Sábado 30 de Mayo de 2009
Los dos hombres que estaban imputados en el crimen del policía Leonardo Caro, baleado en la cabeza durante el asalto a una agencia de autos de la zona oeste, recuperaron la libertad por falta de mérito al resultar negativos los reconocimientos practicados por cinco testigos y ante la fragilidad de la prueba con la que habían sido apresados. El único detenido que queda en la causa es un sospechoso que tenía pedido de captura y que el martes se presentó en el juzgado que entiende en la causa, mientras que otro supuesto asaltante está prófugo.
Los dos primeros detenidos por la policía por el crimen de Caro, quien tenía 23 años, obtuvieron la falta de mérito al resultar negativas diez rondas de reconocimiento practicadas de las que incluso participó el padre de la víctima, presente en la agencia de autos cuando mataron a su hijo. La medida fue dictada por el juez de Instrucción Jorge Baclini respecto de Luciano V., de 27 años, quien había sido detenido una hora y media después del crimen, y Sergio V., de 28, apresado cinco días más tarde y a partir de una denuncia telefónica.
El hecho. El agente de la Patrulla Urbana estaba de civil y como cliente en la agencia de autos Uno, ubicada en Pellegrini entre Teniente Agnetta y Liniers, cuando ingresaron tres ladrones. Entonces, Caro escondió su arma reglamentaria entre las piernas, pero cuando los maleantes ordenaron a todos los presentes a tirarse al piso la pistola del policía cayó al piso y uno de los atacantes le disparó a quemarropa. Cuando los agresores se iban del lugar, el padre de Caro, conmocionado, levantó el arma del muchacho, salió a la calle y disparó algunas veces a los hombres: uno que se subió a un Ford Escort y otro que escapó a la carrera.
El hecho. El agente de la Patrulla Urbana estaba de civil y como cliente en la agencia de autos Uno, ubicada en Pellegrini entre Teniente Agnetta y Liniers, cuando ingresaron tres ladrones. Entonces, Caro escondió su arma reglamentaria entre las piernas, pero cuando los maleantes ordenaron a todos los presentes a tirarse al piso la pistola del policía cayó al piso y uno de los atacantes le disparó a quemarropa. Cuando los agresores se iban del lugar, el padre de Caro, conmocionado, levantó el arma del muchacho, salió a la calle y disparó algunas veces a los hombres: uno que se subió a un Ford Escort y otro que escapó a la carrera.
Una hora y media después, en Teniente Agnetta al 1800, fue detenido Luciano V., quien quedó acusado de participar del asalto. La policía sospechaba que sería quien escapó a pie al no poder subir al auto, aunque no lo señalaba como autor material.
Rueda negativa. Pero los cinco reconocimientos practicados sobre su persona fueron negativos. No sólo realizados por testigos, sino también por el padre de la víctima, quien había señalado que podría reconocer “con absoluta seguridad” a los asaltantes. Como no había prueba directa que lo incriminara, el juez dictó la falta de mérito y quedó en libertad. Tuvo en cuenta que la medida fue practicada con poca distancia de tiempo en relación al hecho, con lo cual la memoria de los testigos no se habría alterado.
Como Luciano V. fue detenido en la vivienda de un familiar la policía planteó que “ya se había cambiado de ropa”, e incluso sostuvo que se secuestró en el lugar una remera blanca como la que, según testigos, llevaba uno de los maleantes. Pero ese hallazgo, además de insuficiente, perdió peso porque la remera tenía estampado en el pecho un escudo grande de Rosario Central. Un detalle que, para el juez, no habría pasado de sapercibido a las víctimas.
Cinco días después fue detenido Sergio Damián V., quien tiene el mismo apellido que el otro imputado aunque no son parientes sino conocidos. Fue apresado en la zona sudoeste de la ciudad a raíz de una llamada a la central del Comando. Tampoco este hombre fue reconocido y con los mismos fundamentos que en el otro caso recuperó la libertad. Esto no los deja afuera de la causa. Si surgieran nuevos elementos en su contra, esa medida podría revertirse.
Reconocido. El tercer detenido fue Alberto R., de 31 años, quien está acusado de encubrimiento por intentar brindarle alojamiento a un sospechoso reconocido por el padre de la víctima en un álbum policial y que aún está prófugo. El acusado de encubrimiento quedó en libertad porque la figura que le imputan lo permite, aunque su situación no está resuelta.
El martes pasado, en tanto, se presentó espontáneamente en el juzgado de Instrucción 15 y acompañado por un defensor particular Maximiliano G., quien tenía pedido de captura y era señalado desde los primeros días por su participación en el hecho. Al ser indagado por homicidio calificado (delito que prevé prisión perpetua) dijo que el día del hecho estaba en Cañada de Gómez, hizo una corta exposición y se negó a responder preguntas, dijo una fuente judicial. Al igual que con el resto de los implicados, su imputación está basada en dichos de terceros y no lo incriminan pruebas objetivas. Por eso ahora, también en su caso, los reconocimientos serán decisivos para definir su suerte.