar el comercio, donde embolsaron 6 mil pesos.
El atraco ocurrió en la inmobiliaria Papalardo, situada en Avellaneda 1978 de Villa Gobernador Gálvez. Cerca de las 11.30 de ayer sólo estaba en el negocio Natalia G., una empleada de 30 años. Su compañero Leonardo, de 27, había salido para realizar algunos trámites bancarios.
La mujer estaba detrás del mostrador, sentada en uno de los escritorios, cuando aparecieron dos hombres vestidos con trajes. "Queremos saber el precio de un lote", inquirió uno de los recién llegados en un tono amable.
Natalia G. apenas pudo balbucear la respuesta. Uno de los clientes se introdujo en la oficina y exhibió un arma de fuego. "Dame la plata y quedate quieta", le ordenó el intruso. Asustada, la empleada se incorporó y fue obligada a caminar en dirección a las oficinas ubicadas en la parte trasera del local. Poco después, la mujer terminó en el baño con las manos atadas con precintos plásticos.
Entonces, los malhechores comenzaron a buscar el efectivo. "¿Dónde está la plata?", fue la siguiente pregunta de los maleantes. "Está en los cajones de uno de los escritorios de adelante. Llévense todo, pero no me hagan nada", suplicó la trabajadora, según contó su compañero Leandro a La Capital. "Espero que sea cierto, porque si no te matamos", contestó entonces uno de los maleantes en un tono intimidante.
Los hombres fueron en busca del dinero. Revolvieron los cajones hasta que encontraron la plata, pero a raíz de sus desenfrenados movimientos no se dieron cuenta de que habían puesto en funcionamiento la alarma. "Se activa al abrir los cajones", explicó Leonardo.
Simulacro. El alerta se escuchó primero en la empresa de seguridad y después en la inmobiliaria. El sonido apuró a los malhechores a marcharse, pero en la puerta del local se toparon con los policías que arribaron al lugar.
Los ladrones no se inmutaron cuando estuvieron frente a los uniformados. "¿Se activó la alarma?", interrogó uno los efectivos. "Quédense tranquilos. Trabajamos para una empresa de seguridad y ya arreglamos el problema", contestó uno de los asaltantes, según el relato del empleado.
Al parecer, a los efectivos les pareció veraz la contestación y por eso dejaron que los asaltantes se marcharan. Los policías se quedaron merodeando en la cuadra y unos minutos después, al entrar a la inmobiliaria, se enteraron de que habían pecado de ingenuos cuando distinguieron a Natalia amarrada en el baño y en medio de una crisis de nervios. Ya era tarde, los astutos maleantes se habían esfumado con los 6 mil pesos de la recaudación del negocio. l