Dominan a una familia en un barrio cerrado, roban y huyen en su auto
Burlaron cercos y custodia. Pasaron media hora en una casa y maniataron a cuatro personas. Robaron dinero, joyas y un arma. Se fueron en un Peugeot 206 de las víctimas. La garita no sospechó.

Viernes 17 de Abril de 2009

En tan sólo media hora, tres hombres armados y a cara descubierta jaquearon la idea de seguridad garantizada dentro de un barrio cerrado con vigilancia privada. Sucedió ayer por la mañana en un country de Jorge Newbery y Alvarez Condarco, al noroeste de Fisherton residencial. Los delincuentes ingresaron a una vivienda del predio exclusivo sin forzar ingresos y redujeron a tres integrantes de una familia y a su empleada doméstica.

Robaron unos 5 mil pesos en efectivo, joyas por un monto indeterminado y una pistola Glock calibre 40, que tiene un precio aproximado de 1.500 dólares. Huyeron en el auto de la familia —un Peugeot 206 negro con vidrios polarizados— y salieron por uno de los portones de acceso al barrio. El vehículo apareció a las pocas cuadras.

Asentados sobre la avenida Jorge Newbery se levantan varios condominios cerrados con seguridad privada. Uno de ellos es el country Del Lago Aldea, un rectángulo delimitado por Newbery, Schweitzer, Alvarez Condarco y Bello. Un rectángulo de tierra de unas 7 cuadras por 6, con cerco perimetral de más de dos metros, donde habitan unas 15 familias y hay en construcción un número similar de viviendas. Todas comunicadas por un entramado de calles interiores que bordean un lago. Al barrio se accede por dos puertas: una por Alvarez Condarco y otra por Newbery. Y tiene seguridad interna y externa, con un vigilante de a caballo.

El acceso. La vivienda vulnerada ayer está ubicada a más de 250 metros de la puerta ubicada sobre Newbery. A las 7 de la mañana había allí cuatro personas: un matrimonio de unos 55 años, su hijo de 30 y una empleada doméstica de 22. "Ninguna de las víctimas puede explicar cómo ingresaron los ladrones a la casa y al predio. En la vivienda no hay puertas forzadas y los maleantes fueron dominando a las víctimas a medida que se iban levantando", relató una fuente del sumario.

El primero en ser reducido fue el hijo del matrimonio, al que sorprendieron cerca de las 7.15 cuando se levantó para ir al baño. Lo redujeron y lo maniataron. Luego fue el turno de la empleada doméstica, que al toparse con los ladrones gritó. Eso sacó de la cama a Guillermo, el jefe de familia, quien se levantó. Entonces las cuatro víctimas cayeron en mano de los malhechores. "Siempre le pedían «la plata». No especificaron montos", explicó la fuente.

Los ladrones se adueñaron por unos 30 minutos de la vivienda. Buscaron dinero y joyas. Y cuando se aseguraron un botín interesante, incluyendo la Glock calibre 40, se marcharon.

Hacia la calle. Los ladrones se subieron al Peugeot 206 negro con vidrios polarizados de la familia y encararon hacia el portón que da a Jorge Newbery. "El auto de las víctimas tiene un abollón en el costado derecho. Al llegar al portón, el empleado de seguridad les abría a albañiles de una de las casas en construcción. Los delincuentes encararon la puerta, saludaron y tomaron por Newbery", relató la fuente. El vigilador no se enteró de nada hasta que un par de minutos más tarde Guillermo, el dueño de la casa asaltada, llegó al retén de control a contar lo que le había pasado. "¿No vio mi auto? Me robaron", le dijo.

El 206 negro apareció a los pocos minutos abandonado a unas diez cuadras del country, en Donado y Newbery. Un llamado anónimo de un vecino alertó al Comando Radioeléctrico y varios móviles llegaron.

Paso en falso. Así fue que a oído de los pesquisas llegó la versión de un parroquiano que relató que después de quedar abandonado el 206 negro, un muchacho le mostró unas llaves y lo consultó si el auto era suyo. El vecino le dijo que no y el pibe se fue. Minutos más tarde, por el lugar donde la policía trabajaba, apareció un Fiat Uno color crema con vidrios polarizados y cuatro hombres en su interior.

Por sospechoso los empleados policiales detuvieron el auto y sus ocupantes fueron demoradosos. Luego quedó claro que ninguno tenía vinculación con el hecho.