Diez años de prisión por el crimen de un vidriero con 33 puñaladas
Un hombre de 33 años fue condenado a diez años de prisión como el autor material del crimen de Luis Alberto Pazos, un vidriero de 30 años que hace un año fue asesinado de 33 puñaladas en un...

Viernes 11 de Febrero de 2011

Un hombre de 33 años fue condenado a diez años de prisión como el autor material del crimen de Luis Alberto Pazos, un vidriero de 30 años que hace un año fue asesinado de 33 puñaladas en un departamento de pasillo del barrio Ludueña Norte. El agresor fue sentenciado en un juicio abreviado, una modalidad del nuevo sistema penal de la provincia. Consiste en un pacto entre la defensa y la fiscalía en el que se ponen de acuerdo sobre la calificación del delito y la pena a imponer, lo que evita el juicio tradicional.

Así, Emilio Feliciano Fernández, de 33 años, se hizo cargo de la acusación y aceptó ser condenado a 10 años de prisión por homicidio y hurto por el juez de Sentencia Nº5 Gustavo Salvador. El crimen ocurrió el 21 de febrero de 2010. A las 9 de ese día, Pazos fue hallado sin vida en su casa de Harding 1074, entre Stephenson y Cangallo, por su prima, Liliana Beatriz M.

La mujer arribó a la casa y advirtió que el vidrio del ventiluz que da a la calle estaba roto de adentro hacia afuera. Los restos de los vidrios tenían manchas de sangre y entonces comenzó a golpear la puerta, que estaba cerrada con llave.

Enseguida pidió ayuda a un vecino. Con un martillo y una maza, ambos forzaron la puerta hasta que cedió. Vieron entonces una escena dantesca: Pazos yacía al lado de la mesada de la cocina con el cuerpo bañado en sangre. Las paredes y el piso, plagadas de salpicaduras, sugerían que el vidriero, al que conocían como el Chavo, había peleado hasta morir. El cuerpo estaba boca abajo con un puntazo muy visible en la espalda a la altura del riñón derecho.

En un primer momento, los pesquisas estimaron que había recibido algunos puntazos después de muerto. En el dormitorio los pocos muebles que quedaban estaban revueltos y había manchas de sangre sobre el colchón. Un ejemplar de LaCapital del día estaba tirado a un costado de la cama.

El móvil inexacto. Luego de los testimonios de los familiares de Pazos, la investigación policial se orientó hacia un crimen pasional a raíz de que el muchacho fallecido se había separado de su esposa unos días antes del crimen. Los familiares indicaron que la mujer se había marchado con los dos hijos de la pareja, de 8 y 5 años, tras vaciar la casa. También indicaron que la suegra de Pazos lo había amenazado de muerte, algo que no quedó registrado en ninguna dependencia oficial.

Nada de eso tuvo que ver con lo ocurrido. El ahora condenado explicó todo lo que pasó la jornada anterior al homicidio. A las 22 de ese día Fernández se encontró con Pazos y unos familiares en una casa de Alem al 4000. Allí, según declaró, compartieron una noche de diversión y partidas de truco, en la que no faltaron botellas de cerveza y papeles de cocaína.

A las 6 de la mañana, Fernández y Pazos decidieron marcharse a la casa de Harding 1074 porque debían realizar un trabajo de electricidad en la casa del primo de el Chavo. Llegaron en taxi a la vivienda de Pazos. Una vez allí, las anécdotas entre los dos hombres continuaron mientras vaciaban porrones sin cesar. Un rato después, se desató una pelea, aunque Fernández no precisó los motivos.

Lo que sí hizo fue relatar en detalle el incidente que surgió entre ellos.

"Nos tomamos a golpes de puño desde la habitación hasta la cocina. En un momento Luis tomó una cuchilla y me tiró un puntazo en la panza. Yo lo esquivé y forcejeamos. En un momento, la cuchilla se cayó al suelo y la levanté para defenderme porque tenía miedo. Luis se dio vuelta para agarrar algo del mueble y le di una puñalada en la espalda. Después me tiró la cama encima para sacarme la cuchilla y otra vez forcejeamos cuando ya estábamos en la cocina", explicó. En ese ambiente, le propinó la estocada final. Le asestó, según dijo, otra puñalada en el pecho. El Chavo se desplomó y murió casi en el acto.

Entonces Fernández guardó la cuchilla en la mochila de Luis, recogió su billetera y sus lentes y se marchó para su casa. Con los 40 pesos que había en la billetera pagó el taxi que lo llevó a su vivienda y compró droga. Pero antes de subirse al taxi arrojó la mochilla y la billetera sin el efectivo en un volquete de Juan Manuel de Rosas entre Quintana y Biedma. Tres días después del crimen, la sección Homicidios encontró el arma blanca en una casa de Biedma al 300.

La ruptura. La historia de el Chavo tenía matices dramáticos. Tres días antes del crimen, su esposa Cinthia V.C. se había marchado de la casa con los dos hijos de la pareja. "Decidí separarme porque Luis se gastaba la plata en salidas", declaró en tribunales.

Tras el suceso, los primos de Pazos dijeron que la mujer había vaciado la casa. "Sólo le dejó la cama de dos plazas y un colchón", había explicado Víctor, uno de los primos del hombre fallecido, que reside en el departamento contiguo. De la separación la mujer, que entonces tenía 26 años, dejó dos registros en la comisaría 8ª para evitar ser acusada de abandono de hogar. Uno para anunciar que se iba. Y el otro para contar que ya se había marchado.

El Chavo trabajaba como vidriero para una empresa. Sus familiares lo definieron como "un tipo que se la pasaba laburando de lunes a sábados", pero admitieron que "tenía algunos problemas con su esposa porque ella era muy religiosa y concurría a una iglesia cristiana. No podía ver televisión y tomar porque era un pecado. Y mi primo se empezó a cansar y se quería separar", relató Liliana M., la mujer que lo encontró sin vida.